
El brillo de L’Oréal demuestra que el tamaño importa. Las acciones del gigante francés se dispararon un 8% el jueves tras la publicación de los resultados del primer trimestre, que mostraron un crecimiento de los ingresos del 6,7%. Eso sugiere que los inversores siguen creyendo que la mayor empresa de belleza del mundo puede crecer más rápido que el mercado y capear el inminente shock del precio del petróleo. Su fortaleza relativa también puede tener implicaciones para las operaciones corporativas en el conjunto del sector.
L’Oréal parece estar atravesando una buena crisis. Mientras que competidores del lujo como Hermès o LVMH han advertido del impacto de la contención del gasto de los clientes del Golfo, la región representa menos del 3% de las ventas del grupo, que ascienden a 230.000 millones de dólares (200.000 millones de euros, al cambio actual).
El fabricante de la loción CeraVe también prospera en sus principales mercados. Norteamérica aportó un crecimiento del 8% interanual de la facturación en el primer trimestre, mientras China avanzó “en el rango medio de un dígito”, pese a un entorno débil, gracias a consumidores más “selectivos” que favorecen los productos premium.
El consejero delegado, Nicolas Hieronimus, afirma que las ganancias de volumen y las subidas de precios deberían de compensar vientos en contra como los aranceles, mientras incluso un petróleo a 100 dólares por barril tras el conflicto con Irán añadiría solo unos 100 millones de euros de costes anuales adicionales.
También ayuda que el grupo francés no dependa de una única marca estrella, lo que le permite evitar el destino de Kering, que atraviesa dificultades con su enseña Gucci. La amplia cartera de L’Oreal se extiende desde marcas de salón como Kérastase hasta productos dermatológicos y de lujo como Lancôme, además de referencias de gran consumo como Maybelline New York.
Los mercados suelen premiar ese tipo de escala con una prima de valoración. La capitalización bursátil de L’Oréal se eleva muy por encima de la de sus rivales cotizados. En el último año, sus acciones han subido alrededor de un 40%, mientras que las de su competidor Estée Lauder se han estancado, y ahora cotiza por encima de su rival estadounidense e incluso de algunos grupos de lujo como LVMH.
La lección no pasa desapercibida para sus competidores. Sirvan de ejemplo las recientes conversaciones de fusión entre Estée Lauder y Puig. Estas se vieron impulsadas en parte por la compra por parte de L’Oréal de los activos de belleza de Kering a finales del año pasado, según dos fuentes cercanas, lo que la convirtió en una amenaza mayor para sus rivales. La operación ha inquietado a la cotización de Estée Lauder, ante el temor de que tenga que pagar en exceso para incorporar a la familia Puig, que controla el grupo español. Sin embargo, la resiliencia relativa de L’Oréal puede reforzar la necesidad del acuerdo, especialmente si unos consumidores castigados por el petróleo y el gas empiezan a recortar gasto.
Además de una valoración elevada, el balance de L’Oréal también puede darle ventaja. Una deuda neta prevista equivalente a 0,2 veces el ebitda en 2026, según los analistas de Morningstar, implica un amplio margen de maniobra. Eso podría ayudarle en futuras subastas. L’Oréal es un candidato probable para pujar por el negocio de belleza del imperio que lleva el nombre del difunto Giorgio Armani, junto a LVMH y EssilorLuxottica. El miedo a quedarse atrás (FOMO, por sus siglas en inglés), sin embargo, puede llevar a otros a plantearse irrumpir en la puja.
Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías































