La UE ya encara la recta final para poner en marcha su parte del acuerdo arancelario alcanzado con Estados Unidos el pasado julio. La madrugada de este miércoles, tras cinco horas de negociación, el Parlamento Europeo y el Consejo, los dos colegisladores de la Unión, han pactado darle el esperado visto bueno. Lo han hecho con el tiempo justo para que se cumplan los plazos que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, acordó con el presidente estadounidense, Donald Trump, en su última llamada telefónica el pasado 7 de mayo, tras las amenazas de este último de imponer aranceles del 25% a los automóviles europeos.

El acuerdo solo atañe a aquellas partes que precisaban cambios legales por parte de la UE. No toca, por tanto, los compromisos de inversiones y compra de materias primas, combustibles o material de seguridad y defensa que ha adquirido Bruselas con Washington. Los negociadores han añadido al pacto de Turnberry, la población escocesa donde se llegó al acuerdo el pasado verano, varias condiciones que avalan a priori las respuestas políticas que Bruselas pueda dar a posibles incumplimientos por parte de Estados Unidos. Se añaden las salvaguardas habituales de los tratados comerciales para proteger el mercado interior si hay distorsiones por incrementos de las importaciones. Y se desarrollan los puntos del acuerdo arancelario. En cambio, se deja una cuestión abierta: los aranceles del 50% al acero y al aluminio que impone Washington desde hace más de un año.

¿Cuáles son los plazos?

El acuerdo se aplicará de forma retrospectiva desde el 1 de agosto de 2025, unos días después del pacto alcanzado entre Trump y Von der Leyen en Escocia. Y los trámites deberán haberse completado antes del 4 de julio, día en que se cumplen los 250 años de la Declaración de Independencia de Estados Unidos. Todavía falta por conocer el texto de lo acordado esta madrugada, que tardará unos días. Esos documentos tendrán que aprobarse después por el pleno de ambas instituciones. En el caso del Consejo, puede ser bastante ágil. No se puede decir lo mismo del Parlamento, que tendrá que sancionarlo en su próxima sesión plenaria, entre el 15 y el 18 de junio.

Arancel del 15% para Europa

El acuerdo arancelario del verano cerraba varios de los frentes que Trump abrió en sus primeros meses de mandato, sobre todo el que él llamó falsamente “aranceles recíprocos”. Esas tasas suponían, en principio, que Washington iba a cobrar un 25% de derechos aduaneros a todas las importaciones procedentes de la UE, excepto al acero y el aluminio, a los que ya les cobraba un 50%.

El pacto de Turnberry redujo del 25% al 15% los productos europeos, todo un alivio para la industria automovilística alemana, especialmente, y, además, incluía en él las investigaciones que había abierto sobre importaciones de madera y productos forestales, semiconductores, productos aeroespaciales, productos farmacéuticos y minerales críticos. Buena parte de esos expedientes han ido concluyendo en estos meses y, pese a las dudas iniciales, Washington ha cumplido su compromiso y está aplicando el 15% también a estas importaciones.

En el marco general, el Tribunal Supremo de EE UU introdujo una distorsión importante. Los jueces declararon ilegal el procedimiento legal por el que Trump impuso los “aranceles recíprocos”. Al final, la Administración estadounidense viene a aplicar las mismas tasas por otra vía legal, esta temporal, a la espera de que el Congreso sancione su decisión.

Sin aranceles para las compras industriales a EE UU

Con el acuerdo arancelario, la UE se obligaba a dejar en el 0% las tasas a los productos industriales estadounidenses. Tampoco pagan a su llegada a Europa un grupo limitado de importaciones de productos agrícolas considerados “no sensibles”, como la soja, el aceite de soja, frutos secos o la langosta americana, el bogavante y ciertos tipos de pescado congelado. No están incluidos elementos mucho más “sensibles”, como la carne de vacuno, de cerdo o de ave.

Salvaguardas

El texto legal pactado esta madrugada incluye unas garantías por si la eliminación de estos aranceles hunde los precios en el mercado único y perjudica a productores locales. Si llega este caso, la Comisión tendrá que analizar la situación a petición de un mínimo de tres Estados miembros o puede hacerlo de oficio. Si concluye que se ha producido esa distorsión, puede llegar a suspender esa parte del acuerdo.

Estas salvaguardas son habituales en todos los acuerdos comerciales de la UE y son bastante más endebles que las incluidas en el acuerdo comercial de Mercosur. En este último caso, las garantías se pone en marcha el proceso de análisis de forma semiautomática cuando hay un incremento en las importaciones agrícolas del 5% en volumen sobre la media de los últimos tres años o una caída de precios del 5% en el mismo periodo.

El escollo del acero y el aluminio

En marzo de 2025 Trump impuso un arancel adicional del 25% a las importaciones de acero y aluminio procedentes de todo el mundo. Ese porcentaje subió poco después al 50% y ahí sigue. En el “comunicado conjunto” de Turnberry no se puso solución a este contencioso. Se hablaba de colaborar “para proteger a sus respectivos mercados del exceso de capacidad”, una referencia muy clara a China. También se hablaba de explorar soluciones “basadas en contingentes arancelarios”, es decir, cotas de productos exentos de tasas o con una tasa menor hasta cierta cantidad.

Diez meses después, esa solución no ha llegado y el conflicto sigue abierto. En el pacto alcanzado este miércoles por el Consejo y el Parlamento se fija el 31 de diciembre de 2026 como la fecha en que debe solucionarse el problema. Si llega ese momento y la situación actual se mantiene, la Comisión podría paralizar la aplicación del acuerdo.

Sin referencias a elementos no comerciales

El Parlamento Europeo paralizó las negociaciones del acuerdo en enero y febrero por las amenazas de Trump contra los países que ofrecieron ayuda militar a Dinamarca ante las ansias anexionistas del republicano sobre Groenlandia. Para ahormar una posición común, los diferentes grupos parlamentarios reclamaron que el acuerdo pudiera suspenderse si, de nuevo, resurgían amenazas de este tipo. Fuentes cercanas a la negociación apuntan que finalmente estas condiciones no van a aparecer de forma explícita en el texto final porque, de alguna forma, ya están incluidas de manera implícita en la posición del Consejo.

Fin del acuerdo

Lo acordado esta noche caduca el 31 de diciembre de 2029, unas semanas antes de que acabe el mandato de Donald Trump. No obstante, la Comisión puede prorrogar el pacto.



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