El Fondo Monetario Internacional (FMI) da un nuevo espaldarazo a España en la actualización de sus previsiones económicas. Los técnicos del organismo han elevado en tres décimas el crecimiento previsto para 2026, hasta situarlo en el 2,3% (frente al 2% estimado en octubre) y otras dos décimas el calculado para 2027. El dato resulta una décima más optimista que el vaticinado por el Gobierno a finales de año (2,2%), y posiciona a la economía española, de nuevo, como la locomotora de la zona euro. En el conjunto de las economías avanzadas, sin embargo, emerge un campeón tal vez inesperado: Estados Unidos, que ha roto la ortodoxia del libre mercado y puesto en jaque al mundo, ve mejoradas sus perspectivas para este año en tres décimas y se convierte en el más dinámico del grupo, con una expansión prevista del 2,4%, lo que arrebata a España la plaza que había ocupado dos años consecutivos.
La cuarta economía de la zona euro presenta unos niveles “robustos” de consumo e inversión privados que, según el Fondo, continuarán apoyando el crecimiento en 2026 y 2027. La expansión se explica en buena medida por el aumento de la fuerza laboral por la vía de inmigración, pero también de la mayor participación de esta fuerza laboral y los servicios relacionados con el turismo.
Las nuevas proyecciones se han presentado este lunes en Bruselas, sede de la OTAN y capital de una Unión Europea que se está tentando los ropajes ante las andanadas trumpistas. En forma de aranceles u operaciones militares, Washington está liquidando el orden internacional que ha regido en la economía internacional en los últimos 80 años, y el Fondo es precisamente de esos organismos multilaterales nacidos tras la Segunda Guerra Mundial, los consensos de Bretton Woods, para mantener la estabilidad. Apenas unas horas antes de la rueda de prensa, Europa respondía a las amenazas arancelarias de Trump por Groenlandia con fuertes represalias comerciales.
El economista jefe del Fondo, Pierre-Olivier Gourinchas, ha llamado a encontrar una “solución amistosa” del conflicto que mantenga en marcha los flujos comerciales. El libre comercio forma parte del ADN de esta institución y, aunque se cuidó de dar consejos ante una situación tan explosiva, advirtió del “grave riesgo” que supone una escalada entre dos gigantes económicos.
“Si entramos en una fase de escalada y políticas de ojo por ojo, el efecto en la economía sería más adverso”, señaló, para abundar: “subir los aranceles dañará a todas las partes que las suban y pondrá presión en la actividad global”. Por último, remachó con ese viejo credo de Washington que parece hoy papel mojado: “Una guerra comercial no tiene ganadores”.
El informe de enero del FMI no menciona al presidente estadounidense, pero su sombra se proyecta de forma alargada a lo largo de las páginas, como cuando el texto apela a salvaguardar la autonomía de los bancos centrales respecto del poder político.
“La independencia de los bancos centrales es primordial para la estabilidad macroeconómica y el crecimiento económico”, dice el fondo unos días después de que la fiscalía haya activado una investigación contra el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, interpretada mayoritariamente como un paso más en el intento de injerencia de Trump sobre la autoridad monetaria del país. En la presentación ante los periodistas este lunes, el economista jefe respondió sobre este riesgo con cifras concretas: “Desgraciadamente, las amenazas sobre los bancos centrales están aumentando”, apuntó, y añadió que una credibilidad mermada que provoque expectativas de inflación más elevadas podría reducir en un 0,3% el resultado global en 2026.
El Fondo también abordó los efectos de la escalada arancelaria sobre la economía, menos perjudicial de lo temido en abril, con el primer anuncio de la Casa Blanca, y mejoró en dos décimas la expansión mundial prevista para este año, tras un cierre de 2025 mejor de lo previsto.
El crecimiento mundial se situará en el 3,3% para este 2026, frente al 3,1% que se esperaba hace tres meses. Y en el 3,2% para 2027, sin cambios respecto a esos últimos cálculos. El impulso de las inversiones relacionadas con la inteligencia artificial, unidas a unas políticas fiscales y monetarias eminentemente estimulantes del crecimiento, están compensando la disrupción comercial y la incertidumbre.

El PIB global avanzó un 2,4% de forma anualizada en el tercer trimestre del año, gracias en buena medida al acelerón de Estados Unidos —cuya economía se expandió el 4,3% espoleada por la tecnología—, y alguna sorpresa positiva en la zona euro, como la mejora de ventas del sector aeroespacial de Francia, que elevó su crecimiento al 2,2%. Por contra, la debilidad de las exportaciones volvió a condenar a Alemania al estancamiento en ese mismo periodo. El FMI destaca también que España y el Reino Unido se vieron beneficiadas por el aumento de inversiones tecnológicas, si bien no en la misma medida que Estados Unidos.
La primera potencia se ha beneficiado del fin del cierre de la Administración por las discrepancias políticas y un buen arranque de año, que, sumado a las rebajas fiscales para las empresas, han cambiado los vaticinios de los economistas.
Para la zona euro, sin embargo, el panorama sigue muy parecido, con un crecimiento previsto del 1,3% este año y un 1,4% en 2027, una leve aceleración que asume un efecto positivo del plan de recuperación alemán y que sigue el fuelle de España e Irlanda. China también ha visto revisada al alza su previsión de 2025 en dos décimas, del 4,8% al 5%, gracias a los programas de estímulos, y la de 2026 en tres, hasta el 4,5%.
El mundo, en definitiva, muestra un año más su resistencia en un periodo que invita a pensar todo lo contrario. Desde la salida de la pandemia, la economía global ha afrontado una espiral inflacionista no vista en 40 años, una subsiguiente subida abrupta de los tipos de interés, una guerra en suelo europeo, una escalada de precios de la energía y ahora un giro proteccionista trascendental por parte de la primera potencia económica. Las previsiones del FMI se han realizado sobre la base de la política comercial del momento, lo que significa que las proyecciones de este lunes están diseñadas en función del escenario de diciembre. El arancel medio efectivo de Estados Unidos se situó en el 18,5% en dicho momento, muy similar al de octubre, cuando se publicaron las previsiones anteriores (18,3%).
Lo que ocurrirá no solo a lo largo del año, sino a lo largo de este enero, es una incógnita, como demuestran los últimos anuncios de aranceles a Europa con motivo del conflicto por Groenlandia. La incertidumbre, asume el FMI, continuará “elevada” este 2026, si bien otros factores supondrán un alivio. Los precios de la energía descenderán un 7% y los precios del petróleo seguirán contenidos y a la baja, según las estimaciones, realizadas antes de la intervención estadounidense de Venezuela.
El aroma a incertidumbre planea sobre todo el trabajo de perspectivas del Fondo, como ocurre con todos los servicios de estudios, y la estabilidad de los datos de corto plazo no deja tranquilos a los técnicos de la institución, que siguen reclamando una mayor disciplina fiscal en los países con el fin de prepararse ante cualquier sacudida en los mercados de deuda. A su juicio, elevar el potencial de crecimiento a largo plazo, a través de las reformas, sigue siendo la receta más adecuada para el futuro incierto. Y, en el caso europeo, cita la necesidad de avanzar hacia el mercado único.






























