La italiana UniCredit presentó este lunes una opa para superar el 30% del capital de la alemana Commerzbank, de la que ya posee un 26%. La operación, por un montante de 35.000 millones de euros, supone la continuación del movimiento llevado a cabo en septiembre de 2024, cuando el banco que dirige Andrea Orcel aprovechó la venta de acciones del Gobierno alemán para entrar en el capital. Berlín no solo receló de las intenciones de la firma transalpina, sino que se mostró totalmente contrario a que la transacción coja vuelo. UniCredit, siempre con pies de plomo, lanzó la oferta con una prima mínima del 4% y dejó claro que busca alcanzar “una participación en Commerzbank superior al 30% sin llegar a controlar la entidad”. Parece difícil medir más las palabras y pisar con más tino.

Tamaña cautela escenifica bien la dificultad de las fusiones transfronterizas en la Unión Europea. José Manuel Campa, aún presidente de la EBA por aquel entonces, resumía en una entrevista con CincoDías en septiembre el sentimiento de las altas instancias comunitarias financieras sobre este particular: “Ahora mismo tenemos operaciones donde hay Gobiernos activamente involucrados en Alemania, Italia, España y en Portugal potencialmente. El lado positivo es que se están produciendo transacciones. No es positivo que las operaciones bancarias sobre la mesa tengan una lógica nacional y no paneuropea. Nos preocupa y nos frustra que no haya fusiones transfronterizas”.

En efecto, hay cuestiones evidentes que las paralizan. La más obvia, la ausencia de un mercado único europeo, que dificulta las sinergias de cualquier integración. Basta una charla informal con cualquier ejecutivo del sector para que, por ejemplo, ponga sobre la mesa la dificultad de replicar en un mercado europeo los productos que ofrece sin problemas en otro. Es más, la regulación es solo la punta del iceberg de un entorno que, como recordaba Campa, cuenta con regímenes de insolvencia distintos, diferencias en niveles de protección al consumidor o leyes laborales diferentes dentro de un largo etcétera de diversidad.

Al final, la cuestión es de voluntad política para avanzar en la armonización, siempre desde el convencimiento de las bondades del proyecto europeo. Ahí es donde está la falla. Los reguladores comunitarios chocan con los intereses del político de turno, partidario de las integraciones sobre el papel, siempre y cuando no se produzcan en su propia casa. Se olvida en ese falso proteccionismo que el tamaño, a nivel empresarial, importa. Los bancos europeos están lejos de las primeras posiciones del sector a nivel mundial. Toca dar el primer paso.



Source link

Artículo anteriorAsí votaron los asambleístas por la ley para el fortalecimiento del sistema penitenciario | Política | Noticias