
La guerra en Irán está provocando una redirección de los flujos petrolíferos en todo el mundo a la que España no está siendo ajena. Según el informe de marzo de la Corporación de Reservas Estratégicas de Productos Petrolíferos (Cores), publicado este martes, las compras de crudo procedente de Oriente Próximo se desplomaron un 54,6% en el primer mes de guerra respecto al mismo periodo del año anterior, y solo representan ya un 4,8% del total, frente al 9,2% de hace doce meses.
El descenso, en pleno bloqueo del estrecho de Ormuz, se debe a que las compras a Irak pasaron de 266.000 toneladas en marzo de 2025 a cero este año. En cambio, las efectuadas a Arabia Saudí, el otro país de la zona del que España importa crudo, se mantuvieron prácticamente intactas, al estar siendo capaz de sortear parcialmente el bloqueo por la ruta del mar Rojo.
El reajuste está siendo intenso. El vuelco geopolítico ha impulsado un importante aumento de las compras de España a Libia, que crecen un 47,3%, convirtiéndolo en el principal suministrador individual. Casi uno de cada seis barriles de petróleo que adquiere España proviene del país africano. También repuntan las importaciones de México, que aumenta sus entregas un 12,8% y asciende al segundo puesto entre los países que abastecen a España. Cierra el podio Brasil, origen del 15% del petróleo comprado por España, aunque en su caso cae ligeramente la cantidad distribuida.
Pese a tratarse de una zona rica en hidrocarburos, Oriente Próximo no estaba, ni siquiera antes de la guerra, entre los mayores suministradores de petróleo a España, lo cual ha contribuido a espantar el fantasma de una escasez puntual, muy presente en áreas como el sudeste asiático, mucho más dependientes del crudo extraído por los países del golfo Pérsico.
Eso no ha evitado que España también haya sufrido las consecuencias de la crisis, porque la menor oferta disponible ha empujado los precios del barril de crudo en los mercados internacionales. Ese alza llegó rápidamente a las gasolineras, pero el Gobierno intervino con una rebaja impositiva para contener el encarecimiento del combustible.
Si se amplía el foco a zonas geográficas más amplias, África copó en marzo el 38% de las importaciones de petróleo españolas gracias a Libia, Nigeria y Argelia; Norteamérica, el 31,5% debido a México, EE UU y, en mucha menor medida, a Canadá; y América Central y del Sur, un 22,1% por el citado empuje de Brasil, secundada de lejos por Venezuela y Guyana. Estas tres áreas suponen, por tanto, más del 90% de las compras españolas.
En total, España redujo en marzo sus importaciones de petróleo un 13,8%, según Cores, autora del informe. La entidad está tutelada por el Ministerio para la Transición Ecológica, y está a cargo del mantenimiento de reservas de productos petrolíferos y el control de las existencias de gases licuados y gas natural.
Marejada en la OPEP
Los datos se conocen pocos días después de que se hayan producido movimientos relevantes en la Organización de Países Exportadores de Petróleo. La semana pasada, Emiratos Árabes Unidos, el cuarto productor del cartel tras Arabia Saudí, Irak e Irán, anunció que abandonaba la entidad. Y este domingo la versión ampliada del cartel petrolero comunicó que aumentará sus bombeos en 188.000 barriles diarios a partir de junio, un anuncio que tiene mucho de simbólico, dado que solo podrá cumplirse plenamente si es posible volver a navegar por el estrecho de Ormuz.
Tras la espantada de Emiratos Árabes, la capacidad de la OPEP de seguir marcando el precio del crudo ha quedado en entredicho, puesto que de los 10 mayores productores de petróleo del mundo, ya solo cuatro son miembros de pleno derecho de la organización (Arabia Saudí, Irak, Irán y Kuwait). España, de hecho, ya importa la mayoría de su petróleo de fuera de los países del cartel: en marzo supuso el 56% del total.































