
La orden ejecutiva dictada por la Casa Blanca el pasado 1 de mayo ha sacudido los cimientos de Cuba. Estados Unidos decidió cerrar la pinza a una economía que, incluso antes de las nuevas sanciones, en vigor desde el viernes, o del cerco petrolero implementado a principios de año, ya se encontraba en terapia intensiva. La amenaza de Washington de congelar los activos dentro de su territorio de toda empresa o persona extranjera que trabaje con el régimen, especialmente con la enorme cartera de negocios en manos de Gaesa, el conglomerado militar que controla la mitad del PIB, ha dado sus primeros resultados. Y una vez culmine la salida de las empresas extranjeras, el reemplazo por las firmas estadounidenses parece el siguiente paso.































