
Shell está recogiendo los frutos del encarecimiento de los combustibles fósiles. La petrolera informó ayer de que el beneficio ajustado del primer trimestre alcanzó los 7.000 millones de dólares, casi un 25% más que un año antes, gracias a que el crudo supera los 100 dólares por barril.
Aun así, su consejero delegado, Wael Sawan, ha optado por contener la retribución al accionista. Aunque la compañía elevó el dividendo un 5%, redujo las recompras trimestrales de acciones de 3.500 a 3.000 millones.
Según Citi, el total de pagos a los accionistas es un 8% inferior al del año pasado. La prudencia responde a la exposición de Shell al golfo Pérsico, que aporta el 20% de su producción, y a la necesidad de reforzar sus reservas.
Sawan defiende una estrategia de disciplina financiera: abandonar proyectos poco rentables y centrarse en la generación de beneficios. La apuesta ha funcionado –las acciones de Shell han superado a las de ExxonMobil y Chevron–, pero implica el riesgo de invertir poco en nuevas reservas.
Bernstein calcula que la compañía dispone de 7,4 años de reservas, menos que sus grandes rivales y ese problema empieza a reflejarse en la valoración bursátil. Shell cotiza a unas seis veces su valor total en relación con el flujo de caja recurrente. Para reforzar su base de activos, Sawan podría retomar exploraciones, aunque estas requieren tiempo.
La vía más rápida son las adquisiciones. El mes pasado compró la canadiense ARC Resources por 16.000 millones, incluida la deuda. La operación reduce la brecha de 350.000 barriles diarios entre los objetivos de producción de Shell y lo que sus activos actuales pueden aportar en 2035, aunque no la cierra del todo. El balance sigue siendo sólido: la compra se financia sobre todo con acciones propias y la deuda neta equivale a 0,5 veces el flujo de caja operativo. Con ingresos estables en refino y comercialización y la acción subiendo un 15% este año, Shell tendría margen para seguir comprando.
El Golfo de México, donde ya opera, es un destino lógico. Shell está negociando la compra de LLOG Exploration Offshore por más de 3.000 millones. Reforzar su presencia en EE UU sería un giro inesperado, pero eso fue antes de la llegada de Sawan.































