Sobre la IA se cierne la alargada sombra de un «hype» (probablemente exagerado) que distorsiona probablemente la relevancia real de esta tecnología. No obstante, y pese al fragoroso ruido que aletea en torno a la IA, lo cierto es que esta tecnología trae bajo el brazo un cambio estructural muy serio. Así lo aseveró el inversor y experto en tecnología Philipp Klöckner en una ponencia pronunciada el pasado miércoles en el marco del festival Online Marketing Rockstars (OMR) celebrado en Hamburgo (Alemania).
En la percepción de la IA se superponen varias circunstancias que dificultan llevar a cabo un valoración real (y ajena al ruido) de esta tecnología, según Klöckner. En primer lugar, nunca antes una tecnología se había adoptado tan rápido a nivel mundial como la IA. Y tampoco nunca antes las grandes empresas tecnológicas había invertido tantísimo dinero en la infraestructura solapada a esta tecnología. Sin embargo, de manera simultánea «rara vez había existido tanta distancia entre los IA realmente hace a día de hoy y lo que la gente imagina que hace».
Al cisma entre la utilidad real de la IA y los «poderes» que la gente adjudica es esta tecnología contribuye la consistencia de dos narrativas diametralmente opuestas. Existe, por una parte, una visión casi mesiánica de la IA que cree a esta tecnología capaz de resolver todos los problemas y de crear verdadera abundancia y existe, por otra parte, una visión apocalíptica de la IA cuyos defensores argumentan que esta tecnología destruirá empleos de manera masiva, despojará de utilidad a los seres humanos de carne y hueso y escapará incluso al control de sus hacedores. ¿El problema? Que una y otra narrativas son excesivamente simplistas y no retratan adecuadamente la verdadera realidad de la IA.
¿Qué hay más allá del «hype» de la IA?
Lo que parece claro, dice Klöckner, es que, pese al «hype», la IA no es en modo alguno una moda pasajera. Así lo corroboran su crecimiento explosivo de usuarios, su integración en múltiples productos de uso cotidiano, las rápidas mejoras que se están produciendo en los modelos de la IA y sobre todo la magnitud de la inversiones que atrae esta tecnología. Empresas como OpenAI, Google, Meta, Amazon, Microsoft y Nvidia están invirtiendo cifras absolutamente colosales en la IA. Y si desembolsan miles de millones de dólares en esta tecnología, no es solamente por marketing, sino porque están realmente convencidas de que la IA cambiará de arriba abajo la economía digital.
De acuerdo con Klöckner, la IA brega a día de hoy con importante cuello de botella, pero ese cuello de botella está más emparentado con la infraestructura (chips, consumo eléctrico, capacidad computacional y acceso a datos) que con la idea en la que está anclas esta tecnología.
Trazando paralelismos entre el actual «hype» de la IA y la burbuja puntocom que se vivió en el año 2000, Klöckner considera en que ambos escenarios hay mucho ruido, pero debajo de tantísimo ruido se está gestando una revolución muy real. Y al igual que ocurrió hace ya un cuarto de siglo, es probable que muchas startups desaparezcan, que haya decepciones y haya promesas que se diluyan como un azucarillo, pero ello no impedirá a la IA seguir avanzando para acabar imbricándose con fuerza en casi todos los ámbitos de actividad.
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A la hora de efectuar un análisis verdaderamente objetivo de la IA, Klöckner insiste en que hay que poner en valor lo esta tecnología ya hace muy bien a día de hoy (tareas lengüísticas, síntesis, búsqueda contextual, programación asistida, automatización documental, generación de contenido, soporte al cliente y análisis de información) y también no perder de vista aquello que no hace tan bien (hablamos de una tecnología que a menudo alucina, comete errores, tiene problemas de razonamiento en tareas complejas y sigue siendo muy deudora del contexto y la supervisión humana). «Muchos modelos de IA impresionan muchísimo y parecen inteligentes, pero siguen siendo sistemas estadísticos limitados en muchos aspectos», subraya el inversor y experto en tecnología.
La IA terminará revelando un cambio estructural muy profundo
En cuanto al impacto de la IA en el mercado laboral, Klöckner no cree que esta tecnología vaya a destruir de golpe todos los puestos de trabajos, pero sí asumirá tareas concretas otrora asumidas por las personas de carne y hueso (redactar email, resumir documentos, hacer bocetos de diseños o ejecutar análisis rutinarios, por ejemplo). Y el cambio se traducirá en un notable aumento de la productividad que a la postre traerá consigo cambios en las estructuras profesionales, los perfiles profesionales, las políticas de contratación y también los salarios. «La IA no te reemplaza. Te reemplaza alguien que usa la IA mejor que tú», insiste Klöckner.
Aunque mucha gente contempla la IA como algo casi mágico y de naturaleza infinita, lo cierto es que esta tecnología se topa de bruces con un buen número de límites en el plano puramente físico (el consumo energético, la producción de chips, la escabilidad y los costes). Y en este sentido, el futuro de la IA estará en buena medida a merced de quién controle la infraestructura, quién tenga a acceso a energía barata y quién esté en posición de generar capacidad computacional de manera masiva.
Con la vista puesta en el futuro, Klöckner anticipa que la IA cortará tarde o temprano marras con el «hype» que la acompañado hasta ahora y que, una vez dejado atrás el «hype», dejará tras de sí un cambio estructural de primerísimo orden que dejará huella durante décadas como ya ocurrió en su día con internet en los años 2000.
El experto en tecnología profetiza que en los años venideros la IA estará integrada en todo, que producirá agentes autónomos capaces de ejecutar tareas, coordinar herramientas y automatizar procesos complejos (de naturaleza limitada, eso sí), que traerá consigo mucha consolidación en el ramo tecnológico (muchas startups pasarán probablemente a mejor vida), que dará alas a las productividad, y que se traducirá en cambios sociales lentos pero excepcionalmente profundos.































