
El Consejo de la UE ha dado este viernes un paso clave para lograr la aprobación del histórico acuerdo comercial con Mercosur. Los 27 países comunitarios han otorgado el sí al principio de acuerdo alcanzado por la Comisión Europea con el bloque sudamericano (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) hace algo más de un año que puede acabar creando la zona de libre comercio más grande del mundo con más de 720 millones de consumidores potenciales. La UE se juega algo más que un acuerdo de libre comercio; está sobre la mesa su credibilidad como un actor internacional con el se puede llegar a pactos. Lo acordado demuestra también capacidad de ampliar el abanico de alianzas geoeconómicas en medio del seísmo en el escenario internacional que ha provocado la captura de Nicolás Maduro por la fuerza por parte de Estados Unidos hace solo seis días.
La votación no sido unánime entre los Estados miembros. Las negociaciones con Mercosur y el acuerdo alcanzado siempre han provocado divisiones importantes dentro de la UE por las reticencias, sobre todo, de Francia. También las tuvo Italia y eso provocó un retraso en el calendario previsto inicialmente, que se había fijado esta votación para antes de Navidad. Finalmente, este viernes ha salido adelante por mayoría cualificada (al menos el 55% de países que representen al menos al 65% de la población de la UE). “Después de más de 25 años, esta decisión marca un paso histórico en el fortalecimiento de la asociación estratégica de la UE con Mercosur. En un momento de creciente incertidumbre mundial, es esencial que reforcemos nuestra cooperación política y profundicemos nuestros lazos económicos”, ha declarado Michael Damianos, ministro de Comercio de Chipre, país que preside este semestre el Consejo de la UE y, por tanto, coordinaba la votación.
I welcome today’s decision by the Council to approve the EU–Mercosur Agreement.
This agreement is good for Europe.
▪️ It delivers real benefits for European consumers and businesses.
▪️ It is important for the EU’s sovereignty and strategic autonomy – with this agreement, the…— António Costa (@eucopresident) January 9, 2026
“Doy la bienvenida a la decisión”, ha celebrado el presidente del Consejo Europeo, António Costa, que destacaba la importancia del acuerdo “para la soberanía y la autonomía estratégica de la UE”. En la misma dirección ha apuntado la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen: “Europa ha enviado una señal clara de que nos tomamos muy en serio nuestras prioridades: […] Nuestro compromiso con la diversificación de nuestro comercio y la reducción de nuestras dependencias, ante un mundo cada vez más hostil y transaccional”.
Este resultado ha sido posible porque Italia finalmente se ha decantado por el sí tras las concesiones hechas en los últimos días por la Comisión Europea. La primera ministra, Giorgia Meloni, lo ha justificado señalando que su país ha conseguido las cesiones de la Comisión que buscaba, informa Lorena Pacho. En cambio, Francia, Polonia, Austria, Hungría e Irlanda se han mantenido en el no; Bélgica, por su parte, se abstiene. España ha defendido el sí desde el principio y este viernes el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha celebrado el voto con un “AL FIN [sic]” en las redes sociales. Junto al voto positivo español, ha estado el de Alemania y el resto de Estados que han garantizado el respaldo para que Von der Leyen y Costa puedan viajar a Paraguay al acto protocolario de firma del acuerdo el próximo 17 de enero.
El paso que se da con esa firma será un capítulo importante en el largo camino de creación de la mayor área de libre comercio del mundo que empezó a negociarse en 1999, es decir en el siglo XX. 20 años después se logró el primer principio de acuerdo entre la Comisión Europea y los representantes de Mercosur, pero eso no fue suficiente para varios países de la UE, especialmente para Francia, un país con tendencia al proteccionismo que siempre ha rechazado este movimiento comercial. Tampoco lo fue para el Parlamento Europeo, que pedía más garantías medioambientales. Esto abrió la negociación otra vez hasta que se llegó a este nuevo pacto inicial que han ratificado este viernes los Estados miembros.
Para la Unión Europea, el área económica más abierta del mundo al comercio internacional, llegar a acuerdos con otras zonas del mundo se ha convertido en una necesidad comercial y geopolítica desde que Donald Trump volvió a la Casa Blanca. Lo demuestra lo sucedido en 2025, con la agresión arancelaria estadounidense (difícilmente puede calificarse de guerra una contienda en la que solo una parte dispara y eso fue lo que ocurrió), y en los pocos días que van de 2026, con el secuestro de Maduro y las amenazas constantes sobre Groenlandia. Y para afrontarlas la estrategia de Bruselas ha sido ampliar alianzas y acuerdos comerciales: en este camino, el pacto con Mercosur puede definirse como la joya de la corona.
Foto: Javier Díaz (EFE) | Vídeo: EPV
Con la ratificación de este viernes, no se despejan todos los obstáculos para que el acuerdo comercial cuente con la larga lista de vistos buenos necesarios desde el lado europeo. Se aclara un elemento importante y necesario, pero el texto también tiene que lograr la ratificación del Parlamento. Tampoco en esta institución de la UE está garantizado el respaldo. El significativo número de eurodiputados de grupos ultras que hay esta legislatura, el rechazo del grupo de La Izquierda y las dificultades que tendrán el resto de grupos parlamentarios para mantener una posición en bloque por los intereses nacionales auguran votaciones ajustadas en las que podrá darse cualquier resultado.
Dos elementos avalan la conclusión de que el paso por la Eurocámara del pacto comercial con Mercosur no será un paseo. Un contingente significativo de parlamentarios quiere llevar el texto al Tribunal de Justicia de la UE, lo que podría suspender la entrada en vigor del acuerdo y dilatar el proceso. Y, además, el presidente del grupo de extrema derecha Patriots, Jordan Bardella, ya ha anticipado su intención de presentar otra moción de censura contra la Comisión Europea por este acuerdo. Será la segunda de su grupo en una legislatura que apenas tiene un año y medio de vida.
El Ejecutivo comunitario ofrece una cantidad grande de datos para defender el acuerdo. El libre comercio con el bloque sudamericano, integrado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, ofrece el acceso a un mercado de 270 millones de habitantes y un PIB conjunto de unos 2,7 billones de euros. Calcula el Ejecutivo de la UE que el potencial de exportaciones podría aumentar en 84.000 millones y generar unos 756.000 empleos adicionales, beneficiando especialmente al sector automovilístico europeo −muy golpeado por la competencia de los vehículos eléctricos chinos− y a otras industrias, la química o la farmacéutica. También prevé que se mejoren las posibilidades de exportación para la agroalimentación al caer drásticamente aranceles como los del queso, en el 28%, el vino, en el 27%, o las bebidas espirituosas, 35%.
Ninguno de estos números, sin embargo, ha convencido al sector agrícola, que este jueves y aun este mismo viernes ha salido a protestar en diferentes partes del continente. Tampoco lo han hecho las salvaguardas semiautomáticas que se aprobaron a finales de 2025, en las que si se detectan distorsiones en el mercado interior −un incremento de importaciones del 5% sobre la media de los últimos tres años o caídas de precios del 10%− se abren investigaciones que pueden llevar medidas provisionales para amortiguar los efectos como la recuperación de los aranceles para los productos afectados. Ni siquiera ha bastado que la Comisión haya propuesto este semana adelantar pagos de la Política Agraria Común en el próximo periodo presupuestario (2028-2034) ni que se suspendan temporalmente las tarifas aduaneras de fertilizantes para el campo, abaratando un producto básico para la agricultura.































