El Gobierno del canciller Friedrich Merz anunció este martes una reforma de calado –y con resonancia en toda Europa– para el sistema de pensiones de Alemania. La coalición de conservadores y socialdemócratas aceptará íntegramente las recomendaciones de un grupo de expertos que ha analizado la sostenibilidad futura de las prestaciones de jubilación. Entre las medidas propuestas, y ahora aceptadas, figuran la vinculación de la edad de jubilación a la esperanza de vida, de manera que la edad de retiro en Alemania podrá retrasarse hasta los 70 años en 2092, si se cumplen las actuales proyecciones.

También destaca la obligación de costear una pensión privada, que se nutrirá con hasta el 2% del salario bruto y pagarán a partes iguales empresas y trabajadores. La iniciativa, que copia el modelo sueco, servirá para obtener una prestación complementaria a la pública. El dinero recaudado se gestionará en un gran fondo estatal que invertirá en el mercado, como lo hacen muchos fondos de pensiones. Los cálculos de los expertos apuntan a 150 euros adicionales de pensión por 20 años de ahorro, pero hasta 770 euros si se cotiza en el nuevo fondo durante 45 años. Los autónomos también estarán obligados a aportar si no participan de otro tipo de seguro.

Berlín justifica estas reformas en la necesidad de equilibrar el sistema, de manera que se “alivie una carga enorme de los hombros de la generación joven”, en palabras del canciller. El incremento constante de la esperanza de vida y la atonía de la economía exigen, según ese argumento, modificaciones en el modelo público.

Consciente del temor a que estas novedades supongan recortes en las futuras prestaciones, el Ejecutivo se ha apresurado a prometer que no se reducirán. No obstante, la creación de un nuevo instrumento que invierta en fondos privados –aunque con control del Estado– para complementar la prestación pública suscita algunas incógnitas. Será necesario aguardar a los detalles para evaluar los riesgos de que esa aportación pueda depreciarse.

De todo el proyecto, la medida de más calado es la que vincula la edad de la jubilación con la esperanza de vida. La mayor parte de los actuales sistemas de pensiones en Europa se idearon cuando los trabajadores no vivían tanto como ahora después de la jubilación. Salvo que las condiciones de vida empeoren en los próximos años, la reforma supondrá, inevitablemente, aumentar los años de trabajo necesarios para recibir pensión. Un debate que se plantea cada vez más en países desarrollados, entre ellos España.



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