La inflación en la zona euro ha dejado de ser un problema en 2025. Lo constata el aumento de precios del 2% con el que ha acabado el año, según ha publicado Eurostat este miércoles. Ya el año anterior había comenzado a estar bajo control. Pero en el ejercicio que ha acabado hace apenas una semana se ha confirmado de forma clara (a la espera de futuros cambios derivados de un contexto geopolítico tan volátil como en el actual).
2025 se presentaba como un año turbulento en lo económico por el anuncio que había hecho el retornado presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, de abrir una guerra comercial. Hay pocas cosas más oscuras en el horizonte para los precios. En marzo y abril se confirmó el anuncio. Y, en cambio, los temores no se confirmaron. Desde luego, la nula respuesta de la UE al aumento de los aranceles por parte de Washington ha puesto bastante de su parte. Al no subir las tarifas aduaneras a las importaciones procedentes de Estados Unidos y no golpear a sus servicios, los precios no sufrieron. Es decir, la débil respuesta europea acabó en una humillación geoestratégica −con escenificación en un club privado propiedad de Trump en Escocia− pero sin consecuencias sobre la inflación.
El 2% es el objetivo simbólico de inflación que tiene marcado el Banco Central Europeo casi de forma taumatúrgica y a tenor de lo que ha pasado en el año que acaba de finalizar la institución que preside Christine Lagarde ha hecho bien sus deberes. Ese incremento porcentual, aunque con altibajos a lo largo del ejercicio, ha sido la tónica habitual durante 2025. Esto también se observa en la media de los 12 meses del año: un 2,12%.
Una cifra de inflación del 2% en el índice general lleva a pensar que el BCE no tocará los tipos de interés en su próxima reunión del Consejo, el próximo 29 de enero. En junio, la máxima autoridad monetaria rebajó el precio oficial del dinero al 2% y ahí se ha mantenido desde entonces. Todavía es pronto para saber cómo impactan en la economía y las cotizaciones energéticas la captura de Nicolás Maduro en Venezuela, así que lo probable es la prudencia de dejar las cosas como están.
A mantener la inflación a raya durante el último mes de diciembre ha contribuido mucho la energía. Este componente, pese a no tener un gran peso en el conjunto de la estadística, sí que pone de su parte porque ha acentuado su bajada de precios: las cotizaciones cayeron un 1,9%. Además, es un suministro básico en el resto de actividades económicas y, por tanto, sus vaivenes acaban por llegar a las precios finales −y al índice de precios al consumo (IPC)− de una forma o de otra.
No obstante, también el resto de componentes del IPC se van acercando a cifras más próximas al objetivo general, como demuestra que la inflación subyacente, que elimina los productos con precios más volátiles (alimentos frescos, energía, tabaco y alcohol), se situó en un 2,4%, cifra encadenada durante tres meses. Solo la inflación de los servicios, un capítulo importante dentro del índice general, sigue manteniendo un incremento significativo, el 3%.
Por países, la rebaja en una décima se podía intuir tras conocer los datos de Alemania y Francia. En las dos grandes economías de la zona euro había bajado la inflación hasta el 2% y el 0,7%, respectivamente. También en España, donde se ha situado en el 3% tras perder dos décimas.































