La gestión del merchandising corporativo ha dejado de ser una tarea secundaria dentro de los departamentos de marketing y comunicación. En un contexto donde las marcas buscan coherencia, agilidad y eficiencia, los regalos de empresa se han convertido en una extensión tangible del posicionamiento. Sin embargo, esa visibilidad también implica procesos complejos que, si no se ordenan, terminan generando más fricción que valor.

Durante años, el merchandising se ha abordado de forma reactiva, ligado a eventos concretos o campañas puntuales. Ese enfoque improvisado suele chocar con la realidad operativa de los equipos, que deben coordinar proveedores, validar diseños, controlar presupuestos y asegurar entregas sin afectar a otros proyectos estratégicos. El resultado, en muchos casos, es un cuello de botella que consume tiempo y desgasta recursos internos.

Por qué el merchandising se convierte en un problema operativo

El principal reto del merchandising no reside en el producto, sino en la suma de decisiones que lo rodean. Cada artículo implica definir cantidades, materiales, acabados, personalización y plazos. Además, suele requerir interlocución con varios proveedores, lo que multiplica los correos, revisiones y posibles incidencias. Sin procesos claros, el control se diluye y la carga administrativa crece.

A esta complejidad se suma la presión por mantener coherencia de marca. No basta con que el objeto sea funcional; debe respetar colores, tipografías y valores corporativos. Cuando no existe una guía previa o un catálogo validado, cada pedido se convierte en una negociación desde cero. Por ello, muchas empresas descubren tarde que el merchandising ocupa más tiempo del previsto.

Otro factor crítico es la falta de planificación. En numerosos casos, los regalos se solicitan con plazos ajustados, ligados a ferias o lanzamientos inminentes. La urgencia reduce el margen de decisión y eleva el riesgo de errores, desde sobrecostes hasta problemas logísticos. Esta dinámica explica por qué el merchandising termina percibiéndose como una tarea ingrata dentro del equipo.

La eficiencia como criterio estratégico

Ante este escenario, algunas marcas han empezado a replantear el merchandising desde una lógica de eficiencia. El objetivo no es reducir su impacto, sino gestionarlo con la misma disciplina que otros activos de marketing. Hablar de eficiencia implica definir procesos, responsables y criterios de decisión claros, evitando improvisaciones recurrentes.

Uno de los primeros pasos suele ser la estandarización. Seleccionar un número limitado de productos, previamente validados, permite reducir la complejidad. Estos artículos se convierten en una base reutilizable para distintas acciones, con variaciones mínimas de personalización. Además, facilitan el control presupuestario y la previsión de stock.

En este punto cobra relevancia la gestión eficiente del merchandising como enfoque global. No se trata solo de comprar regalos, sino de integrar esta actividad en el flujo de trabajo del equipo, con visibilidad de costes, plazos y resultados. Cuando el merchandising se gestiona como un sistema, deja de ser una urgencia constante.

Productos de alta rotación y uso cotidiano

La elección del producto es una decisión estratégica. Los artículos de alta rotación y uso cotidiano simplifican la gestión y maximizan el retorno. Mochilas, llaveros o bolígrafos, por ejemplo, requieren menos explicación, tienen menos incidencias y mantienen su utilidad en el tiempo. Estos productos reducen la carga operativa y refuerzan la presencia de marca de forma sostenida.

Frente a opciones más complejas o efímeras, los objetos funcionales presentan ventajas claras. Son más fáciles de producir en volumen, admiten personalización sencilla y generan menos devoluciones o reclamaciones. Además, permiten negociar mejor los costes y los plazos, algo clave cuando se trabaja con presupuestos ajustados.

Esta lógica no implica renunciar a la creatividad. Al contrario, obliga a pensar cómo un objeto cotidiano puede alinearse con el mensaje de la campaña. La creatividad se desplaza del producto al concepto, lo que suele resultar más eficaz y menos costoso para los equipos.

Claridad de briefing y toma de decisiones

Uno de los errores más habituales en merchandising es la falta de un briefing claro. Sin una definición precisa de objetivos, público y contexto de uso, las decisiones se dilatan. Un buen briefing reduce dudas, evita cambios de última hora y agiliza la producción. Además, sirve como referencia compartida entre todos los implicados.

La claridad también afecta a la toma de decisiones internas. Cuando existen criterios definidos, el equipo puede priorizar con mayor rapidez. Esto resulta especialmente útil en organizaciones grandes, donde intervienen varios departamentos. El merchandising deja de ser un debate constante y se convierte en una ejecución alineada.

Asimismo, un briefing bien construido facilita la externalización. Al trasladar expectativas y límites desde el inicio, se reduce el riesgo de desviaciones. Externalizar no significa delegar sin control, sino apoyarse en procesos claros y medibles.

Externalizar sin perder control de marca

La externalización del merchandising es una tendencia al alza entre empresas que buscan aliviar carga operativa. Lejos de suponer una pérdida de control, puede convertirse en una palanca de eficiencia si se gestiona adecuadamente. La clave está en definir qué se delega y qué se mantiene bajo supervisión interna.

Muchas organizaciones optan por plataformas especializadas que centralizan catálogo, personalización y logística. Este modelo reduce la necesidad de coordinar múltiples proveedores y ofrece una visión unificada del proceso. Además, facilita el seguimiento de pedidos y el control presupuestario en tiempo real.

El control de marca se mantiene mediante guías claras y validaciones previas. Colores, logotipos y mensajes se establecen de antemano, de modo que cada pedido respeta la identidad corporativa. Cuando el marco está bien definido, la ejecución gana velocidad sin sacrificar coherencia.

Flujos de trabajo que reducen fricciones

La implantación de flujos de trabajo tipo es otro elemento diferenciador. Definir pasos claros, desde la solicitud hasta la entrega, reduce errores y malentendidos. Estos flujos suelen incluir validación de stock, aprobación de diseño y confirmación logística. La previsibilidad se traduce en menos incidencias y más tranquilidad para el equipo.

Además, los flujos permiten detectar cuellos de botella recurrentes. Si una fase concreta genera retrasos, puede optimizarse o automatizarse. Este enfoque analítico acerca el merchandising a una gestión más profesional, similar a la de otros canales de marketing.

La documentación también juega un papel relevante. Registrar decisiones, proveedores y resultados facilita futuras campañas. El conocimiento acumulado evita repetir errores y acelera nuevos proyectos, algo especialmente valioso en equipos con rotación de personal.

Casos habituales de bloqueo operativo

Existen situaciones recurrentes en las que el merchandising se convierte en un problema. Eventos con plazos ajustados, campañas internacionales o lanzamientos simultáneos son ejemplos frecuentes. En estos contextos, la falta de un sistema previo amplifica la presión. Cada decisión se vive como urgente y cualquier retraso impacta en la percepción de la marca.

Otro caso habitual es la dispersión de pedidos pequeños. Solicitudes aisladas desde distintos departamentos generan ineficiencias y costes adicionales. Sin una visión centralizada, resulta difícil optimizar volúmenes o negociar condiciones. Por ello, muchas empresas apuestan por centralizar la gestión, incluso cuando el consumo es descentralizado.

También influyen los cambios de última hora. Ajustes en diseño o cantidades, cuando el proceso ya está avanzado, generan sobrecostes y tensiones internas. Un sistema bien definido reduce la improvisación y protege al equipo de estas dinámicas.

Merchandising como activo, no como carga

Cuando se gestiona con criterios de eficiencia, el merchandising deja de percibirse como una tarea menor. Se convierte en un activo que refuerza la estrategia de marca y aporta valor real. La clave está en integrar procesos, simplificar decisiones y apoyarse en estructuras que liberen tiempo.

Este enfoque permite a los equipos centrarse en tareas de mayor impacto, sin renunciar a la visibilidad que aportan los regalos corporativos. La profesionalización del merchandising no responde a una moda, sino a una necesidad operativa. En un entorno donde el tiempo es un recurso escaso, reducir fricciones marca la diferencia.

La experiencia demuestra que las marcas que abordan el merchandising desde la gestión y no desde la urgencia obtienen mejores resultados. Menos estrés interno, mayor coherencia y una ejecución más ágil son efectos directos de un cambio de enfoque que, cada vez más, se consolida como estándar en el sector.



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