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Fotografías, comentarios, “me gusta” o ubicaciones compartidas en redes sociales parecen gestos inocuos, pero en conjunto conforman un perfil digital extremadamente valioso para la ciberdelincuencia. Así lo señala Stratesys, consultora tecnológica especializada en ciberseguridad, que sitúa los datos personales de los jóvenes entre los recursos más explotados por los delincuentes digitales.
Cada rastro que se deja en Internet puede ser recopilado, analizado y utilizado con fines maliciosos. “Cuanta más información pública existe sobre una persona, mayor es la capacidad de los atacantes para manipularla, suplantarla o extorsionarla. Reducir la exposición digital es hoy una de las medidas de protección más eficaces”, afirma Javier Castro, director de Ciberseguridad de Stratesys. Menos datos disponibles, por tanto, implican menos material para estafas personalizadas, acoso o la creación de deepfakescada vez más realistas.
Los datos personales son la munición de la ciberdelincuencia moderna
Según Stratesys, los datos que los jóvenes comparten de forma cotidiana son utilizados como base para distintas amenazas digitales. La ingeniería social permite construir engaños altamente creíbles a partir de gustos, rutinas o relaciones personales. En otros casos, esa información se emplea para ciberacoso, mediante la manipulación o descontextualización de contenidos con un impacto psicológico severo.
Especial preocupación genera también el grooming, donde los depredadores digitales utilizan los datos disponibles para generar confianza, manipular emocionalmente a los menores y, en los casos más graves, derivar en abuso o explotación sexual.
La importancia de la educación digital más allá de la regulación
En el ámbito europeo existen marcos regulatorios sólidos en materia de protección de datos y se están impulsando medidas para limitar el acceso de los menores a determinadas plataformas digitales. Sin embargo, Stratesys advierte de que la legislación y las barreras técnicas no son suficientes por sí solas si no van acompañadas de una concienciación real.
“Las soluciones técnicas, como los sistemas de verificación de edad, son un primer paso necesario, pero no definitivo. Los jóvenes suelen encontrar la forma de sortear estas barreras. La protección real no está en prohibir, sino en comprender los riesgos y saber gestionarlos”, señala el director de Ciberseguridad de Stratesys.
La Compañía apuesta por un enfoque de defensa en profundidad, que combine herramientas de control parental entendidas como apoyo y no como vigilancia, el fomento del diálogo y la confianza en el entorno familiar, el desarrollo del pensamiento crítico digital y el equilibrio entre vida online y offline.
Hábitos digitales que exponen a los jóvenes a nuevas amenazas
A pesar de su familiaridad con la tecnología, muchos jóvenes cometen errores básicos de seguridad derivados de una falsa sensación de control. La reutilización de contraseñas, la sobreexposición de información personal y de geolocalización, la aceptación de contactos desconocidos o la falta de análisis de enlaces recibidos por redes y mensajería siguen siendo prácticas habituales que facilitan ataques de phishing y suplantación.
A estos riesgos se suma el uso creciente de herramientas de inteligencia artificial, donde los datos compartidos pueden emplearse para generar perfiles de comportamiento o alimentar campañas de manipulación y fraude.
Por ello, desde Stratesys subrayan la importancia de fomentar una cultura de protección de datos desde edades tempranas, basada en la educación digital y el pensamiento crítico, como primera línea de defensa frente a amenazas como la sextorsión o la creación de deepfakes.
Más información en la web de Stratesys






























