La energía nuclear ha retrocedido en la UE durante décadas como fuente de generación eléctrica y eso, para la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha sido “un error estratégico”. Defiende la alemana, en el contexto actual de altísima volatilidad en las cotizaciones de combustibles clave como el petróleo o el gas natural licuado, que la energía atómica “es una fuente fiable, asequible y con bajas emisiones”, según ha afirmado este martes en la cumbre de la energía nuclear que se celebra en París, capital de un país, Francia, que ha hecho del desarrollo de esta tecnología una apuesta de Estado y una vía para lograr la autonomía energética.
“Somos completamente dependientes de las importaciones volátiles y caras de los combustibles fósiles. La actual crisis en Oriente Medio nos recuerda de manera cruda las vulnerabilidades que esto genera. Pero contamos con fuentes de energía bajas en carbono de producción propia: la energía nuclear y las renovables”, había introducido un poco antes Von der Leyen en su discurso, pronunciado ante el presidente francés. La referencia tiene una doble explicación: además de contaminar menos, ambas fuentes de generación de electricidad son más baratas que los combustibles fósiles justo cuando la UE ha hecho de los precios energéticos el caballo de batalla a batir para ganar —o, al menos, no perder— competitividad frente a Estados Unidos y China.
Pero, ha explicado la presienta de la Comisión, la evolución de la energía atómica y de las renovables ha sido divergente. “En la última década, hemos hecho grandes progresos en las renovables. La energía solar y la eólica han superado a los combustibles fósiles en el mix [de generación] eléctrica de la UE”, ha descrito. “La historia nuclear, desafortunadamente, es diferente. En 1990 un tercio de la electricidad en Europa tenía origen nuclear, hoy solo el 15%. Esta reducción del protagonismo nuclear fue una elección, creo que para Europa esto ha sido un error estratégico”, ha apuntado.
Estas palabras tienen mucho simbolismo viniendo de alguien, Ursula von der Leyen, que participó en casi todos los gobiernos de la canciller alemana Angela Merkel. Con esta última, Alemania decidió en 2011, después del accidente en la central nuclear de Fukushima en Japón, fijar a finales de 2022 el momento en que iba a prescindir de la energía nuclear como fuente de generación eléctrica (la crisis energética que provocó la guerra de Ucrania lo retrasó unos meses, a abril de 2023).
La Comisión Europea presidida por Von der Leyen ya hace tiempo que ha dado muestras de considerar la energía nuclear como una fuente de generación eléctrica clave en el proceso de descarbonización económica. Cuando en 2022 se elaboró la taxonomía energética, a la energía nuclear ya se le asignó la etiqueta de una energía clave para la transición hacia una economía libre de emisiones contaminantes, pese a que sí genera residuos que hay que tratar. Eso, por ejemplo, mantenía abierta la posibilidad de construir nuevas centrales en las próximas décadas.

Ahora, no obstante, la posición de Von der Leyen es todavía más clara en favor de la energía nuclear, como ha quedado claro en su discurso en un foro muy favorable a este combustible: “En los últimos años, asistimos a un renacimiento mundial de la energía nuclear. Y Europa quiere formar parte de él. El año pasado, modificamos nuestras normas sobre ayudas estatales para ampliar el apoyo a la fusión nuclear y los combustibles nucleares. Pusimos en marcha la primera alianza industrial mundial para reactores modulares pequeños y propusimos invertir más de 5.000 millones de euros de nuestro próximo presupuesto en investigación sobre fusión”.
Sus palabras han llegado horas antes de que el Colegio de Comisarios abordara una reunión en el que la energía, su cotización y el desarrollo de la energía nuclear han estado muy presentes. Al acabar, la Comisión ha publicado tres documentos que marcan estrategias para que la UE avance en “soluciones de energía limpia, aumentar la resiliencia y reducir los precios de la energía”.
Uno de estos documentos es el que busca impulsar los reactores nucleares modulares de pequeño tamaño, una de las apuestas tecnológicas de la UE. Se trata de construir este tipo de minicentrales que tendrían menos potencia, podrían construirse en una fábrica y transportarse hasta donde se vaya a utilizar. La propia Comisión, en su documento, consciente de lo novedoso de estos reactores apunta que pueden utilizarse para abastecer de energía un centro de datos, la calefacción de un distrito urbano o una instalación fabril.
Pero esta tecnología todavía no está desarrollada. Los cálculos que ofrece Bruselas apuntan a que no estará lista hasta “comienzos de la próxima década”. Y como ya ha sucedido con otras tecnologías, la Comisión pretende que la UE no pierda este tren y busque vías para estimular la investigación. Ahí cabe enmarcar el documento publicado este martes que plantea aumentar en 200 millones el dinero destinado a investigación en este campo del presupuesto de la UE o incentivar las alianzas entre países interesados. Y esto sin perder de vista el objetivo reindustrializador que también persigue el Ejecutivo de la UE.






























