
En 2015, Nikolay Storonsky (41 años, Dolgoprudny, Rusia, nacionalizado británico) utilizó los 500.000 dólares que había ganado como operador de derivados en Lehman Brothers y Credit Suisse para lanzar una empresa emergente destinada a desbancar a los gigantes de las finanzas globales. “Queremos sustituir a los bancos, así de simple”, dijo el ex nadador de competición en un vídeo promocional en aquel momento.
A sus 41 años aún no ha logrado su objetivo, pero la empresa resultante, Revolut, le puede convertir en una de las personas más ricas del sector financiero. Si finalmente lleva a buen puerto la salida a Bolsa de su banco digital, un objetivo para el que se ha dado un plazo de dos años, con una valoración próxima a los 200.000 millones de dólares, su paquete accionarial estaría valorado en 76.000 millones. Estaríamos hablando de que en poco más de una década, a ese medio millón inicial de inversión el habría sacado una rentabilidad del 15.200.000%.
Las últimas rondas de financiación tasan Revolut en 75.000 millones de dólares, por lo que sacarla a Bolsa por más del doble puede parecer una tarea complicada. Sin embargo, hay que concederle el beneficio de la duda ya que en solo 11 años Storonsky ha logrado transformar una compañía modesta y poco conocida en un gigante de la tecnología financiera con 75 millones de clientes, que aspira a convertirse en la marca bancaria más popular del mundo. Revolut ofrece servicios bancarios tradicionales y pagos internacionales económicos, además de gestión patrimonial asistida por inteligencia artificial (IA) y diferentes inversiones en el mundo cripto.
El aumento de la fortuna del fundador de Revolut recuerda a los paquetes de remuneración astronómicos de Elon Musk. Es una estrategia que le permitirá mantener al fundador, un dominio absoluto de la entidad si logra llevarla al Olimpo financiero. Documentos internos de la compañía detallan los umbrales de valoración que permiten a Storonsky acceder a una mayor participación accionarial en Revolut. Para cuando su empresa alcance el máximo valor —los citados 200.000 millones de dólares—, habrá recibido más de 12 millones de acciones especiales (con derecho de voto preferente) en forma de incentivo, a las que hay que sumar sus 10,5 millones de acciones ordinarias que ya posee.
Las acciones adicionales que ha ido recibiendo en los últimos años ya han elevado la fortuna de Storonsky a unos 20.400 millones de dólares, convirtiéndolo en la persona más rica del Reino Unido, según la Índice de multimillonarios de Bloomberg. La fortuna de Storonsky y su potencial crecimiento dependen de la valoración de Revolut, que a su vez está ligada a una serie de objetivos de rendimiento que pocas empresas financieras pueden igualar. Y es que disfruta de lo mejor de los dos mundos financieros. Por un lado, casi no tiene competidores directos: las fintech rara vez ofrecen su gama de servicios; por otro, los grandes bancos tradicionales tienen estructuras más pesadas, con las obligaciones de capital y regulación que ello conlleva. Revolut aspira a alcanzar los 100 millones de clientes activos diarios en 100 países en un plazo de dos años.
“Su negocio es una plataforma de software global integral para servicios financieros”, explica Brendan O’Boyle , director de Coatue Management , empresa que ha invertido en la compañía. “A medida que Revolut se expande y adquiere licencias en todo el mundo —aprovechando el impulso de su reciente éxito en el Reino Unido— puede lanzar una gama de productos más amplia, generar confianza entre sus clientes y crear una ventaja competitiva difícil de replicar”, añade.
El crecimiento futuro de Revolut depende de que cada vez más clientes lo consideren su banco principal y de que los reguladores de decenas de países en donde está presente no pongan demasiados obstáculos a esos planes de crecimiento. Sin embargo, el dominio de Storonsky sobre Revolut y la forma en la que la empresa gira en torno a su estilo de liderazgo subrayan el perfil atípico de la compañía en el mundo bancario.
Grietas en la gobernanza
Los reguladores, que suelen exigir consejos de administración independientes, funciones directivas estrictamente definidas y pruebas de una cultura corporativa responsable, se han topado con una empresa de gestión descontrolada, mucho más parecida a una star-tup tecnológica que a una gran compañía financiera, lo que ha generado inquietud en algunos organismos supervisores. Además, la empresa se ha convertido en objeto de investigación por blanqueo de capitales y deficiencias en sus controles.
Revolut ha tenido que demostrar —y tendrá que seguir demostrando— a los reguladores que cuenta con un marco de gobernanza que cumple con sus expectativas. La solicitud de la entidad para obtener una licencia bancaria en el Reino Unido tardó cinco años en ser finalmente concedida (en marzo), y su lanzamiento en la India requirió un tiempo similar, comenzando a incorporar clientes en diciembre pasado. El riesgo para sus inversores ahora es que Revolut se convierta en un gigante global difícil de manejar, enredado en trámites burocráticos, lo contrario del ágil antídoto contra los bancos tradicionales como se suele promocionar a sí mismo.
En 2013, Storonsky llegó a la conclusión de que la banca minorista estaba lista para una transformación radical. Las elevadas comisiones y márgenes de beneficio en los pagos transfronterizos representaban uno objetivo fácil para una start-up. La propuesta consistía en permitir a los clientes “gastar como un local” con transacciones prácticamente gratuitas, para luego expandir el negocio sin límites.
Revolut crece a un ritmo vertiginoso con el objetivo de entrar en 30 nuevos países antes de que termine la década. Este año, Revolut lanzó sus operaciones bancarias completas en México y espera la autorización para operar como banco en Estados Unidos, un mercado con une enorme potencial. En última instancia, la compañía aspira a estar presente en China, la cuna de los pagos móviles. Toda esta ambición viene acompañada de un respaldo sustancial —y de mucha expectación— por parte de la comunidad tecnológica.
“Voy a invertir en vuestra próxima ronda de financiación”, anunció Jensen Huang, director ejecutivo de Nvidia, a Revolut el año pasado durante una presentación junto al primer ministro británico Keir Starmer. Revolut es “una historia increíble”, afirmó.
La percepción de un crecimiento imparable está contribuyendo a sustentar las vertiginosas valoraciones de la empresa, y se espera que el próximo hito —una venta secundaria privada de acciones— se produzca a finales de este año con una valoración de al menos 100.000 millones de dólares. Para alcanzar un peso superior a los 150.000 millones de dólares mediante una salida a bolsa, la empresa necesita mantener un margen de beneficio cercano al 25%, a la vez que continúa su expansión, según Tomasz Noetzel, analista de Bloomberg Intelligence. Mejorar los ingresos por cliente, el control de costes y los márgenes aporta credibilidad a la inversión, añade este experto.
Sin embargo, una empresa de pagos y corretaje en línea tiene sus límites. El siguiente paso de la compañía se basa en el crédito, que según su director global de banca, Sid Jajodia, es una “parte fundamental” de su hoja de ruta. Revolut contaba a finales de 2025 con unos 2.200 millones de libras esterlinas (unos 2.555 millones de euros) en préstamos al consumo, hipotecas y saldos de tarjetas de crédito, lo que equivale a tan solo el 6% de los depósitos de sus clientes. Los ingresos por intereses representaban aproximadamente el 22% de los ingresos totales, gran parte de los cuales provenían de la rentabilidad de los bonos del Tesoro estadounidense que mantenía como garantía para los depósitos de sus clientes. El resto procedía principalmente de las comisiones, a diferencia del modelo bancario habitual. Revolut se centra explícitamente en diversificar sus fuentes de ingresos, pero aún está por verse si el entusiasmo de los inversores se mantendrá durante la transición hacia la concesión de crédito al consumo e hipotecas, sectores altamente sensibles a las fluctuaciones de los tipos de interés y al ciclo económico.
JPMorgan estima que Revolut puede aumentar sus ingresos por intereses en unos 70 millones de libras por cada mil millones adicionales que preste. Sin embargo, hacerlo a gran escala podría llevar a los inversores a “reajustar sus marcos de valoración”, según publicó el gigante de Wall Street en una nota a clientes en abril. En teoría, cuanto más preste Revolut, menos inversores la considerarán una empresa de pagos tradicional, lo que afectará al precio que estén dispuestos a pagar por sus acciones. La estrategia de crecimiento de la empresa podría aportar alcance y diversificación, pero también “aumentar considerablemente la complejidad regulatoria y operativa, la incertidumbre y el riesgo”, según JPMorgan.
Mercado hipotecario
Su ambición declarada de entrar en el mercado hipotecario, en particular en países europeos clave como Francia, ya ha provocado que las entidades tradicionales tomen medidas. Revolut opera en la zona euro a través de una filial en Lituania, donde obtuvo una licencia bancaria en 2018 y comenzó a conceder préstamos para el mercado inmobiliario el año pasado.
Las ambiciones de Revolut en grandes mercados como Francia y Alemania dependen de convencer a los reguladores de que ha superado las preocupaciones sobre la debilidad de los controles en materia de blanqueo de capitales y ciberdelincuencia. El Banco Central Europeo impone actualmente el mayor coeficiente de capital del bloque a la filial de la empresa en la Unión Europea, lo que refleja la inquietud ante su rápido crecimiento y la supervisión de riesgos.
En su camino para convertirse en una gran aplicación, Revolut afirma incorporar casi dos millones de nuevos clientes cada mes. Una empresa de pagos, en particular, necesita verificar que todos esos nuevos clientes sean quienes dicen ser y tener una idea clara del origen de su dinero. Varios casos de quiebra en la era de los pagos digitales, como Wirecard y Worldline, demuestran que el sector está plagado de riesgos de lavado de dinero, posible evasión de sanciones y financiación del terrorismo.
Revolut también ha tenido sus propios problemas en el campo de la seguridad. En 2023, anunció que había perdido 20 millones de dólares por una falla en su sistema de pagos en EE UU que permitió a los delincuentes sustraer fondos. En 2024, se enfrentó a un aumento repentino de las denuncias por fraude en el Reino Unido, lo que atrajo la atención de los reguladores.
Revolut es conocida en el sector por pagar salarios superiores a los del mercado y por ser una empresa más exigente que casi ninguna otra. El propio Storonsky, graduado del Instituto de Física y Tecnología de Moscú, ha creado una cultura donde las largas jornadas laborales de Wall Street se combinan con la obsesión del sector tecnológico por los objetivos y las métricas. Aunque Revolut ha reforzado su atención a los controles, las entrevistas con empleados actuales y antiguos sugieren que las críticas sobre el ambiente de trabajo de la empresa siguen siendo, al menos en parte, válidas.
El propio Storonsky tiene 40 personas a su cargo directo y se refiere a su equipo directivo como “misiles autoguiados”. Los objetivos se revisan cada tres meses —un ritmo más común en el sector tecnológico que en el financiero—y no es raro que los empleados no superen el periodo de prueba inicial. Unos objetivos ambiciosos implican una baja tasa de retención, y aunque se realiza un seguimiento de la rotación de personal, no se dispone de cifras exactas. Storonsky ha declarado en el pasado que “se cometieron errores”, pero que la empresa “sigue en proceso de mejora”.
A pesar de ello, la competencia para entrar en Revolut sigue siendo fuerte: la empresa afirma haber recibido 1,7 millones de solicitudes de empleo en 2025. “Revolut tiene una cultura de alto rendimiento, basada en personas excepcionales que desean desarrollar al máximo su potencial”, declaró la entidad en un comunicado. “La transparencia en cuanto a objetivos, desempeño y funcionamiento es fundamental para nuestra identidad. No es un entorno para todos, y no pretendemos lo contrario: nuestra cultura está diseñada para apoyar y potenciar a las personas para que denlo mejor de sí mismas”.
En el pasado, se sabía que Storonsky se reunía con los reguladores vestido de manera informal, pero también en el ámbito estético las cosas están cambiando. Este año, es probable que el fundador dedique más tiempo a reunirse con funcionarios estadounidenses en su intento por obtener una licencia bancaria. En una entrevista con Bloomberg a principios de año, Storonsky hizo hincapié en la necesidad de respetar las normas establecidas. “Creo que definitivamente tendré que usar traje”. Y es que París (lograr una valoración de 200.000 millones) bien vale una misa (vestirse acorde a los códigos clásicos).






























