
El Ibex ha terminado de sacudirse todos los complejos en este inicio de 2026. Ha estado años cotizando por detrás de sus vecinos europeos, que bastante antes de la pandemia ya habían logrado recuperar los máximos previos al zarpazo de la Gran Crisis Financiera. El máximo histórico del Ibex alcanzado en noviembre de 2007 seguía siendo imbatible hasta que cayó en octubre.
Como sus vecinos, el Ibex ya se mueve con naturalidad en zona de récords, ahora en un entorno que le es más favorable y en el que está recuperando el tiempo perdido. También juega con el favor de unos inversores internacionales que habían tenido a la Bolsa española fuera del radar y que ahora encuentran en el Ibex un refugio ante el convulso panorama global.
El Ibex se perdió el rally bursátil de la inteligencia artificial, castigado por no contar con líderes tecnológicos. El dinero fluía en abundancia hacia Wall Street, pero es ahora que la Bolsa estadounidense flaquea —bajo la presión de los erráticos aranceles de Trump y las dudas sobre la IA— cuando los inversores encuentran en la renta variable española un destino en el que diversificar su cartera con relativa tranquilidad. El peso en el índice de las grandes compañías exportadoras, que sufren más los aranceles, es menor que el que acusan el Dax alemán o el Cac francés. Y en ausencia de gigantes tecnológicos, el Ibex tampoco sufre por las dudas sobre cuándo se podrán rentabilizar las millonarias inversiones en la IA. Sí canaliza en cambio el apetito inversor por la nueva tecnología de manera más indirecta, a través de las eléctricas que tendrán que abastecer la fuerte demanda que requiere la IA y de los constructores de centros de datos, como ACS.
La Bolsa española cuenta con sólidos representantes de tendencias de futuro como la transición energética y con clásicos como la banca, auténtico sostén del rally. El alza en Bolsa de los bancos ha vuelto a darles un peso que no tenían desde antes del estallido de la burbuja inmobiliaria.
La banca supone ya un 40% del selectivo, un nivel de concentración que también lo hace más frágil ante sobresaltos futuros. La morosidad está a raya y el crecimiento económico es sólido, pero asoma un eslabón inquietante dentro del sistema financiero: la opacidad del crédito privado, que está calando con fuerza entre los particulares. Es para muchos el gran riesgo actual del mercado. De momento, la estabilidad financiera está muy lejos de ponerse en duda. Pero si en algún momento tiembla, los bancos, y con ellos el Ibex, serán los primeros en llevarse el golpe.






























