
Cerrado el primer capítulo inmobiliario del año, con todas las estadísticas trimestrales ya sobre la mesa, el balance encaja plenamente con lo anticipado por los expertos: nada indica, todavía, que la crisis actual de acceso a la vivienda vaya a cambiar de rumbo drásticamente en 2026. Las casas seguirán encareciéndose previsiblemente, y quienes ya tienen dificultades para acceder a la compra continuarán quedando al margen de un mercado que los mantendrá fuera de juego. Aunque afloran indicios de que algo está cambiando y los precios se acercan al límite en que resulten totalmente inasumibles para las familias y disuasorios para los inversores. Además, avisan los analistas, un gran golpe económico —algo que no está completamente descartado ante la convulsa situación internacional— sí podría situar al mercado en un escenario distinto.































