Por segunda vez en poco más de cuatro años, la dependencia energética de Europa amenaza las costuras económicas del continente. El caos en el Golfo Pérsico provocado por la ofensiva de Estados Unidos e Israel sobre Irán y la respuesta de Teherán está disparando el precio del petróleo y, sobre todo, del gas natural ante las crecientes amenazas sobre el suministro. La referencia europea para el precio del gas natural, el contrato TTF negociado en los Países Bajos, se dispara un 40,8% ante la paralización de la producción anunciada por Qatar. El emirato, segundo exportador de gas licuado del mundo, ha detenido la industria al ser atacada por un dron iraní la terminal de portuaria Ras Laffan.
Es una de las mayores subidas en la historia de este mercado; el 24 de febrero de 2022, el día de la invasión rusa de Ucrania, el precio se disparó el 51%. Como entonces, la violenta subida de hoy refleja el miedo del mercado a una interrupción del suministro, pero también un precio muy volátil y dado a las emociones fuertes: pasó de 25 euros en los meses previos a la invasión de Ucrania a más de 300, antes de volver al entorno de los 30.

Antes que las plantas de gas cataríes, ya se había paralizado la producción de la refinería de petróleo saudí de Ras Tanura, una de las mayores del mundo, atacada por otro dron enviado por Teherán, a lo que se suma el bloqueo efectivo del estrecho de Ormuz, por el que desde el sábado han dejado de circular tanto los superpetroleros y como los barcos de gas licuado (GNL). Así, el precio del petróleo Brent (referencia en Europa) sube un 7,25% hasta los 77,7 dólares por barril, y el del West Texas, el 8% hasta más de 72,3.
Es la extensión del conflicto a otros países del Golfo lo que está agudizando el miedo a que el mundo no pueda contar con su principal fuente de petróleo y gas, pues a través del estrecho de Ormuz fluye alrededor de una quinta parte del comercio mundial: 14,5 millones de barriles de petróleo viajan por el estrecho cada día, más de 10 veces el consumo de España. El 90% de las exportaciones se dirigen a Asia, pero el impacto en precios es global, pues los compradores de todo el mundo deben procurarse una materia prima imprescindible. La vía entre Omán e Irán, de apenas unas decenas de kilómetros en su parte más estrecha, no ha sido físicamente bloqueada, pero las empresas navieras y los transportistas de petróleo han congelado sus operaciones.

Hasta el momento, la masiva movilización militar en la región apenas había alterado los precios energéticos, que tomaban como referencia la Guerra de los 12 Días de junio del año pasado entre Israel e Irán. Pero la magnitud del ataque de Estados Unidos e Israel este fin de semana y la respuesta iraní (usando drones baratos y fáciles de fabricar sobre instalaciones de terceros países) han roto con esta complacencia. El cambio es particularmente agudo en el mercado del gas licuado. Goldman Sachs calcula que el precio del gas en Europa se puede duplicar si el cierre de Ormuz se prolonga un mes. ING, por su parte calcula que el precio del Brent podría fortalecerse “hacia los 100 dólares por barril y, en última instancia, los 140 en el peor de los casos, si se producen interrupciones significativas y prolongadas en el suministro”.
Jorge León, jefe de análisis geopolítico de Rystad Energy, apunta que a menos que surjan señales de una distensión, “prevemos un aumento significativo en los precios del petróleo”. Este analista estima un rango para los precios de entre 85 y 90 dólares por barril. En este contexto, la decisión de la OPEP+ de acordar un aumento de la producción de petróleo de 206.000 barriles diarios queda en un segundo plano: gran parte de este aumento de oferta aún debe salir del Golfo Pérsico en buques cisterna.
En ese escenario, la barrera psicológica de los 100 dólares por barril no parece ahora tan alejada. Samy Chaar, economista jefe de Lombard Odier, baraja dos contextos para el conflicto: uno, “de escalada limitada y de incremento limitado del precio del petróleo”. El segundo, que no es el escenario principal, “es un choque petrolero global, con un cierre prolongado del estrecho de Ormuz y una fuerte confrontación militar, lo que llevaría a un aumento de hasta 50 dólares por barril en el precio del petróleo”.
Especulaciones estratégicas
A partir de aquí, las previsiones entran en el análisis estratégico. La gestora de fondos alemana DWS apunta a que, con la presencia militar actual en la región, se espera que la operación dure aproximadamente una semana. “Prevemos que el Brent se cotizará en el rango de 80 a 90 dólares por barril al menos durante la próxima semana”, señalan por su parte los expertos de Citigroup. “Nuestra perspectiva base es que el liderazgo iraní cambie, o que el régimen rectifique lo suficiente como para detener la guerra en una o dos semanas. O que Estados Unidos decida desescalar el conflicto tras haber visto un cambio de liderazgo y un retroceso en el programa de misiles y nuclear de Irán”, añade este banco de inversión. En este sentido, el banco de inversión francés Natixis apunta que el Gobierno de EE UU “tiene poco interés en prolongar el conflicto”, y recuerdan el posible impacto de la inflación en las elecciones de EE UU.
La clave volverá a estar en el desbloqueo del estrecho y la velocidad a la que se recobre el tránsito normalizado de buques. “Consideramos que el ritmo de la recuperación del tráfico a través de Ormuz y el alcance de las represalias iraníes serán clave para el precio del petróleo en los próximos días”, señalan los analistas de UBS en una nota. JP Morgan calcula que, en caso de bloqueo prolongado, los estados del Golfo tienen capacidad para almacenar petróleo durante 25 días antes de tener que parar su producción.
El Golfo Pérsico asiste a su conflicto internacional de mayor magnitud en dos décadas tras la invasión de Gaza por parte de Israel en 2023 y toda la sacudida regional que también provocó ese episodio. Las ramificaciones del ataque decretado por EE UU e Israel, más el riesgo de guerra asimétrica que representan los drones, han convertido en tangible el riesgo de bloqueo del suministro energético, que hace una semana era una entelequia. Quedan días y semanas críticos para comprobar en qué medida cristaliza.






























