
También de la penuria puede surgir coraje. El Gobierno laborista del Reino Unido, empeñado en impulsar un crecimiento económico que se le resiste y amenazado en las urnas por la sombra de la ultraderecha, ya no tiene miedo a resucitar los fantasmas del Brexit. La ministra de Economía, Rachel Reeves, ha defendido este martes la necesidad de un mayor alineamiento de las normas comerciales británicas con las de Bruselas, una idea que ha sido durante estos años la bestia negra de los euroescépticos conservadores. Para ellos, acompasar la regulación nacional con la del bloque económico del que más dependen las empresas del Reino Unido era una muestra de vasallaje y renuncia a la soberanía.
“Ningún acuerdo comercial con una nación individual puede superar en importancia a la relación que tenemos con un bloque con el que compartimos incluso una frontera terrestre [en referencia a la frontera entre las dos Irlandas], cuyas cadenas de suministro y las nuestras están tan interconectadas, y que supone más de la mitad de nuestro comercio internacional”, explicaba Reeves durante una conferencia en la londinense escuela de negocios Bayes.
“Este Gobierno no va a dar marcha atrás al reloj”, decía, en una muestra de respeto a la decisión ciudadana de abandonar la UE, “pero queremos mirar hacia adelante, hacia una realidad nueva y estable. Como ha dicho el primer ministro, allá donde resulte favorable a nuestro interés nacional, nos alinearemos con la regulación de la UE”.
Reeves ha duplicado incluso las previsiones de retroceso económico que algunos organismos, como la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria, vaticinaban con el Brexit. Si la OBR (en las siglas en inglés) hablaba de una pérdida del 4% del PIB, la ministra ha citado nuevos “estudios independientes” que cifran la pérdida en un 8%.
Bruselas ha expresado este último año su voluntad de que la relación mejore, gracias al “reinicio” impulsado por el Gobierno de Starmer, que se concretó en un nuevo acuerdo de cooperación. Pero esta semana ha querido frenar el excesivo optimismo de Londres, a través del comisario de Comercio y vicepresidente de la Comisión, Maros Sefcovic, responsable de las conversaciones permanentes con el Reino Unido. “Si queremos cerrar un nuevo acuerdo [en la cumbre bilateral prevista para julio], habrá que cambiar de marcha y acelerar”, ha advertido.
Bruselas no está satisfecha con las condiciones establecidas por Londres para su reincorporación al programa Erasmus de intercambios universitarios, una de las reclamaciones más intensas de países europeos como Alemania. El Gobierno de Starmer no quiere reducir las elevadas matrículas que hoy cobran a los alumnos extranjeros las universidades públicas, en comparación a lo que pagan los estudiantes británicos.
Reeves visita España
Reeves viajará este miércoles a España, para participar en la primera edición del Diálogo de Comercio e Inversiones España-Reino Unido. La ministra británica de Economía se reunirá con su homólogo español, Carlos Cuerpo, y ambos mantendrán un coloquio público sobre el potencial de las relaciones entre ambos países, con un intercambio de bienes y servicios que hoy supera ya los 70.000 millones de euros anuales.
El encuentro, que se producirá en paralelo a un foro empresarial que concentrará a compañías relevantes de España y el Reino Unido, es el resultado directo del Marco Estratégico Bilateral que ambos gobiernos firmaron el pasado septiembre, cuando Pedro Sánchez visitó Londres.
El alto nivel político que ha querido darse al diálogo, con la presencia de los dos ministros de Economía, da una idea de la importancia que ambos países conceden a sus relaciones en la era post Brexit. El Reino Unido es consciente del potencial económico que tiene hoy España, con su actual crecimiento, como socio comercial, y las empresas españolas llevan ya años sosteniendo y aumentando sus inversiones en territorio británico, hoy por hoy el país con mayor inversión directa española después de Estados Unidos.
Por primera vez desde que se registran los datos de comercio exterior, las exportaciones españolas de servicios al Reino Unido en el último año han superado a las de bienes. Cerca de 27.000 millones de euros en el primer caso, frente a unos 24.000 millones en el segundo. Si bien de esos 27.000 millones cerca de 17.000 son servicios turísticos, los 10.000 restantes apuntan a un cambio de paradigma, que comenzó después de la pandemia, y que sugiere que la economía española tiene ahora más que ofrecer al Reino Unido que productos agrícolas o calzado. De hecho, los cuatro primeros sectores de exportación de bienes corresponden al sector agroalimentario, la automoción, los bienes de equipo y la industria química y farmacéutica.
Si el conjunto de exportaciones de la UE al Reino Unido aumentó un 0,7% en 2025, el de España subió un 4,5%.
El diálogo comercial que se celebra en Madrid se centrará en aquellas cuestiones que tanto Madrid como Londres quieren impulsar, como el comercio de servicios, la seguridad económica, la movilidad de trabajadores cualificados y el reconocimiento de cualificaciones profesionales.
El Gobierno español ya propuso a finales del año pasado una exención de visado para ciertos trabajadores cualificados, que realizaran visitas de menos de noventa días para prestar servicios, como explicó entonces la secretaria de Estado de Comercio, Amparo López Senovilla.
España quiere que el Reino Unido simplifique su actual sistema de patrocinio, que complica la llegada a este país de trabajadores cualificados que las empresas españolas necesitan constantemente para desempeñar sus tareas en territorio británico, pero el Gobierno del laborista Keir Starmer, presionado por unas encuestas que sitúan a la inmigración como el problema número uno para los británicos, se resiste a abrir cualquier puerta que suponga la entrada de más personas, a pesar de que la propuesta española, de carácter temporal, no sea en absoluto una cuestión migratoria.






























