
Los ministros de Finanzas y de Energía del G-7 y los bancos centrales de los países del grupo (Estados Unidos, Japón, Canadá, Reino Unido, Francia, Alemania e Italia) han advertido este lunes que están dispuestos a adoptar las “medidas necesarias para mantener la estabilidad de los precios y la resiliencia del mercado energético” ante las subidas del precio del petróleo provocadas por el conflicto en Oriente Medio. Los ministros de las siete grandes economías occidentales se han visto por videoconferencia para abordar el impacto económico mundial de la crisis. Es la tercera reunión desde el inicio de la guerra de Irán, hace ya un mes, pero esta vez incluía a los bancos centrales de los países del grupo. Han sido convocados por Francia, que tiene actualmente la presidencia del G-7, y han participado también responsables de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
Un formato “inédito, por el número de participantes y por la gravedad de la situación”, según fuentes del Ministerio de Economía galo. Tras una reunión de más de dos horas y media, no han llegado anuncios concretos, pero se reiteró la necesidad de una respuesta coordinada “para preservar la estabilidad del mercado energético (…) y mitigar los efectos” del conflicto en la economía mundial y en el bolsillo de los ciudadanos.
En el comunicado conjunto, los bancos centrales recuerdan que “la política monetaria seguirá dependiendo de los datos” económicos, no de las decisiones políticas. Y se seguirá de cerca “el impacto de las presiones sobre los precios” de la energía en la inflación. “La presencia de los bancos centrales no es anodina, sobre todo en este periodo de alta inestabilidad”, señalan fuentes del ministerio francés de Economía.
El pasado 9 de marzo, el ministro de Economía francés, Roland Lescure, ya avanzó que el G-7 estaba dispuesto a liberar sus reservas estratégicas de petróleo, aunque precisó que aún no era necesario. El bloqueo del estrecho de Ormuz, corredor marítimo situado entre Irán y Omán que es clave para el tráfico mundial de petróleo y de gas, ha disparado el precio del crudo, provocando una de las mayores perturbaciones del mercado de hidrocarburos de la historia, según la propia AIE. Ante el temor a la escasez, pues los países productores del Golfo no pueden exportar por esta vía crucial, el barril de petróleo ha pasado la barrera psicológica de los 100 dólares por primera vez desde la invasión rusa de Ucrania. Por Ormuz circula una quinta parte del crudo que se consume y nunca había estado completamente cerrado.
Hace dos semanas, la Agencia Internacional de la Energía, que agrupa a los 32 principales países consumidores de petróleo, acordó liberar 400 millones de barriles de petróleo de sus reservas para tratar de frenar el pánico en los mercados y contener las subidas. Se trata de la mayor intervención de reservas de manera coordinada, una medida de excepción que se ha tomado pocas veces y que “ha permitido reducir la volatilidad del mercado”, según fuentes del ministerio francés de Economía.
El G-7, en su comunicado, “apoya los esfuerzos necesarios para mantener un suministro adecuado de petróleo y gas” y tiene en cuenta las opciones de la agencia “para gestionar la demanda, según las circunstancias de cada país, para aliviar a los mercados y limitar la volatilidad” de los precios. También insta a los países a abstenerse de imponer “restricciones injustificadas a la exportación de hidrocarburos”.






























