La Comisión Europea prepara un paquete de ayuda financiera para ayudar a los agricultores a contrarrestar la subida de precios de los fertilizantes, alimentada por la crisis energética derivada de la crisis en Oriente Próximo (por el estrecho de Ormuz transitaba casi un tercio de las materias primas necesarias para fabricar fertilizantes). Esta nueva crisis se suma a una anterior: la fuerte dependencia de las importaciones de abonos de países como Rusia o Bielorrusia, que ya provocó una gran volatilidad en 2022 de la que la UE nunca se ha recuperado del todo. El Ejecutivo comunitario ha lanzado un plan de acción que incluye, como medida inmediata, un incremento “sustancial” de la reserva agrícola, el fondo de emergencia actualmente dotado con 450 millones de euros anuales integrado en la Política Agrícola Común (PAC). Junto a esa medida plantea otras “estructurales” para que la UE no vuelva a ser tan vulnerable en este campo debido a factores geopolíticos exógenos.

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