Amancio Ortega ya era muy rico en 2001 cuando a los 65 años decidió sacar a Bolsa su grupo textil, Inditex, que engloba Zara y otras marcas, que le había convertido en el principal empresario del sector en España. Pero ese año decidió realizar dos movimientos que le convertirían en alguien con una fortuna aún mayor. Su gran decisión fue el estreno en el mercado bursátil de Inditex, que desde entonces ha visto como sus acciones se revalorizaban un 1.100% y, además, creó su vehículo familiar Pontegadea, desde el que comenzó a invertir en bienes inmuebles. Cinco lustros después, a los 90 años, el empresario leonés afincado en A Coruña se ha convertido en el magnate con una mayor cartera inmobiliaria del mundo, como publicó EL PAÍS la pasada semana.

La cartera inmobiliaria de Ortega, a fecha de 2025, alcanza un valor de 25.000 millones de dólares (21.200 millones de euros, a cambio actual), según calculó Forbes cuando la semana pasada le encumbró como el multimillonario con más patrimonio en inmuebles. Es, a su vez, la décima persona más rica del mundo, según el ranking publicado en marzo por Forbes, con una fortuna calculada en 148.000 millones de dólares en ese momento (125.450 millones de euros), principalmente gracias al valor de sus acciones de Inditex. Por delante de él se sitúan otros magnates como Elon Musk, principal accionista de Tesla, Jeff Bezos, dueño de Amazon, y Serguéi Brin, cofundador de Google.

Cuando en 2001 Ortega creó el family office Pontegadea su vínculo con las propiedades inmobiliarias se ceñían principalmente a las tiendas de Zara. Él era el dueño y sus marcas pagaban como inquilinos. No sería hasta 2004 cuando se conociese la primera gran compra a través de este vehículo. Fue el símbolo de una época, porque el edificio era la sede de Terra (la filial de Telefónica que pocos años después se disolvería como un azucarillo tras explotar la burbuja tecnológica) pero también marcaba lo que quería el empresario para sus inmuebles: muy bien ubicados y de muy buena calidad. Ese edificio, todavía en cartera de Pontegadea, se ubica en el número 92 de la Castellana -frente a Azca-, posteriormente fue la sede del prestigioso despacho de abogados Baker & McKenzie y ahora lo es del banco de inversión A&G.

Ortega creaba Pontegadea a los 65 años, una edad en la que el común de sus coetáneos estaba pensando en jubilarse. A él le quedaba por construir un imperio inmobiliario. El empresario lo tenía fácil. Inditex, del que todavía controla casi el 60% del accionariado, le daba dividendos multimillonarios y crecientes. ¿Dónde invertirlo? Como tantos otros españoles, pensó en el ladrillo, pero en este caso a gran escala.

En los últimos 10 años, Ortega ha multiplicado por más de 2,5 veces el dividendo que recibe por sus acciones. Este año 2026 el grupo textil le hará entrega de un récord de 3.234 millones en la distribución de beneficios correspondiente al ejercicio de 2025. Es bastante habitual tras embolsarse esa fortuna leer en los medios de comunicación qué se podría comprar Ortega con esa cuantía anual: empresas enteras, castillos, los inmuebles más caros del mundo… Solo en el 2020, por culpa de la pandemia de Covid-19, ha visto reducir los dividendos -con cargo a 2019- e igualmente su cartera inmobiliaria se vio afectada en en una pequeña pérdida de valor.

Dividendos anuales entregados por Inditex a su fundador (Gráfico de columnas)

Aunque en los últimos años haya diversificado a otros sectores como energía o puertos, las adquisiciones fundamentales de Ortega se han producido en inmobiliario. Si en hace 10 años esa cartera en inmuebles de Pontegadea era de 6.719 millones, su holding en 2025 engloba 21.200 millones en propiedad fundamentalmente gracias a la munición de los dividendos de Inditex.

Valor de la cartera inmobiliaria (Gráfico de columnas)

Manuel Romera, director del sector financiero de IE Business School, recuerda que al final esos beneficios los tiene que utilizar de algún modo. “Generando dinero y liquidez con esos dividendos, pues ha decidido invertir una parte importante en inmuebles con poca problemática, que sean de calidad y con un planteamiento lo suficientemente diversificado”, explica.

Sobre Ortega siempre corren algunas leyendas empresariales. Una es que sigue manteniendo su mesa de trabajo en la sección mujer de la sede central de Arteixo (A Coruña), por donde se pasa casi a diario. Otra es que siempre ha tenido un sexto sentido para elegir los mejores inmuebles donde ubicar sus tiendas, algo que durante mucho tiempo ha supervisado él personalmente.

Presencia del conglomerado inmobiliario (Mapas de ubicación)

En el mundo inmobiliario hay una máxima sobre lo que debe primar en cuanto a la inversión dicho en inglés: “location, location, location”, es decir, elegir siempre la mejor ubicación. Ese principio siempre lo ha tenido en cuenta el fundador de Zara, pero ha añadido otros como solo invertir en mercados muy líquidos (como EE UU o Reino Unido, donde es fácil vender una propiedad), en activos de calidad o icónicos y, a poder ser, con un buen inquilino a largo plazo.

Sergio Fernandes, director de mercado de capitales de la consultora JLL en España y Portugal, indica que Ortega siempre invierte en activos a largo plazo. “Compra activos icónicos relevantes, básicamente que son nuevos o prácticamente nuevos, con excelentes inquilinos y en las principales ciudades del mundo. Diría con enfoque muy claro en Estados Unidos, Reino Unido, España y alguna cosa en Europa”, afirma. “La estrategia es casi siempre la misma, ya que se trata de activos core, muy relevantes, muy icónicos y con alquiler a muy largo plazo, que tienen cobertura de riesgo prácticamente al 100% porque tendría caerse el mundo antes para que esas propiedades fueran a perder valor. Esa estrategia le lleva desde Nueva York a Londres, Seattle, Vancouver, París o Madrid», añade.

Una de sus primeros movimientos de monopoly más conocidos fue cuando compró en 2011 a FCC la Torre Picasso en el distrito financiero de Azca en Madrid por 400 millones. El millonario textil ya tenía un rascacielos. Pero no fue el único en la ciudad, ni siquiera en el mundo. Cinco años después adquirió la llamada Torre Foster (actualmente sede de Moeve), una de las conocidas como Cuatro Torres al norte de la Castellana de la capital y el segundo edificio más alto de España. Pagó 490 millones en una operación que conllevó posteriormente investigaciones judiciales porque quien vendió el edificio, una sociedad del expresidente de la petrolera Cepsa Khadem Al Qubaisi, estaba siendo investigado por blanqueo de capitales.

Romera, el profesor de IE Business School, destaca que al final, lo que le interesa al empresario leonés es invertir el dinero ganado de Inditex en activos con un componente de riesgo bajo. “Se trata de que tenga capacidad para poder invertirlo en algo que no es especialmente rentable, pero sí le ofrece una situación de poco riesgo para él, con mucha tranquilidad, mucha recurrencia de flujos de caja y no un especial riesgo procedimental”. Este académico cree que una persona tan rica como Ortega, lo que busca es “preservar riqueza y su patrimonio”.

El imperio inmobiliario de Ortega comenzó con las propias tiendas de Inditex. Más tarde se diversificó a edificios más grandes de oficinas o que combinaran también algo de espacio de retail. Igualmente llegaron las adquisiciones hoteleras. La clave es que esos activos fueran de máxima calidad y estuvieran en las mejores calles comerciales de las principales ciudades españolas, primeramente, y después de Reino Unido, EE UU o Europa.

Una de esas primeras grandes adquisiciones la protagonizó en Londres en 2013 al hacerse con Devonshire House por 550 millones, un enorme edificio de oficinas y retail en Picadilly. Un par de años más tarde pagó una cantidad similar en Oxford Street al adquirir un inmueble que alberga una tienda de Primark y otros locales comerciales.

Al avanzar los años, Ortega también comenzó a diversificar en el segmento inmobiliario en el que estaba presente entrando en otras actividades como la logística. Así, llegó la que hasta ahora es su mayor operación histórica. En 2022, a través de la filial Ponte Gadea Compass compró a la inmobiliaria Realty Income siete naves logísticas por 905 millones de euros en los Estados de Texas, Pensilvania, Wisconsin, Carolina del Sur, Virginia y Tennessee. Estos almacenes tenían en común largos alquileres a inquilinos de renombre como Amazon, Nestlé, Fedex o Home Depot. Esa diversificación también le ha llevado a adquirir plataformas logísticas en Europa, en lugares como Países Bajos o Italia.

Otra clave en la estrategia de Pontegadea en los últimos años ha sido precisamente el incremento en el importe de cada operación. Cuántos más dividendos obtiene de Inditex, más fácil es llegar a grandes activos. “Si tiene que invertir 3.000 millones al año en compras, con un equipo limitado, mejor que hacer muchas operaciones de 100 millones es llegar a otras de 300, 500 u 800 millones, donde además a esos niveles tiene muchas menos competencia”, reflexiona Fernandes, de JLL.

Sus mercados

El máximo accionista de Inditex apostó en el inmobiliario inicialmente por España, el mercado que tenía más cerca. Pero pronto saltó a Europa, sobre todo a Reino Unido, y a EE UU. Esos tres mercados siguen siendo sus favoritos. Fernandes destaca que Ortega invirtió en España en inmobiliario cuando había muchas dudas sobre el país tras el estallido de la burbuja financiera e inmobiliaria y la gran crisis de deuda, que puso a varios países europeos en la picota. “¿Cuándo compró la Torre Picasso? ¿Cuándo la Torre Foster? Es un perfecto ejemplo de que sí se cree en España», asevera. En esa época también se hizo con el número 32 de Gran Vía, donde Primark abrió su tienda insignia y se ubica la Cadena Ser. Este experto indica que últimamente Pontegadea no ha comprado muchas cosas en España, debido a que este mercado no ofrece muchas pujas de gran tamaño. El año pasado sí llegó una de esas oportunidades, cuando adquirió a Blackstone la sede del grupo Planeta, ubicada en el número 662 de la avenida Diagonal de Barcelona por 250 millones.

La expansión desde A Coruña ha llevado al holding a contar con más de 200 propiedades distribuidas en 13 mercados: España, EE UU, Reino Unido, Canadá, Irlanda, Portugal, Francia, Países Bajos, México, Corea del Sur, Italia, Alemania y Luxemburgo.

Una ciudad que ha gustado siempre especialmente al family office es Londres, el mercado europeo más relevante en tamaño, precios y liquidez. Su transacción más cara en la capital británica la protagonizó en 2019, al hacerse con The Post Building, sede de la consultora Mckinsey, por 700 millones. En 2018 pagó 680 millones por Adelphi, un inmueble de oficinas, entre otras muchas compras que ha ido protagonizando en ese mercado como el traspaso de la sede de Rio Tinto; Lumina House en la entrada del barrio de Myfair y de Bond Street; una antigua sede de la BBC reconvertida en oficinas, o un bloque por 550 millones en Oxford Street que alberga una tienda de Primark.

A pesar del amor de Ortega por el mercado en libras, allí recibió algunos de los pocos sustos para su imperio inmobiliario. Primero con el Brexit y después con la rápida corrección a la baja de las tasaciones inmobiliarias en Reino Unido tras la crisis por la guerra de Ucrania, por lo que el valor de sus activos allí pasó de de 3.113 millones en 2022 a 2.747 millones en 2023.

El otro gran mercado favorito del vehículo inversor de Ortega es Norteamérica, donde Canadá ha ido ganando presencia. Precisamente, allí protagonizó la mayor transacción por un solo activo, el Royal Bank Plaza en Toronto en 2022, por el que desembolsó 800 millones de euros al cambio de entonces. En 2025 volvió a apostar por una macrotransacción, en este caso en Vancouver, cuando se hizo con Canadá Post, que actualmente alberga una sede de Amazon. “Es un gran amante del mercado americano y hemos visto como él ha apostado por Amazon como marca y como inquilino tanto en oficinas como en activos logísticos”, cree el directivo de JLL. Un poco más al sur, ya en EE UU, había adquirido parte de la sede central de Amazon en Seattle, un complejo de edificios llamados Troy Block, por 655 millones.

En oficinas, Miami, también ha sido uno de los puntos favoritos para Ortega, quién pagó 470 millones por Southeast Financial Center en 2016. En 2025, igualmente, adquirió Sabadell Financial Center, un inmueble de 31 plantas ubicado en esa ciudad de Florida donde el Banco Sabadell tiene su sede en Estados Unidos. O, en otra ocasión, desembolsó más de 320 millones por toda una manzana en la peatonal Lincoln Road, una de las calles más icónicas de Miami Beach, en ese caso con tiendas que albergan marcas como Apple, Gap o Nike.

También en EE UU, el multimillonario afincado en A Coruña apostó por una de las escasas operaciones que ha protagonizado en el mundo residencial. Fue en 2022, cuando se hizo con el rascacielos de viviendas de lujo para alquiler en el número 19 de Dutch Street, en pleno distrito financiero de Nueva York, cerca del World Trade Center.

En EE UU igualmente adquirió por 377 millones Arbor Blocks en Seattle, una de las sedes de Meta a nivel mundial. En Washington, pagó 207 millones a Blackstone por un complejo de oficinas junto a la Casa Blanca. En Los Ángeles, esta inmobiliaria es dueña de la tienda de la marca de lujo Gucci en Rodeo Drive. En 2015, se hizo con el Esquire Theatre de Chicago por 176 millones de dólares.

En Asia, sin embargo, su presencia es casi simbólica. Aterrizó en Seúl con la adquisición de M Plaza, un edificio que alberga hotel y tiendas, por el que pagó 328 millones.

Otra de las características de las compras de Ortega es que las realiza casi siempre sin deuda. “Genera mucho dinero que tiene que invertir”, recuerda el director del sector financiero de IE Business School. Igualmente, Pontegadea es un inversor a largo plazo, prácticamente nunca vende lo adquirido, salvo en contadas ocasiones en los que los activos dejan de ser estratégicos. Lo hizo en París porque ya no le interesaba un edificio concreto, pero al ser un referente como comprador, Fernandes asegura que el mercado “levantó las orejas” por si algo no iba bien en la capital francesa. Asimismo, se desprendió recientemente en Seúl de una tienda fuera de los objetivos de la empresa, que al final pasan por “tener una cartera muy estable con poca gestión del activo”, opina el responsable de JLL.

El equipo

Pontegadea Inversiones está presidida por el propio Amancio Ortega y al ser un vehículo de inversión familiar, las grandes decisiones pasan por él. Como vicepresidenta ejerce Flora Pérez Marcote, la esposa de Ortega, quien también es presidenta de la Fundación Amancio Ortega y consejera en Inditex. Y también como vicepresidente del family office -y consejero delegado desde 2016- se encuentra Roberto Cibeira, una persona que ha ido ganando confianza entre la familia propietaria de Inditex y que el pasado año sustituyó al histórico José Arnau en el consejo de administración del grupo cotizado en el Ibex 35.

Después de esa incorporación al consejo de Inditex, Cibeira cedió parte de sus funciones en la gestión del family office a Patricia Alonso, elegida como responsable global de inversiones. En esa reestructuración, además, todos los negocios europeos, excepto Reino Unido y España, pasaron a depender de la nueva sociedad de Luxemburgo.

Una de las ventajas con las que cuenta el equipo de Pontegadea es que a ellos les llegan casi todas las posibles grandes transacciones que se mueven en el mercado a nivel global. “Cualquier persona en el mundo inmobiliario a nivel planetario sabe que Pontegadea se encuentra entre los compradores potenciales”, detalla Fernandes, de JLL.

Más allá del ladrillo: negocios estratégicos

Amancio Ortega, fundador y máximo accionista de Inditex, creó desde 2001 un imperio inmobiliario gracias a los multimillonarios dividendos que procedían de negocio textil a través de su vehículo famliar Pontegadea. Pero este family office, sin olvidarse del ladrillo, ha comenzado a apostar por energía, telecomunicaciones, infraestructuras y puertos en una estrategia de diversificación. Esta nueva senda ha llevado al empresario a entrar en el grupo australiano Qube, muy centrado en la logística de los puertos.

La clave de la diversificación del vehículo familiar pasa por invertir en países con seguridad jurídica, principalmente de la OCDE (la organización de los países más desarrollados), a través de participaciones minoritarias en compañías que tengan una caja estable y sean negocios previsibles, sin sobresaltos. “No buscamos retornos enormes; buscamos inversiones que nos protejan, que produzcan un flujo de caja constante y que mantengan el valor del capital”, aseguró Roberto Cibeira, consejero delegado de Pontegadea, en una entrevista hace un par de años con Financial Times. “También buscamos inversiones que eviten un conflicto de interés con Inditex, eso significa mantener un perfil bajo“, agregó.

Sergio Fernandes, director de mercado de capitales de la consultora JLL en España y Portugal, opina que Ortega hace inversiones que están muy relacionadas con el tipo de actividad que el mundo necesita. Por ejemplo, ha confiado en empresas como Amazon, no solo como casero de sus oficinas, si no en la logística. “Busca lo que a muy largo plazo es claramente un activo ganador”, cree. “Y ahora incluso ha invertido en puertos, en compañías que tienen este componente de largo plazo, de resiliencia, donde ahora mismo, justo más que nunca, estamos viendo la disrupción marítima como nunca”, señala respecto al conflicto de EE UU e Israel en Irán que está estrangulando el estrecho de Ormuz. “Su visión en ese caso es también de largo plazo, al igual que la energía fotovoltaica o las renovables en las que ha participado”.

Bajo esta estrategia, el family office entró primero en energía. Así, Ortega se hizo con el 49% de dos sociedades de Repsol propietarias de parques eólicos y solares (llamadas Kappa y Delta); más tarde, con otro 49% de una sociedad de renovables de la francesa EDF (el llamado proyecto Jazz); además de contar con acciones por el 5% de Enagás; el 5% de Redeia, y el 13,7% del operador portugués de electricidad y gas REN.

Precisamente esta semana se conocía que Ortega vendió su participación del 5% en la filial Enagás Renovables a un fondo de la firma francesa Ardian. En esa operación, Navantia se desprendió de otro 5% y Enagás de otro 40%. Tras ese cambio accionarial, Ardian se hace con el 80% del gestor de activos de hidrógeno bajo en carbono.

En el sector de las telecomunicaciones entró en Telxius, una firma de cable submarino controlada por Telefónica y de la que el family office dispone de un 30% del capital social.

En esa énfasis por la diversificación la firma adquirió a finales de 2024 el 20% de Q-Park, con la que se adentró en el negocio de aparcamientos. Esa empresa, donde el fondo KKR ejerce como socio mayoritario, cuenta con estacionamientos en Países Bajos, Alemania, Francia, Bélgica, Reino Unido, Irlanda y Dinamarca.

En el caso de la entrada de Qube se desconoce, hasta ahora, cuánto ha invertido Pontegadea, porque se asoció con el fondo australiano de infraestructuras Macquarie para hacer una oferta que valoró la compañía en 7.000 millones. Pontegadea ya había entrado el pasado verano en el negocio de las infraestructuras portuarias, al comprar al fondo canadiense Brookfield —que continúa como accionista mayoritario— el 49% de la empresa británica PD Ports, un negocio muy similar al que ahora compra en Australia.

La del grupo australiano Qube es la última gran inversión de Ortega fuera del ámbito inmobiliario y para impulsar su estrategia de participaciones empresariales, con un foco muy claro en las infraestructuras de transporte. Qube es el principal operador de servicios logísticos para exportación e importación en Australia, lo que abarca actividades en transporte ferroviario, terrestre y marítimo. Tiene actividad en Nueva Zelanda y el sudeste asiático, y su facturación en el último ejercicio completo, el 2024-2025, fue de 4.462 millones de dólares australianos, cerca de 2.700 millones de euros al cambio actual, un 27,4% más que en las anteriores cuentas.



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