Son verdaderos gigantes de la comercialización de materias primas, por sus manos pasan las operaciones de compra y venta del petróleo y sus derivados y también del cobre, el zinc, el aluminio o el cobalto que se consumen en el mundo. Su actividad se extiende por todo el planeta y no se limita a la intermediación. Para tener el control del proceso de suministro, y poder ofrecer a sus clientes los mejores precios de compra y de venta, estas compañías cuentan con sus propios yacimientos, instalaciones de almacenamiento y medios de transporte. Trafigura, Glencore, Vitol, Gunvor y Mercuria son las compañías que dominan la compra y venta de las materias primas y lo hacen casi en la sombra y en ocasiones salpicadas por el escándalo y la polémica, sin apenas facilitar datos de su negocio en su condición de empresas privadas y no cotizadas, a excepción de Glencore. Con el estallido de la guerra en Irán, sus beneficios están creciendo como la espuma, como ya sucediera en 2022 con la guerra de Ucrania.

El año apunta a dejar beneficios récord para estos gigantes de la intermediación de las materias primas, a la vista de las ganancias del primer trimestre. Glencore, con sede en Suiza, avanzó la semana pasada que su beneficio de este ejercicio va a superar con holgura los 3.500 millones de dólares de su objetivo estratégico, con lo que va camino de obtener su mejor resultado desde la cifra récord de 6.400 millones de dólares de 2022.

Vitol, que ganó 37.000 millones de dólares entre 2022 y 2024, coincidiendo con el shock energético que causó la invasión rusa sobre Ucrania, ha obtenido en el primer trimestre de este año un beneficio aproximado de 2.000 millones de dólares. También con sede en Suiza, Vitol maneja cada día suficiente petróleo como para abastecer a Alemania, Francia, España, Italia y el Reino Unido juntos, según recoge la agencia Bloomberg, que avanzó sus beneficios trimestrales a partir de la información que la compañía ha facilitado a sus bancos. Vitol es propiedad de sus alrededor de 600 empleados y no anuncia sus resultados de forma pública, tampoco en su página web.

Trafigura Group, el segundo mayor comerciante de petróleo y líder en el comercio de metales, ha registrado uno de sus mejores trimestres de la historia hasta marzo. Y Gunvor ha alcanzado en el primer trimestre de este año un beneficio bruto mayor que el obtenido en todo el ejercicio anterior, cuando ganó 1.630 millones de dólares.

El entorno actual de elevados precios del petróleo y sus derivados y de escasez de suministro por el cierre del estrecho de Ormuz son el entorno propicio para impulsar las ganancias de los comercializadores de materias primas, al igual que sucede con las compañías petroleras, que también recurren a compañías como Trafigura y Glencore para vender su mercancía. Al fin y al cabo, estas compañías son la mano invisible que permite el encuentro entre comprador y vendedor. Sacan el máximo partido de la volatilidad de los precios y de un amplio conocimiento del mercado y de toda la cadena de suministro, lo que les permite identificar las operaciones de compraventa más rentables. En definitiva, a qué rincón del mundo es más conveniente enviar un cargamento de petróleo, por qué vía y en qué momento. Mercuria, uno de estos gigantes de la intermediación, ha podido sacar a sus buques de Ormuz incluso pese al bloqueo, según señaló su cofundador y director ejecutivo, Marco Dunand, en la Cumbre Global de Materias Primas organizada por el diario Financial Times en abril en Lausana, Suiza. “Hay varias formas de hacerlo”, señaló, sin más comentarios.

Detrás de estas compañías están decisiones comunes en los dos últimos meses como la de cambiar el rumbo, en plena travesía en el Atlántico, de un barco cargado de petróleo o gas natural para conducirlo en lugar de Europa a Asia, donde la escasez de energía es acuciante y se pagan precios más altos. “No fijan el precio pero sí tienen capacidad para determinar márgenes en la medida en que actúan interpretando señales de alta frecuencia, son algo así como un sensor en tiempo real de rutas marítimas, congestiones en puertos, fluidez de los oleoductos, disponibilidades de terminales y almacenamiento”, explica Eduardo García Castro, economista experto de Mapfre Economics.

Los operadores de materias primas necesitan contar para ello con una poderosa logística —barcos para asegurar el transporte, minas y yacimientos propios para contar con suministro e instalaciones de almacenamiento de reservas para disponer de inventarios— y también con abundante financiación y elevados colchones de liquidez con los que protegerse ante la volatilidad del mercado. Basta con ver los bandazos que, pese a su elevado coste, da cada día el precio del petróleo. A principios de marzo, Trafigura anunció que había obtenido una línea de crédito de 3.000 millones de dólares para contar con un “colchón de liquidez, en caso de ser necesario durante un período de mayor volatilidad de los precios de los productos básicos”. Según datos recogidos por Bloomberg, estas compañías habrían obtenido financiación por 7.000 millones de dólares con el inicio de la guerra en Irán. Los elevados beneficios obtenidos en los últimos años, y que van a acelerarse en este, también han permitido a estas compañías el cierre de importantes contratos de suministro con productores de petróleo, gas natural y metales. Por ejemplo, Trafigura anunció a mediados de abril que será el comprador exclusivo del crudo de Gabón durante siete años, tras cerrar un acuerdo de prepago por valor de 1.000 millones de dólares.

“Los intermediarios de materias primas no son demonios, cumplen su función de casar oferta y demanda, facilitan las operaciones. El problema surge cuando no actúan con transparencia”, señala Gonzalo Escribano, investigador principal y director del Programa Energía y Clima del Real Instituto Elcano. Por ejemplo, la Fiscalía General de Suiza condenó en 2024 a Glencore a pagar 150 millones de dólares por un caso de corrupción en la República Democrática del Congo. Y el propio fundador de la compañía, Marc Rich, pasó años huido de la justicia de EE UU —donde era perseguido por fraude fiscal y por comercio ilegal con Irán y Sudáfrica— hasta que fue indultado por Bill Clinton.

En otro ejemplo de la polémica que en ocasiones rodea a estas compañías, Gunvor anunció el pasado diciembre la marcha de Torbjörn Törnqvist —presidente y consejero delegado del grupo, que fundó en el año 2000 junto al ruso Gennady Timchenko— y la venta de su participación mayoritaria. Le sucedió en el cargo el estadounidense Gary Pedersen, después de que la Casa Blanca acusara a la firma de ser “un títere del Kremlin” por haber cerrado un acuerdo para adquirir Lukoil International, filial propietaria de los activos de Lukoil fuera de Rusia, una operación que finalmente se frustró. Como reconoció Gunvor al anunciar la marcha de Törnqvist, las percepciones erróneas sobre su pasado se habían convertido ”en una distracción imposible” para la compañía.



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