La política exterior del gobierno de Daniel Noboa se define, según sus propias palabras, por un principio de equilibrio: cooperación firme en seguridad con Estados Unidos, sin cerrar la puerta a socios comerciales clave como China, la Unión Europea o Japón.

Una estrategia que el mandatario defiende como pragmática, abierta y no ideológica, que no está cerrada solo al bilateralismo ni al multilateralismo.

No obstante, el planteamiento no es menor, según expertos, Ecuador, como una economía pequeña y altamente dependiente del comercio exterior, necesita diversificar sus relaciones internacionales, pero al mismo tiempo enfrenta presiones geopolíticas que dificultan mantener ese balance sin costos.

Asimismo, coinciden en que el éxito de la estrategia dependerá no solo de los acuerdos que se firmen, sino de la capacidad del país para sostener una línea coherente, fortalecer su economía interna y transitar entre las tensiones inevitables entre sus principales socios.

Análisis desde el comercio exterior

Desde el enfoque del comercio exterior, el analista Juan Xavier Gutiérrez considera que esta estrategia no solo es viable, sino necesaria. A su criterio, mantener relaciones abiertas con múltiples socios responde a una lógica básica de inserción internacional.

“El común denominador al momento de gobernar es llevarte bien con todos, sin importar tendencias. Lo importante es que los productos ecuatorianos lleguen a las mejores perchas del mundo”, sostiene.

Bajo esa lógica, un acuerdo comercial con Estados Unidos puede representar una oportunidad, sobre todo por los beneficios arancelarios y el acceso preferencial a un mercado clave. Sin embargo, advierte que estos acuerdos deben construirse con cuidado.

Para Gutiérrez, el éxito no está en firmar más tratados, sino en cómo se negocian. “Tienen que ser amigables y pensados a largo plazo, que beneficien incluso a futuras generaciones”, señala, insistiendo en que deben responder a una lógica de “ganar-ganar”.

En ese sentido, subraya que no debería existir una afectación directa en la relación con otros socios comerciales si se maneja adecuadamente la política exterior. Pero introduce un matiz clave: la apertura comercial también implica mayores niveles de competencia.

Esto obliga, dice, a un fortalecimiento interno de la economía. Sectores productivos como el agrícola o el industrial deberán invertir en tecnología, mejorar sus procesos y elevar estándares de calidad para competir en igualdad de condiciones con productos extranjeros.

“No debería haber una afectación directa si se maneja bien, pero sí una necesidad de mejorar para competir”, resume.

Así, desde esta perspectiva, la estrategia del Gobierno podría traducirse en oportunidades, siempre que vaya acompañada de políticas internas que preparen al país para ese nuevo escenario competitivo.

La perspectiva geopolítica del equilibrio

Pero el análisis cambia cuando se observa desde el ángulo geopolítico.

Para Santiago Pérez, analista internacional y docente de la Universidad Técnica Particular de Loja (UTPL), el enfoque de equilibrio que plantea Noboa es, en principio, la opción más realista para Ecuador, dadas sus condiciones estructurales.

“El país necesita a Estados Unidos en temas de seguridad, inteligencia e intercambio de información, especialmente frente al crimen organizado transnacional”, explica.

Sin embargo, advierte que cerrar la puerta a otros actores no es viable. “Ecuador no puede dejar de lado a China, la Unión Europea o Japón, porque allí también hay mercados, inversiones y financiamiento. Esa lógica de diversificación es clave”, añade.

En ese sentido, coincide en que el equilibrio es posible, pero introduce una advertencia central: el problema no está en la estrategia, sino en su ejecución.

Para Pérez, mantener este balance exige una política exterior coherente, profesional y consistente. De lo contrario, el riesgo es que el discurso de equilibrio se perciba como ambigüedad.

“El equilibrio puede funcionar, pero solo si se maneja con claridad y sin generar dependencias ni imposiciones”, señala.

Uno de los principales desafíos, explica, es que las grandes potencias no necesariamente aceptarán de forma indefinida esta separación entre seguridad y economía.

Desde la perspectiva de Estados Unidos, por ejemplo, podría tolerarse una relación comercial activa con China, pero esa tolerancia tendría límites, especialmente si el gigante asiático gana presencia en sectores estratégicos”, comenta.

En paralelo, dice que China tampoco reaccionaría de forma abrupta, pero sí podría ajustar su comportamiento. “Podría enfriar su disposición a invertir o financiar si interpreta que Ecuador se está moviendo hacia una subordinación estratégica con Estados Unidos”, explica.

En este escenario, el riesgo no sería una ruptura inmediata, sino una pérdida progresiva del margen de maniobra internacional del país.

A esto se suma un factor regional. Pérez advierte que la estrategia de equilibrio se desarrolla en un contexto complejo, marcado por tensiones diplomáticas y seguridad en la región.

Las relaciones con Colombia, por ejemplo, han atravesado momentos de fricción en temas fronterizos y comerciales, lo que añade presión a la política exterior ecuatoriana.

Además, señala que ciertas decisiones recientes podrían afectar la credibilidad del discurso oficial.

“Desde afuera, puede leerse menos como equilibrio y más como una política exterior securitizada, confrontativa y dependiente de coyunturas”, sostiene.

Esto podría traducirse en un debilitamiento de la capacidad de Ecuador para posicionarse como un actor confiable y predecible en el escenario internacional.

El costo de la cooperación en seguridad con Estados Unidos

Otro punto de preocupación es el posible costo de la cooperación en seguridad con Estados Unidos. Si bien reconoce que esta es necesaria, especialmente en inteligencia y operaciones conjuntas, plantea interrogantes sobre el nivel de dependencia que podría generar.

“¿Cuál va a ser el costo político o de dependencia? Esa es una pregunta clave”, señala.

El analista recuerda casos como el de Colombia, que recibió un fuerte apoyo económico y militar en el marco del Plan Colombia, pero bajo una lógica de alineamiento estratégico claro con Washington.

En ese sentido, advierte que Ecuador podría enfrentar presiones similares en el mediano plazo, especialmente si Estados Unidos busca consolidar una estrategia regional de seguridad que limite la influencia de actores extrarregionales como China.

Así, considera que aunque la estrategia del Gobierno es viable, no está exenta de riesgos.

Ecuador puede cooperar con Estados Unidos en seguridad y mantener vínculos económicos con China o Europa, pero solo si ese equilibrio se convierte en una política exterior coherente. De lo contrario, puede terminar viéndose como dependencia selectiva o ambigüedad estratégica”, apunta.

(I)



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