El consejero delegado de Repsol, Josu Jon Imaz, ha trasladado a la Casa Blanca el compromiso de la compañía con la inversión en el sector petrolero en Venezuela. “Estamos listos para invertir más en Venezuela y triplicar la producción allí en los próximos dos o tres años”, ha expresado el ejecutivo español, en el encuentro organizado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y los máximos dirigentes de las principales petroleras del mundo para debatir el papel del sector en la reconstrucción de la industria energética en Venezuela tras la detención de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos.

En su breve intervención, Imaz ha destacado la doble apuesta estratégica de Repsol: por un lado, su presencia en el mercado estadounidense y, por otro, su disposición a ampliar significativamente su papel en Venezuela. “Somos una empresa española, pero estamos totalmente comprometidos a invertir en Estados Unidos. Durante los últimos 15 años, hemos invertido 21.000 millones de dólares en la industria estadounidense de petróleo y gas”, ha comenzado Imaz.

“Estamos en Venezuela, con nuestros socios de Eni, y producimos el gas que garantiza la estabilidad de la mitad de la red eléctrica venezolana. Así que estamos comprometidos con esta estabilidad. Contamos con personal, instalaciones y capacidades técnicas. Estamos listos para invertir más en Venezuela hoy. Estamos produciendo 45.000 barriles diarios brutos, y estamos listos para triplicar esta cifra en los próximos dos o tres años, invirtiendo fuertemente en el país”, ha añadido el ejecutivo, dirigiéndose a Trump.

El mercado venezolano, con las mayores reservas de crudo del mundo, se presenta como una oportunidad intrigante para las grandes petroleras, aunque también plantea enormes desafíos. La infraestructura energética del país caribeño lleva años deteriorada por falta de inversión y gestión, y la revocación de licencias y permisos por parte de la Administración estadounidense ha complicado la operativa de empresas internacionales allí presentes.

En el encuentro de hoy también participaron gigantes del sector como Chevron, ExxonMobil, Shell y otros actores clave, y se exploraron las condiciones para un retorno o aumento de la actividad privada en Venezuela, cuyo potencial es enorme, pero está cargado de incertidumbres. Algunos directivos expresaron públicamente su preocupación por los riesgos políticos y legales que conlleva comprometer capitales tan elevados sin garantías estructuradas, en un país que ha expropiado activos en el pasado.

Los planes de Trump tras la detención de Maduro pasan por una revitalización de la industria petrolera venezolana apoyada casi exclusivamente en capital privado. El presidente estadounidense ha urgido a las grandes petroleras a movilizar hasta 100.000 millones de dólares en inversiones, sin aportación directa de fondos públicos, pero con el compromiso de Washington de ofrecer seguridad jurídica, protección política y respaldo a las compañías que entren en el país. El objetivo es recuperar la producción de una de las mayores reservas crudo del mundo. Pero también reforzar el control estadounidense sobre el flujo y la comercialización del petróleo venezolano, con un impacto directo en los precios de la energía y en el equilibrio del mercado internacional.



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