El presidente de Estados Unidos Donald Trump ha rubricado una orden ejecutiva para crear un marco de trabajo de naturaleza voluntaria que sale del cascarón con el último objetivo de que el Gobierno Federal tenga la oportunidad de revisar nuevos y poderosos modelos de IA antes de que estos hagan oficialmente su debut público.
La orden ejecutiva firmada ayer por Trump constituye un intento por parte del inquilino de la Casa Blanca de reforzar su control sobre las amenazas contra la ciberseguridad y la seguridad nacional que plantea la IA, algo que entra claramente en contradicción con su postura anterior, claramente a favor de las desregulación de esta tecnología.
No obstante, en tanto en cuanto el marco de trabajo aprobado ayer por Trump es de carácter voluntario, el presidente parece seguir mostrándose reacio a imponer regulaciones estrictas a la industria de la IA (aunque a día de hoy se muestra indudablemente más cauto con esta tecnología que lo hacía otrora).
En virtud de las nuevas normas aprobadas ayer por el mandatario estadounidense, el Gobierno podrá solicitar a las empresas tecnológicas que compartan sus modelos de IA para que estos se sometan a una revisión voluntaria hasta 30 días antes de su lanzamiento al público general. De esta forma, la Administración Trump pretende robustecer la seguridad nacional, en particular a lo relativo a la ciberseguridad.
La orden ejecutiva de Trump es finalmente menos rígida de lo que se aventuraba en un principio
En un principio, antes de que la orden ejecutiva fuera rubricada ayer por Trump, se especuló con la posibilidad de que ésta impusiera a las empresas tecnológicas revisiones obligatorias de sus modelos de IA. Algunos discípulos del presidente le habrían presionado para imponer regulaciones más estrictas, pero su tesis no se ha impuesto finalmente y Trump ha optado por adoptar una línea más blanda.
Trump iba a firmar, de hecho, antes la orden ejecutiva aprobaba ayer y la pospuso finalmente para escuchar a los líderes de Silicon Valley, que trataron de convencerle de adoptar normas más laxas. En las últimas semanas Trump habría mantenido contacto telefónico con importantes prebostes de la industria tecnológica como Elon Musk, Mark Zuckerberg o David Sacks y parece que tales conversaciones han echado finalmente brotes verdes.
En la versión final de la orden ejecutiva se asevera que Estados Unidos sigue en cabeza en la carrera de la IA y por eso precisamente no se desea torpedear la innovación en este ámbito de actividad con una regulación excesivamente rígida.
La nueva orden ejecutiva de la Administración Trump entra en vigor en un momento en el que se ha acentuado notablemente la zozobra por la posibilidad de que los modelos más avanzados de IA puedan resultar peligrosos si terminan en las manos equivocadas. Mythos, un modelo de Anthropic provisto de capacidades avanzadas de ciberseguridad, ha sembrado, sin ir más lejos, la inquietud entre los expertos en seguridad, los gobiernos y las empresas tecnológicas por su capacidad para explotar vulnerabilidades a niveles jamás vistos hasta la fecha en el área del software.
El mes pasado la Administración Trump fraguó, sin ir más lejos, un acuerdo con Microsoft, Google DeepMind y xAI para revisar sus respectivos nuevos modelos de IA antes de su lanzamiento al público general. Y el Centro para los Estándares de IA y la Innovación (CAISI), dependiente del Departamento de Comercio de Estados Unidos, llegó en su día a acuerdos similares con OpenAI y Anthropic. A ojos del Gobierno de Estados Unidos que las empresas tecnológicas se muestren colaborativas en este aspecto en particular es crucial desde el punto de vista de la seguridad nacional.
La Agencia de Seguridad Nacional y el Departamento de Defensa de Estados Unidos ayudarán al Gobierno a determinar qué modelos de IA necesitan un escrutinio por parte de las autoridades gubernamentales, mientras que el Departamento del Tesoro desarrollará un rol clave para hallar posibles vulnerabilidades en los modelos de IA.































