Los jóvenes de la generación Z (entre los 15 y los 30 años aproximadamente) solo ven la hostelería como un empleo provisional. Al sector le reclaman horarios más previsibles, estabilidad laboral y mejores salarios para entrar a formar parte de sus plantillas, que actualmente aglutinan a 1,9 millones de ocupados de todas las edades con condiciones a menudo precarias, según el II Barómetro sobre Hostelería. El estudio, que han presentado este jueves en Sevilla la Fundación Cruzcampo y la Cámara de Comercio de la ciudad, señala que el 71% de los jóvenes encuestados ven la hostelería como un trabajo de paso; y el 87% exigen horarios más ordenados para tener vida más allá del trabajo.
¿Qué tiene que cambiar la hostelería para que la generación Z quiera entrar o quedarse en el sector? Mejores sueldos y planificación de horarios, un aprendizaje real, más formación con tutores y una progresión interna visible. España cuenta con unos 300.000 establecimientos en todo el país, entre restaurantes, hoteles y otros locales de ocio, que a menudo sufren la falta de personal. “Nos han dado un suspenso al trabajo en hostelería, no estamos conectando realmente con el público joven”, resume José Luis Rentero, socio director de Punto de Fuga, la empresa de análisis que ha realizado la muestra entre medio millar de jóvenes.
“El salario es un factor importante, pero no el principal. La gestión del tiempo pesa más que el salario”, ha subrayado Rentero. La base de cotización media en la hostelería ronda los 1.400 euros, según la Seguridad Social, y el salario anual bruto se sitúa de media en 23.138 euros, según datos del INE del verano pasado. En la hostelería, 1,42 millones de trabajadores sirven comidas y bebidas, 937.000 están en actividades de ocio y 324.000 desempeñan su labor en hoteles.
El 93% de los entrevistados exige al sector mejores condiciones laborales, y lo que más se reclama son los horarios (55%), seguidos del nivel de los salarios (54%) y de los turnos partidos (39%). Otro gran freno para incorporarse a la hostelería, frente a sectores como la construcción o el comercio minorista, es la mala gestión emocional y la falta de liderazgo que encuentran los empleados. El 50% se quejan del estrés y la presión que sufren, así como la falta de ayuda para gestionarlos. El 32% creen que no se valora el trabajo realizado y el 22% lamentan la falta de acompañamiento emocional de sus superiores. Justo detrás, los encuestados sitúan el escaso desarrollo de una carrera profesional (41%) y la falta de prestigio y reputación de la hostelería (40%).

“Los jóvenes vienen con otra mirada hacia el mundo laboral. No rechazan el esfuerzo, pero sí quieren un sentido, una evolución y un retorno. También el control del tiempo. Les desestabiliza mucho no tener control sobre sus vidas, eso se lo achacan a la profesión”, destaca Rentero sobre el barómetro de la Fundación Cruzcampo y la Cámara de Comercio de Sevilla, de ámbito nacional y realizado en febrero. Una de las jóvenes del vídeo de presentación, realizada este jueves, subraya: “Ayuda bastante saber tu horario, organizarte y no vivir siempre sobre la marcha. Claro que puedo tener un trabajo de paso, pero prefiero uno con futuro (…) Para retener talento hay que ofrecer tranquilidad y certidumbre”.
Entre los datos positivos, la encuesta revela que el 83% consideran que la hostelería “es un sector importante para la sociedad”, y el 73% que “crea muchas oportunidades” laborales, aunque no termina de responder a las demandas de los empleados más jóvenes. Estos quieren más estabilidad, tener un proyecto profesional con futuro, especializarse y contar con “un entorno de pertenencia, apoyo y comunidad”, según las conclusiones de la encuesta.
Raúl Cueto, empresario gaditano con una decena de establecimientos y 150 empleados en temporada baja y 300 en verano, achaca el principal freno a los horarios infernales que a veces se dan en la hostelería: “La gente joven y no tan joven demanda más tiempo libre. A mí no me da miedo la reducción de la jornada laboral porque la gente estará más tiempo en la calle y por tanto en los bares. Me beneficiaría. Todo el mundo quiere más conciliación familiar porque la sociedad lo está demandando”.
Otra conclusión de la encuesta es que los jóvenes carecen de “relatos que transmitan lo positivo” y de un recorrido profesional dentro de la hostelería. Quieren testimonios que les hablen en sus códigos y con relatos positivos, con ejemplos que pinten bien la hostelería, como un buen entorno de trabajo. “El mundo de la cocina sí lo ha hecho”, matiza Rentero como excepción dentro del sector.
Cueto es gerente del grupo Arsenio-Manila y representante de la federación gaditana Horeca en cafés, bares y tabernas: “Es muy importante tener una administración muy presente para satisfacer las necesidades que esta generación Z nos demanda (…) En la hostelería hay que medirlo todo, tenemos que cumplir mucha normativa sanitaria, laboral y fiscal. El control horario cuantifica cada minuto trabajado. Lo complicado del negocio es que los precios se afilan tanto para ser rentable, que hay que hilar muy fino”, detalla.
Regla Bejarano, directora de la Fundación Cruzcampo, con 17.000 alumnos ya formados en tres décadas, explica que encargaron el barómetro para entender las expectativas de los jóvenes: “Hay luces y sombras, pero el joven no da la espalda a la hostelería, sino que le pide un paso más hacia un modelo más planificado y estructurado con mejores turnos y días de trabajo. Con más especialización, acompañamiento personal, tener un líder arriba y formación para ver un proyecto a largo plazo”. “No rechazan el empleo en hostelería, sino que lo ven como un trabajo temporal”, añade.
El estrés laboral en la hostelería, sobre todo en la restauración, está muy presente en los últimos años. “Los jóvenes nos piden acompañamiento, mentores, que alguien esté pendiente de ellos y ejerza un liderazgo, les marque, les guíe y les vaya enseñando. En los locales hay picos de estrés que no son siempre cómodos. No les asusta tanto que esto suceda, sino no saber qué hacer cuando eso pasa y sentirse abandonados. Muchas veces te sueltan en un local, pero sin acompañamiento”, lamenta Rentero.






























