Los interrogantes que se plantean en el futuro de Venezuela tras la incursión militar de Estados Unidos y la detención del presidente Nicolás Maduro abren la puerta a una restructuración, aún incierta, de su deuda y a su regreso a los mercados de capitales. Una posibilidad que ha disparado más de un 30% el precio de los bonos venezolanos, que recuperan niveles no vistos desde que el país entrara en impago en 2017. La subida también la registra la deuda de la petrolera estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) al calor de la irrupción de los inversores oportunistas.

Los analistas consideran que la salida del gobierno de Venezuela de Maduro es uno de los condicionantes claves para una eventual reestructuración de la deuda del país. Nacho Zarza, de Auriga Bonos, detalla que “a pesar del cambio de escenario, las arcas del país y de la empresa están lejos de poder garantizar cualquier pago. Una reestructuración de la deuda emitida llevará tiempo, siempre y cuando un futurible cambio de gobierno así lo considere”.

Venezuela entró en suspensión de pagos (default en inglés) en noviembre de 2017. La caída de los precios del petróleo y la falta de confianza de los inversores internacionales en el modelo económico impulsado por Nicolás Maduro derivó en una crisis económica que provocó que el país entrara en situación de impago. Su deuda externa total alcanza los 170.000 millones de dólares, incluidos los bonos emitidos por PVDSA.

La mayor parte del pasivo estaba en 2017 en manos de Rusia y China, que han ido poco a poco canjeándolo por petróleo. El resto, unos 60.000 millones de dólares en bonos en dólares, se ha ido concentrando poco a poco en manos de un comité de acreedores internacionales desde que Estados Unidos levantara en 2023 la prohibición de la compra de bonos venezolanos por parte de inversores estadounidenses dentro de la lista de sanciones comerciales impuestas al país. Entre ellos están los fondos internacionales Ashmore, Fidera, VR Capital Group, T. Rowe Price y Fidelity, entidades financieras con experiencia en restructuraciones de países como Argentina o Ucrania. A esa cuantía se sumarían más de 40.000 millones en intereses devengados dado que desde 2017 el país ni ha recomprado las emisiones que han ido venciendo ni abonando el cupón correspondiente.

La fuerte caída de precio de los bonos venezolanos desde entonces ha venido despertando el interés de los inversores institucionales —los pequeños ahorradores tienen cerrada aún esta opción—, en especial de aquellos que buscan eventos o situaciones de arbitraje. Los bonos de Venezuela con vencimiento en 2027 han disparado su precio más de un 30% este lunes, si bien cotizan aún al 41% del valor nominal —la cantidad que teóricamente recibirá el inversor al vencimiento—, niveles no vistos desde julio de 2017. Esta deuda, que solo cotiza en mercados privados, llegó a colocarse al 13% en 2024 del nominal, muy lejos del 127% al que se situaba antes de que el país entrara en default. De igual forma, los bonos de la empresa petrolera PVDSA con vencimiento también en 2027 han subido hasta un 35%.

Una apreciación que ya se había ido produciendo en los últimos meses ante el aumento de las hostilidades estadounidenses: “Los bonos de Venezuela y PDVSA prácticamente duplicaron su precio durante 2025, pero aún deberían experimentar un fuerte repunte”, recuerdan los analistas de JP Morgan.

“Hemos estado defendiendo la compra de bonos largos para Venezuela desde febrero de 2024. Los bonos ya reflejan optimismo, pero aún tienen margen para subir a medida que la rápida expulsión de Maduro y el apoyo estadounidense sorprendieron al alza, en nuestra opinión”, explican los analistas de Citi en un informe.

Eso sí, también llaman a mantener la cautela. Zarza explica que la deuda de PVDSA es tratada desde hace años como “altamente especulativa”. En su opinión, aún “es muy pronto para saber como se irá llevando a cabo ese proceso de transición hasta que el pueblo venezolano pueda volver a elegir de forma libre a sus dirigentes, y cuál puede ser el resultado de esas futuras elecciones, si bien, parece que la situación de hoy para el país es mejor que la del pasado viernes, así como la de los inversores que decidieron tomar alguna posición en bonos de Venezuela o de su compañía petrolera estatal”.

En esta misma línea se sitúa Alejo Czerwonko, director de inversiones de mercados emergentes de UBS Global Wealth Management, que añade que “la persistente incertidumbre política, la alta probabilidad de una reestructuración de deuda prolongada y la visibilidad limitada sobre la capacidad de pago de Venezuela probablemente limitarán el alza en los precios de los bonos”.

El equipo de renta fija emergente de la gestora Invesco considera que la deuda venezolana podría continuar recuperándose en caso de que la situación política en el país fuera sólida y duradera, se reanudara la producción y exportación de petróleo y se visualizara un fuerte apoyo por parte de Estados Unidos y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Unos elementos que por ahora están lejos de una solución rápida, pero que han sido aprovechados por los cazadores de gangas para obtener sustanciales ganancias.



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