La multinacional sueca Ericsson ha comunicado oficialmente a su plantilla y a las organizaciones sindicales la intención de iniciar un nuevo procedimiento de despido colectivo en la filial española. Este ajuste, que se espera quede resuelto a finales de febrero de 2026, forma parte del plan de reestructuración a escala mundial que el gigante sueco viene sufriendo bajo el mando de su consejero delegado global, Börje Ekholm, y la paulatina pérdida de peso estratégico de España en el tablero europeo.

En la misiva remitida a los trabajadores, la dirección justifica la medida señalando que, “después de un análisis exhaustivo de la situación actual de la compañía, para asegurar nuestra competitividad en el complejo entorno actual en el que operamos y mejorar nuestra eficiencia, hemos tomado la difícil y necesaria decisión de iniciar un procedimiento de despido colectivo en Ericsson España”.

Esta decisión, que adelantó Cinco Días y fue negada entonces por la empresa, ha sido comunicada formalmente este lunes a los sindicatos, y busca redimensionar una estructura que actualmente cuenta con unos 2.260 empleados, estimándose una afectación de unos 300 profesionales, lo que representa aproximadamente el 13% de su fuerza laboral en el país.

Este movimiento se integra en una severa estrategia de reestructuración mundial. Bajo el liderazgo de Ekholm, Ericsson ya ejecutó en 2023 un drástico ajuste que afectó a 8.500 trabajadores en todo el mundo. Si bien en aquel momento el impacto en España fue calificado como residual, la presión por reducir costes operativos globales —con una meta de ahorro de 800 millones de euros— ha terminado por alcanzar a regiones que anteriormente habían quedado al margen de los recortes más severos. La corporación ha simplificado su mapa mundial, eliminando la antigua región ELA (Europa y Latinoamérica) y diluyendo la autonomía de la filial española. España, que tradicionalmente lideraba la región ibérica, ha quedado ahora integrada en el clúster de Europa Occidental, compartiendo estructura ejecutiva con Francia, Portugal, Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo.

Esta centralización ha tenido un reflejo directo en la cúpula directiva local. El relevo de Diego Martínez por Juan Olivera como consejero delegado y presidente del consejo de administración en España el pasado septiembre de 2025 simboliza este cambio de era. El cargo de Olivera ha sido definido como un perfil institucional y de representación ante el Gobierno, mientras que la verdadera capacidad ejecutiva y comercial ha pasado a depender directamente de la dirección regional, encabezada por el directivo francés Christian Leon.

El historial de ajustes de Ericsson en España es abundante: cinco ERE en quince años. Apenas en julio de 2024, la compañía cerró el último proceso de ajuste que se saldó con la salida de 321 trabajadores. Aquel acuerdo fue valorado por los sindicatos al lograrse bajo condiciones de “voluntariedad total”, con indemnizaciones de hasta 45 días por año y planes de prejubilación con rentas del 80% del salario regulado para los mayores de 55 años.

Los sindicatos se quejan de que mientras el grupo aplica estos recortes alegando necesidades de eficiencia global, la filial española cerró el ejercicio de 2024 con solidez, reportando un beneficio de 25,8 millones de euros (un incremento del 11%) y unas ventas de 538,1 millones.

Mercado español

El contexto del mercado español también ha precipitado este escenario. La consolidación de las operadoras —con la fusión MasOrange y la adquisición de Vodafone por Zegona— ha reducido el número de clientes clave y ha frenado la inversión en infraestructuras 5G. Ante este panorama, Ericsson ha manifestado que afrontará este nuevo proceso “con el máximo respeto por todas las personas trabajadoras y con el firme convencimiento de que la unidad en estos momentos difíciles nos ayudará a superar esta etapa y a seguir construyendo el futuro de la compañía”.

La dirección admite que “entiende la inquietud que este anuncio conlleva” y se compromete a gestionar el proceso de la forma más “transparente posible, cumpliendo en todo momento con los procedimientos y obligaciones legales aplicables”, mientras los sindicatos se preparan para una mesa negociadora que deberá dilucidar si la rentabilidad local de la filial justifica un nuevo recorte de esta magnitud.

Bajo el mando de Börje Ekholm, la multinacional ha pasado de una estructura descentralizada a una integración vertical extrema. El argumento central de esta reestructuración es la pérdida de relevancia estratégica de España. Históricamente, la filial española era el corazón de la región de Europa y América Latina, actuando como puente tecnológico y comercial con el continente americano. Pero con la salida de Telefónica -su principal cliente- de la mayor parte de Latinoamérica (Centroamérica, Argentina. Colombia, Ecuador, Perú y Uruguay), estrategia global, la región ha desaparecido: el negocio latinoamericano se ha integrado en la región de Américas (junto a EE UU y Canadá), dejando a España huérfana de su proyección transatlántica.

Ahora, la filial ha quedado relegada al clúster de Europa Occidental, donde comparte recursos y directrices con Francia, Holanda y Bélgica. Esta simplificación organizativa explica por qué, a pesar de que la filial española cerró 2024 con un beneficio de 25,8 millones de euros y un crecimiento del 11%, se ve arrastrada por la caída de ventas globales en la región EMEA.



Source link

Artículo anteriorComisión de Fiscalización se reunirá esta semana para conocer el pedido de juicio político al presidente del Consejo de la Judicatura | Política | Noticias
Artículo siguientecerradura inteligente fácil y segura