Crecer sin perder cercanía es uno de los grandes retos de las compañías creativas en plena carrera por escalar capacidad y músculo productivo. En el retail experiencial, donde los plazos se acortan y la ejecución marca la diferencia, mantener el control del proyecto, innovar en producción propia y conectar con las marcas desde la cultura y la comunidad se ha convertido en una ventaja competitiva real.
En este contexto, hablamos con Álvaro García García, director de New Business de Dejavu, sobre el crecimiento de la compañía, su apuesta por el modelo in-house, la expansión territorial y cómo ven el futuro del retail experiencial en un mercado cada vez más exigente.
Dejavu está creciendo en equipo, estructura y capacidad productiva. ¿Cómo mantenéis el trato cercano y personalizado que os caracteriza en esta nueva etapa?
Para mí eso es innegociable. Podemos crecer en metros, en maquinaria o en equipo, pero el cliente tiene que seguir sintiendo que habla con alguien que está dentro del proyecto de verdad.
Nunca me ha gustado la sensación de empresa grande donde todo pasa por mil filtros. Hemos crecido para tener más capacidad y más control, no para complicar las cosas. Cada proyecto tiene un responsable claro, alguien que da la cara y responde. Y cuando hace falta, estoy yo también.
Para nosotros el trato cercano no es solo ser amable. Es implicarte, contestar rápido, estar pendiente del detalle y anticiparte antes de que el cliente tenga que señalar algo. Eso no depende del tamaño, depende de la actitud.
Creo que crecer bien es que el cliente note que tienes más recursos y más estructura… pero que siga sintiendo la misma implicación que cuando éramos más pequeños. Para mí eso es fundamental.
Habéis invertido en infraestructuras propias como la nueva nave de lacado o la troqueladora de materiales como cartón pluma o Re-board. ¿Qué impacto tiene esta apuesta en creatividad, rapidez y control del proyecto?
En realidad son dos movimientos distintos.
El troquelado no es algo nuevo para nosotros. Ya trabajábamos esos materiales. Lo que hemos hecho ahora es ampliar y actualizar la maquinaria para poder asumir más carga y trabajar con más precisión cuando el proyecto lo exige. No es cambiar lo que hacíamos, es reforzarlo para que no se nos quede pequeño cuando el cliente aprieta.
La parte del lacado sí es un salto diferente. Ahí sí hemos dado un paso importante porque el acabado, en nuestro sector, cambia completamente la percepción del proyecto. Un color mal ajustado o una textura que no es la correcta puede arruinar una buena idea.
En cuanto a creatividad, influye más de lo que parece. Cuando sabes que puedes producirlo tú mismo, te permites proponer cosas que quizá antes habrías descartado por tiempos o por dependencia externa. Puedes probar, ajustar y decidir sobre la marcha sin convertir cada cambio en un problema logístico.
Y luego está la rapidez. Si hay que modificar algo a última hora, no estás esperando una respuesta de fuera. Lo haces.
Al final, lo que buscamos con estas inversiones no es producir más. Es tener más control y elevar el nivel de cómo hacemos las cosas.
En un contexto donde muchas empresas externalizan producción, ¿por qué apostáis por un modelo in-house y qué ventajas competitivas aporta al cliente?
No creemos que haya un modelo bueno y uno malo. Externalizar es una decisión válida. Nosotros simplemente hemos elegido otro camino.
Apostamos por el modelo in-house porque nos gusta tener el control de la ejecución. En nuestro sector los tiempos cambian, los proyectos evolucionan y siempre hay ajustes de última hora. Cuando la producción está dentro, reaccionas más rápido y decides con más margen.
Y también es una cuestión de simplicidad. Cuantas más manos intervienen, más fácil es que algo se diluya o se retrase. Cuando la producción está dentro, la comunicación es directa y las decisiones no se eternizan.
Para el cliente la ventaja es clara: más agilidad, más coherencia en la ejecución y una única responsabilidad. No es el camino más cómodo, porque implica más estructura, más presión interna y más responsabilidad, pero creemos que es el que mejor encaja con el nivel de exigencia con el que queremos trabajar.
La apertura de la nueva oficina en Barcelona supone un paso importante en vuestra expansión. ¿Qué oportunidades detectasteis en este mercado y qué objetivos perseguís con esta presencia territorial?
Barcelona fue algo bastante natural. Ya estábamos trabajando allí, ya íbamos con frecuencia y cada vez tenía menos sentido operar como si estuviéramos de paso. Si quieres hacer proyectos en serio en un mercado, tienes que estar.
En nuestro sector la proximidad no es un detalle, cambia completamente la dinámica. Poder sentarte en una reunión con rapidez, visitar una agencia sin que sea una logística compleja, reaccionar en horas y no en días… eso marca la diferencia.
Además, hay algo que solo entiendes cuando estás dentro, la confianza es distinta cuando formas parte del entorno. Dejas de ser “los que vienen” y pasas a estar en la conversación habitual. Tenía bastante sentido dar el paso.
La sostenibilidad es cada vez más relevante en retail marketing. ¿Cómo se traduce en decisiones reales dentro de Dejavu, desde materiales hasta procesos productivos?
La sostenibilidad es importante, pero también creemos que hay que abordarla con sentido común. Trabajamos en un sector que muchas veces es efímero. Un stand o una activación no están pensados para durar años, y decir que todo es 100% sostenible sería poco realista. Lo que sí intentamos es tomar decisiones más responsables en cada proyecto.
Por ejemplo, trabajamos con sistemas como BeMatrix, que nos permiten reutilizar estructuras y reducir el impacto frente a fabricar desde cero cada vez. Apostar por sistemas modulares cambia mucho el planteamiento.
También contamos con la certificación Eventsost, que nos obliga a revisar procesos, materiales y proveedores bajo ciertos criterios. No es solo un sello, es una forma de estructurar mejor cómo trabajamos.
Y luego hay algo que a veces no se menciona tanto, el modelo in-house también tiene un impacto. Cuando externalizas en cadena, multiplicas transportes, intermediarios y movimientos innecesarios. Al producir gran parte dentro, reduces desplazamientos y tienes más control sobre materiales y residuos.
No somos perfectos, pero sí intentamos que cada proyecto esté mejor pensado que el anterior. Para nosotros la sostenibilidad no es una campaña, es una forma de ajustar procesos de manera constante.
Cuando una empresa trabaja por primera vez con Dejavu, ¿qué es lo que más le sorprende del proceso y qué valoran especialmente para volver a confiar en vosotros?
Lo que más sorprende la primera vez es la sensación de control. Muchas agencias están acostumbradas a coordinar varios proveedores para sacar un proyecto adelante. Cuando trabajan con nosotros y ven que prácticamente todo está dentro, el ritmo cambia. Las decisiones se toman más rápido, los ajustes no se convierten en un drama y los cambios de última hora se resuelven sin tanta fricción.
También suele llamar la atención lo fluido que es el proceso. No hay demasiados interlocutores ni cadenas eternas. Hablas con nosotros y se ejecuta. Y cuando vuelven, una de las cosas que mas valoran es precisamente eso, que pueden soltar parte de la carga. No necesitan estar preguntando cada día en qué punto está todo. Saben que si algo se complica, lo vamos a gestionar y a dar la cara.
Al final, más que sorprender por algo espectacular, creo que lo que genera confianza es que las cosas pasan como tienen que pasar. Y que cuando surge un imprevisto, sabemos estar a la altura.
A medida que crece la estructura, ¿qué aprendizajes habéis tenido sobre liderazgo y cultura interna para mantener agilidad e innovación?
Tenemos muy claro que esto es un negocio de personas. Dependemos del equipo para que el resultado salga bien. Y en un sector como el nuestro, que es exigente y tiene picos fuertes, eso se nota todavía más.
Por eso intentamos cuidar mucho el equipo. No porque quede bien decirlo, sino porque si la gente no está bien, el proyecto lo nota. Hay semanas duras, montajes complicados y momentos de presión, pero intentamos que haya buen ambiente y que la gente tenga autonomía para hacer su trabajo.
La mejor prueba de que algo estamos haciendo bien es que tenemos muy poca rotación. En un sector donde la gente cambia constantemente, nosotros llevamos años trabajando con prácticamente el mismo equipo. Eso para mí es más importante que cualquier indicador.
A nivel liderazgo he aprendido a soltar. Si quieres crecer no puedes estar en todo. Tienes que confiar y dejar espacio. Si no, te conviertes en el cuello de botella.
Y con la innovación pasa algo parecido. No la tratamos como un eslogan. Somos curiosos. Vamos a ferias, vemos cosas, hablamos mucho con proveedores y hacemos muchas pruebas en taller. De todas esas pruebas, hay cosas que nos convencen y las vamos integrando poco a poco en lo que hacemos. Al final se trata de crecer sin perder la agilidad que teníamos cuando éramos más pequeños.
Mirando al futuro, ¿qué tendencias tecnológicas o creativas crees que marcarán el retail experiencial y qué papel quiere jugar Dejavu en ese escenario?
Creo que el retail va cada vez más hacia comunidad. Las marcas que realmente están creciendo no solo venden producto, construyen entorno, generan identidad, conversación y pertenencia. Lo estamos viendo en marcas como Nude Project: el espacio físico no es solo un punto de venta, es un punto de encuentro.
En ese contexto, las pop-ups experienciales y los espacios efímeros van a ganar todavía más peso. Son formatos más vivos, más flexibles y permiten activar comunidad sin la rigidez de una tienda permanente.
Pero la clave no es solo montar algo llamativo. Es entender muy bien la marca, su público y su lenguaje. Qué mueve a su comunidad, qué tipo de experiencia esperan y cómo quieren sentirse cuando entran en ese espacio. Cuando tienes eso claro, el diseño cambia completamente.
Lo físico y lo digital ya no se separan. Los espacios nacen pensados para vivirse allí y para compartirse fuera. Son más visuales, más instagrameables, pero sobre todo más coherentes con la identidad de marca.
Nuestro papel es entender bien cada marca y traducir su universo en espacios que conecten de verdad con su comunidad. No hacer algo bonito porque sí, sino algo que tenga sentido para quien lo va a vivir.





























