La guerra en el golfo Pérsico empezó hace poco más de una semana y “ya está afectando a los bolsillos de los españoles”. Esto lleva al Gobierno, ha explicado el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, a preparar medidas que amortigüen ese impacto, que se está notando, sobre todo, en los precios de la gasolina y el gasoil. Por eso, el titular de Economía ha sugerido que las primeras ayudas llegarán al transporte profesional “porque la subida de costes [en este sector]” se traslada al resto de productos y acaba por arrastrar consigo la inflación. Cuerpo no ha dado más detalles, justificando que “hay que tener en cuenta la enorme volatilidad de la situación” en los mercados de materias primas.

Esa volatilidad de la que habla el ministro español tiene una explicación: la guerra ha explotado en una región del mundo clave para el abastecimiento energético. Por el estrecho de Ormuz pasan el 20% del petróleo y del gas licuado que se produce en el mundo. Estos números ayudan a entender claramente el nerviosismo en los mercados o por qué el habitualmente contenido comisario de Economía, Valdis Dombrovskis, ha dejado una advertencia explícita a la entrada del Eurogrupo, que tenía el análisis de la situación como punto destacadísimo en el orden del día: “En un escenario benigno, en el que el conflicto dura dos semanas, no tendría consecuencias significativas para la economía mundial y europea”.

Pero la situación se oscurecerá si dura más tiempo: “Si se prolonga con interrupciones en el transporte marítimo en el estrecho de Ormuz y con ataques a la infraestructura energética en los Estados del golfo Pérsico, podría terminar provocando una importante crisis inflacionaria en la economía mundial y europea, con un aumento de los precios de la energía y la propagación de la inflación generalizada y efectos negativos en la confianza, interrupciones en la cadena de suministro y condiciones de financiación más estrictas”.

“Es importante trabajar para reducir la tensión del conflicto lo antes posible”, ha reclamado el político letón, porque como ha señalado al acabar la reunión, “los ataques persistentes contra las infraestructuras energéticas y de transporte pueden exponer a la economía mundial a una crisis de estanflación a largo plazo”. Aunque sí que ha pedido “mantener la cabeza fría” porque todavía “es muy pronto para especular sobre las implicaciones políticas específicas”.

La duración del conflicto, que ya va por su segunda semana, es un elemento determinante para saber de qué magnitud será el golpe económico. Tanto Dombrovskis como Cuerpo lo han subrayado. Solo en los primeros días ya comienza a verse dónde está el flanco por el que las bombas, misiles y drones que caen a diario ahora en Oriente Próximo pueden arrastrar a la economía mundial a esa “importante crisis inflacionaria”. En España, por ejemplo, el litro de gasolina ha subido en los primeros días de este conflicto bélico 15 céntimos; el de gasoil, el combustible que utilizan los transportistas, 28 céntimos.

Y no solo se nota en las gasolineras, también está afectando al precio de fertilizantes y plásticos, ha desglosado el ministro español. “A partir de aquí, como ha señalado el presidente del Gobierno, lo que va a hacer el Gobierno español es proteger a los ciudadanos, a las empresas y a los trabajadores”, ha continuado.

Para elaborar esos planes de protección, el Ejecutivo español se asienta en “las lecciones aprendidas” en 2022, cuando Rusia invadió Ucrania y las fuentes de abastecimiento del gas natural para la Unión Europea empezaron a secarse y se dispararon las cotizaciones. Ahora el problema es otro: no hay mucho riesgo en el suministro —por el momento— se trata más bien del impacto de las cotizaciones. El barril de brent, la referencia del crudo en Europa, ha superado los 100 dólares este lunes. La subida es muy significativa, aunque Cuerpo ha tratado de contextualizarla al señalar que esos 100 dólares de 2026 equivalen a unos 85 dólares de 2022.

“Todavía estamos lejos de los niveles de la guerra de Ucrania“, ha apuntado Cuerpo. Entonces el gas se llegó a pagar a 351 euros por MWh en Europa; este lunes se cambiaba a 58 euros. Pero ese es el espejo en el que se mira el Gobierno español —y al que muchos miran en la UE— para pensar en la respuesta en forma de políticas y ayudas públicas que amortigüen el golpe: «Tenemos claras cuáles son las medidas que pueden implementarse y vamos a ir poniéndolas sobre la mesa en función de cómo se vaya desarrollando la situación. Tenemos este libro ya de lecciones aprendidas de Ucrania», ha indicado el ministro.

Nadie olvida lo que sucedió hace ahora cuatro años: las botas de los soldados rusos entraron en el país vecino; las cotizaciones del Gas Natural −principalmente− se dispararon a niveles insólitos; y la inflación, de la mano de los altísimos precios de la energía, se disparó hasta los dos dígitos. Hubo que remontarse hasta los años setenta, cuando otra guerra en Oriente Próximo, provocó lo que se conoce en los libros de Historia como la Crisis del Petróleo de 1973, que elevó la inflación muy por encima del 10%.

Como ha señalado Cuerpo, la coyuntura actual todavía está muy lejos de eso y hay muchas más herramientas al alcance de los Gobiernos para responder (todavía no se ha echado mano de las reservas estratégicas para tratar de apaciguar a los mercados). Pero cada día que pasa sin que dejen de caer bombas complica la situación.



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