En un movimiento que ha pillado a muchos por sorpresa en la industria tecnológica OpenAI anunciaba ayer la clausura de Sora, la herramienta para generar vídeo con IA en base a sencillos «prompts» de texto que logró concitar múltiples titulares cuando salió originalmente del cascarón hace aproximadamente dos años.
El cierre de Sora dinamita además de facto el multimillonario acuerdo forjado a finales del año pasado por OpenAI y Disney (que orbitaba, no en vano, en torno a la herramienta de vídeo de la compañía capitaneada por Sam Altman).
OpenAI ha tomado la determinación de discontinuar Sora para concentrarse en otros desarrollos directamente emparentados con la IA, en particular en la robótica. La startup de IA quiere alumbrar soluciones de robótica «que ayuden a la gente a resolver tareas físicas en el mundo real».
Por su parte, Disney, a quien la clausura de Sora afecta, al fin y al cabo, de manera directa, dice «respetar la decisión de Disney de abandonar el negocio de la generación de vídeo» para dar prioridad a otros desarrollos tecnológicos.
La empresa de Mickey Mouse buscará de ahora en adelante alianzas con otras plataformas de IA que usen de manera responsable esta tecnología sin quebrantar los derechos de propiedad intelectual, asegura un portavoz de Disney en declaraciones a la BBC.
OpenAI tiene, por su parte, la intención de bajar la persiana tanto de la app móvil de Sora como de la plataforma online utilizada hasta la fecha por un buen número de profesionales para alumbrar vídeos de manera sintética.
La intención de OpenAI es concentrarse en otros desarrollos tecnológicos, la robótica en particular
Con el cierre de Sora OpenAI abandonará (al menos por ahora) sus esfuerzos en el ámbito de las herramientas de generación de vídeo para enfocarse al desarrollo de otras formas de IA avanzada, incluyendo la variante agéntica de esta tecnología, que se ufana de ejecutar tareas de manera autónoma con poca o nula supervisión humana.
OpenAI planea apoyarse en la tecnología imbricada otrora en Sora para volcarse, entre otras cosas, en el entrenamiento de robots.
Sora despertó muchísimo interés en la industria tecnológica y audiovisual cuando vio la luz en 2024 gracias a la excepcional calidad y el epatante realismo de sus vídeos generados con IA, que parecían llevar la rúbrica de estudios profesionales.
Sin embargo, la herramienta despertó también mucha preocupación por la violación del «copyright» y la amenaza que ésta suponía potencialmente para industria mediática.
Pese a las dudas que aleteaban en torno a Sora, Disney se convirtió en diciembre del año pasado en el primer gran estudio cinematográfico en ceder sus derechos de propiedad intelectual a OpenAI para que Sora pudiera generar vídeos de origen sintético.
En base al acuerdo rubricado con Disney, que tenía una duración de tres años, los usuarios de Sora estaban autorizados a generar vídeos con IA de personajes como Mickey Mouse o Yoda.
La alianza de OpenAI y Disney fue contemplada como un importante punto de inflexión en Hollywood, pues se produjo después de que varios estudios demandaran a empresas de IA por el uso ilícito de sus derechos de propiedad intelectual.
Muchos temieron además que el acuerdo abriría la espita de eventuales despidos en la industria audiovisual ante el posible remplazo de talento de carne y hueso por la IA.
En el ámbito de la generación de vídeo con IA Sora tuvo que afrontar en todo caso muchísima competencia. Uno de sus rivales más potentes fue Seedance, una herramienta oriunda de China que dejó a muchos atónitos con sus vídeos hiperrealistas protagonizados por grandes figuras de Hollywood.






























