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Una crisis global azota el mundo: no nacen niños. El fenómeno que estaba asociado a sociedades muy industrializadas y ricas ya se registra con fuerza en Latinoamérica y otras regiones en desarrollo. Los expertos se preguntan la razón mientras crece la preocupación sobre cómo sostener una población envejecida.

Qué hay detrás

☃️ En España se lleva décadas hablando del invierno demográfico, el término con el que se bautizó la crisis de natalidad que comenzó a registrarse a mediados de los años ochenta. (La cohorte más grande de niños nació entre 1975 y 1976). En Asturias, pionera de muchos inviernos, se registraron más fallecimientos que nacimientos en 1986 y desde entonces ha registrado cuarenta años de saldo vegetativo negativo, esto es, más gente muere que la que nace con la consiguiente pérdida de población. En la actualidad, 45 provincias españolas tienen saldo negativo y solo se salvan Almería, Murcia, Sevilla, Madrid y Barcelona en su mayor parte por atraer a migrantes.

🇰🇷 Alemania, Austria y algunas zonas de Italia como Liguria arrancaron su invierno demográfico en la segunda mitad del siglo XX, siendo pioneras del fenómeno del envejecimiento en Europa. (Cabe recordar que el babyboom español va retrasado en algo más de una década con respecto al resto del continente). Fuera de Europa, el otro país desarrollado que comenzó a recortar natalidad fue Japón, y le siguieron casi todos los asiáticos industrializados, con especial incidencia en Corea del Sur que tiene una de las tasas de fecundidad (el número de hijos que nace por mujer) más bajas del mundo: 0,98.

🇺🇲 La tendencia, por tanto, tiene más de medio siglo de vida pero se ha vuelto a poner de moda entre los economistas por dos acontecimientos. Estados Unidos tuvo una caída muy brusca de la natalidad a principios de los setenta (en línea con las grandes economías europeas) pero se recuperó, en buena parte por la gran apertura a la inmigración. De hecho, volvió a tocar el nivel de la denominada tasa de reemplazo —2,1 hijos por mujer de forma que puedan sustituir a sus dos progenitores— en 2007 para volver a caer tras la crisis financiera y registrar su mínimo histórico hace un par de años alrededor del 1,6.

Esta caída coincide con que de forma global, de media, el mundo desde 2023 tampoco alcanza la tasa de reemplazo, lo que apunta a un futuro de elevado envejecimiento e, incluso, decrecimiento de la población.

Hasta hace muy poco el fenómeno era desigual y se explicaba por el desarrollo económico y la entrada de la mujer en el mundo laboral. Pero la tendencia actual, que se está acelerando, se registra en prácticamente todo el mundo, salvo algunos países concretos del África sub-sahariana donde se percibe solo una ralentización. La mayoría de los países de Latinoamérica que aún tienen mucho camino hasta lograr niveles altos de Estado de bienestar, han visto precipitarse sus tasas de fecundidad, siendo la región con la tendencia más acusada del problema.

Qué va a pasar (y qué piensan los economistas)

👴🏻 Aunque hay quién abraza las teorías del decrecimiento, hasta que se reduzca la población —algo que podría empezar a suceder a partir de 2055 con la tendencia actual según los cálculos del economista Jesús Fernández-Villaverde— un mundo envejecido es un mundo mucho más difícil de gestionar. No solo por el recurrido debate de la sostenibilidad de las pensiones. Una sociedad vieja es menos innovadora, tiene menos propensión al riesgo, al emprendimiento y a cambiar las cosas lo que terminaría mermando la riqueza en su conjunto. Si son más los que no trabajan, el gasto en sanidad y en cuidados presionará muchísimo las cuentas públicas, eso en los países desarrollados que tienen red de protección. Pero como la tendencia es transversal, ¿Cómo subsistirán las sociedades envejecidas que aún no tienen redes de protección social? ¿Cuál es el futuro de los mayores en Latinoamérica?

El último número de la revista Política Exterior aborda desde muchos ángulos este problema y recoge cifras como que la mitad de las personas mayores en el Sur Global tienen que seguir trabajando porque no tienen acceso a un sistema de protección. Si además los países más ricos tiran de migrantes para cuidar a sus mayores, habrá un trasvase de jóvenes que todavía dejará más desasistidos a los países emergentes.

Política Exterior desgrana otros riesgos, como los geopolíticos ya que históricamente la población ha dado riqueza y poder. Además, la tendencia a tener menos hijos arrancó entre la población blanca, y aunque ahora ya se ha comenzado a revertir, el cambio en la composición de la población en países como EEUU ha calentado los fenómenos populistas y nacionalistas.

Para encontrar una solución los expertos tienen que encontrar primero la causa del problema, y aún no hay un consenso de cómo se ha llegado hasta aquí, aunque sí varias teorías más o menos confluentes en la vida moderna.

Hace unos días un artículo en el FT de John Burn-Murdoch —el Kiko Llaneras del Financial Times— levantó muchísimo revuelo en redes sociales. El artículo apuntaba a la aparición de los teléfonos móviles como uno de los catalizadores de la caída de la fecundidad, especialmente en los países emergentes. El artículo da muchos datos para soportar esta posibilidad de forma amplia y es una lectura muy recomendable pero simplificando, recoge otras elucubraciones anteriores sobre que el uso de las redes sociales ha exportado el modelo de vida de los países ricos a los pobres. Así que las jóvenes de países en desarrollo tampoco quieren tener hijos.

Ha sido en esas mismas redes sociales donde se ha discutido profusamente el artículo por parte de muchos hombres economistas que han aportado sus teorías. Con una llamativa ausencia: los trabajos que explican parte de esta misteriosa desaparición de los niños y que han tenido el reconocimiento de un Premio Nobel, la teoría de los roles de género de Claudia Goldin.

Goldin ha tenido la amabilidad de contestar a un correo en el que le preguntaba por el rol de las redes sociales en la caída de la fecundidad para decirme que no es un factor que haya tenido en cuenta en sus estudios. La razón, que es la principal crítica al artículo de Burn-Murdoch, es bastante obvia: la tendencia comenzó casi sesenta años antes de que aparecieran los móviles listos, así que la causa no puede ser esa. De hecho, un estudio en Alemania apuntaba a que la aparición de la banda ancha favoreció la natalidad porque permitió a las mujeres teletrabajar.

En sus trabajos Goldin explica que el factor estructural común en todo el mundo es el aumento de la autonomía, educación, empleo y derechos reproductivos de las mujeres, lo que les ha otorgado capacidad de decisión e independencia. Pero en sus últimas investigaciones van más allá y elabora la hipótesis del desajuste: las expectativas de las mujeres sobre los hombres no logran hacerse realidad. Cuando las mujeres incrementan su autonomía e invierten en su educación y carreras, se enfrentan al problema de que los hombres (apoyados en dinámicas institucionales y familiares tradicionales que les benefician) se muestran reacios a asumir la misma carga de trabajo doméstico y del cuidado de los hijos.

🙅🏻‍♀️ Eso explica en parte porqué las sociedades con valores patriarcales pero que alcanzaron antes del desarrollo económico, como Italia, Japón y España y con cierto decalaje, Corea del Sur y Grecia, son las abanderadas de la caída de la fecundidad. Las mujeres de estos países habrían abrazado la independencia moral pero no lo habrían hecho sus pares. De hecho, este desajuste de expectativas se vería en el paso previo a tener hijos. Cada vez más mujeres prefieren quedarse solteras, según Goldin porque no existe un mecanismo para que los hombres demuestren un compromiso creíble y ex ante de que serán padres corresponsables.

Un reciente estudio de Funcas (la Fundación de las Cajas de Ahorros), con datos del INE calcula que el 3,3% de los bebés de madres nacidas en España en 2024 se registró sin datos del padre, frente al 1,2% en 2007. La tendencia se incrementa con la edad y en mujeres de más de 44 años el porcentaje se ha duplicado, del 3,6% en 2007 al 7,6% en 2024.

En un artículo anterior del Financial Times firmado en esta ocasión por Martin Wolf (que es un gurú muy respetado) se recogía el trabajo de Goldin y se aportan datos sobre cómo ha caído drásticamente el número de parejas en EEUU: las nacidas a partir de 1950 comienzan a optar por no emparejarse pero la tendencia se acelera y es especialmente drástica entre las que no tienen estudios superiores, algo contraintuitivo con el habitual enfoque de que las más ambiciosas en sus carreras tienen más que perder y prefieren quedarse solas.

También se incrementa la proporción de mujeres que no tienen ningún hijo, lo que otro economista español que ha estudiado con profundidad el asunto demográfico, Jesús Fernández-Villaverde de la Universidad de Pennsylvania, califica de margen extensivo. Las que tienen hijos suelen tener varios, pero cada vez hay más mujeres que no tienen ninguno. Villaverde defiende (aquí una entrevista muy reciente) que el colapso demográfico es resultado de una multiplicidad de factores, entre los que hay que contar el económico, pero apoya la teoría del papel de las redes sociales como “acelerador” de la tendencia ya que ha contagiado con las normas sociales de Occidente a los países emergentes y la tendencia se percibe en cualquier etnia y religión (con la excepción de los judíos de Israel). La llegada de los valores feministas o aspiracionales se transmite con las redes sociales antes de que los mercados laborales estén maduros y aunque las mujeres en estos países aún no tienen un acceso real a estudios superiores o altos puestos laborales, tienen claro que ya no quieren trabajar para sus maridos.

En los hilos de las redes sociales que han hablado de este tema se puede leer varias veces la palabra egoísmo, referido a que las mujeres han antepuesto sus carreras, y también hedonismo, las nuevas generaciones fértiles prefieren invertir en ellas. Por eso es muy interesante el enfoque de una de las economistas españolas expertas en esta materia, Libertad González (Universidad Pompeu i Fabra y la Barcelona School of Economics), que junto con Giulia Brisselli (ESCP) se ha preguntado en una investigación, “¿Están las actitudes de los hombres frenando la fertilidad y las carreras profesionales de las mujeres?”.

👫🏻 González dice que hay que cambiar la óptica del debate, que actualmente recae en ese supuesto egoísmo de las mujeres. El problema es que los hombres no han avanzado con los tiempos y no quieren asumir el cambio de rol encargándose de la misma parte (recuerde que siempre se habla en términos generales y agregados y ojalá las excepciones fueran la norma). El estudio propone una narrativa diferente a la habitual: el factor crítico y menos valorado es la actitud de los hombres respecto a su propia participación en el trabajo doméstico y el cuidado de los hijos.

💰 Las autoras plantean un modelo donde los hijos representan un bien público dentro de la pareja. Dado que trabajar en el mercado genera ingresos individuales (consumo privado) y cuidar a los hijos consume tiempo, ambos miembros preferirían que el otro se encargue de la casa para maximizar su propio bienestar laboral. Si el hombre se ampara en una norma social para negarse a realizar tareas domésticas, el resultado óptimo para la mujer es reducir la cantidad de hijos para poder mantener un nivel de consumo privado mínimo trabajando en el mercado.

📈 La validez de las teorías de Goldin y González se refrenda en parte porque los países nórdicos, que son los que han desplegado antes políticas laborales y económicas de apoyo a la igualdad, y durante años han logrado contener la caída de la fecundidad. Contener no es conseguir que regrese a tasas por encima del reemplazo, y de hecho en los últimos dos años los nacimientos han vuelto a caer. Pero en términos generales se podría decir que hay una evolución en U de las tasas de fecundidad, donde la liberación de la mujer provoca al inicio una caída brutal de los nacimientos, luego se aplana y finalmente se logra una recuperación. La tendencia de la caída de la fecundidad ha empezado a revertirse en rentas altas y en mujeres con estudios superiores (que fueron las primeras que se apearon de ser madres).

Se han recogido ya datos en Suecia registrando este fenómeno en el que a mayor renta disponible más hijos (hasta el número cuatro). El grupo con la tasa de fecundidad más baja en Suecia (incluidas las tasas más altas de infecundidad involuntaria) ya no son las mujeres ejecutivas con altos ingresos, sino los hombres y mujeres con bajos ingresos. Una mayor riqueza se ha convertido, de hecho, en un requisito previo para ampliar la familia y por eso se han comenzado a retirar políticas públicas de subvención a las familias numerosas ya que pueden ser regresivas.

Lucía Gorjón, economista y directora de ISEAK (el centro de investigación económica de referencia en Euskadi), también ha estudiado con cuidado este asunto, aunque enfocado al caso del País Vasco. Gorjón ve que el problema no es sólo cuántos hijos se tienen, sino cuántos se desean y no se consiguen, la llamada infecundidad no deseada. Alrededor de 1 de cada 3 personas en edad fértil en España, según datos del INE, desean tener más hijos de los que tienen. “Esto indica que la baja natalidad no es solo una cuestión de preferencias, sino de barreras reales”, dice.

🤰🏻 Las razones que más se citan por parte de las afectadas por esta expectativa frustrada son tres: la falta de recursos económicos, la falta de una pareja adecuada y las causas naturales o de fertilidad. “Un hallazgo relevante es que las mujeres con estudios superiores no tienen menos hijos porque no los quieran: entre ellas predominan las causas naturales como barrera principal. Esto sugiere que la relación clásica entre nivel educativo alto y menor natalidad se explica en gran parte por un aplazamiento de la maternidad —por razones de carrera laboral y proyecto vital— que después se convierte en una barrera biológica. No es que no quieran: es que cuando se ponen, ya es más difícil”.

En cambio, entre mujeres con menor nivel educativo, la barrera principal es la falta de recursos económicos. Las barreras de conciliación y proyecto vital también son más frecuentes entre quienes ya tienen hijas o hijos, entre personas con estudios superiores y entre mujeres. Además, en general, la falta de recursos es la barrera más transversal que afecta a todos los colectivos, dice Gorjón. En 2016, el Centre d’Estudis Demogràfics (UAB) publicó un estudio con datos muy similares, que en aquel momento apuntaban a que la generación de mujeres de 1975 sería la más infecunda de la historia, y solo el 5% lo haría por expreso deseo.

Otra de las teorías más extendidas, y de alguna forma la más economicista, es que tener hijos ya no es una riqueza sino una pérdida de oportunidades. Económicamente no sale a cuenta. Héctor Cebolla, demógrafo del CSIC, dice que la modernidad se ha confabulado para que se tengan menos hijos. “Con la modernidad vienen empaquetadas muchas cosas, la mayoría buenas, pero la más importante me parece la expansión educativa, esto es, tener menos hijos pero de mejor cualidad, invirtiendo más en cada niño, especialmente en educación”. Esta “expansión educativa” de la que sobre todo se han beneficiado las mujeres jóvenes, que en la mayoría de los países ya tienen mejor cualificación que los hombres.

🤳🏻 Cebolla comparte que las redes sociales pueden ser un mecanismo de aceleración de un proceso previo pero no su origen y subraya como ya con registros de 2018 (en los inicios del bum de las redes sociales) se podía ver cómo los jóvenes de todo el mundo se reconocen así mismos de forma muy similar, como protagonistas de su vida y muy autónomos. “Es una característica de la modernidad, los jóvenes alrededor del mundo se han estandarizado, y las cajas de resonancia de las redes sociales pueden haber contribuido”.

En esta coctelera de la infecundidad se suman otros agravantes como la crisis de la vivienda, los salarios bajos —que encarecen el coste de oportunidad de tener hijos— o la incertidumbre que sienten los jóvenes por los efectos del cambio climático, pero son todos elementos que surgieron en la sociedad al menos tres décadas después del inicio de la caída de la natalidad. Pueden contribuir pero no son el manantial de la tendencia. En este reciente y extenso artículo de The New York Times se ponía el acento en la falta de expectativas de los jóvenes ante el futuro para no tener hijos.

El cambio dentro de la composición de la tendencia, con las mujeres sin estudios y menos renta como el grupo con menos hijos, nos dice también que los factores detrás del fenómeno pueden haber fluctuado aunque el resultado final sea el mismo: nacen menos niños.

Quién gana y quién pierde

⬇️ Mujeres

Los datos dicen que con las circunstancias adecuadas, la maternidad sigue siendo un anhelo para muchas mujeres que no logran cumplir. Como sociedad, no se ha encontrado la fórmula para que alcancen sus expectativas.

⬇️ Pobres

Las mujeres ricas (muy ricas) han vuelto a tener hijos, porque pueden pagarse cuidadoras o se pueden permitir dejar de trabajar en algunos periodos.

⬇️ Latinoamérica

Muy pocos países tienen sistemas de pensiones con coberturas generalizadas, y por supuesto no hay red social. El envejecimiento de sus poblaciones es una bomba de relojería.

⬇️ Los tigres asiáticos

China, que tuvo el mayor experimento e ingeniería social de la historia con la política de hijo único, se enfrenta al decrecimiento de la población en el futuro, combinado con el envejecimiento. Para el país será un reto seguir siendo una potencia pujante con esa base poblacional,en la que faltan mujeres y tendrá que tirar de tecnología para suplir sus carencias. En positivo, las mujeres solteras chinas están más que empoderadas, son un bien escaso y preciado. Japón y Corea del Sur registrarán disminuciones severas de la población que achicarán su papel en el mundo.

⬇️ Los jóvenes

La gerontocracia les hará más difícil reivindicar su parte del pastel, con mercados muy orientados a la población adulta. Con el tiempo, al ser un bien tan escaso sí podrán revalorizar su figura.

↗️ Nativismo, natalismo y populismo

Los partidos conservadores han agarrado la bandera de la natalidad desde una perspectiva equivocada. El repunte de las mujeres florero en EEUU terminará causando rechazo a la media de las jóvenes.

↗️ La industria de la fertilidad

El sector de las clínicas de fertilidad está viviendo un auténtico bum en los países desarrollados. La mitad de los ciclos de fertilidad se realizan bajo el negocio de las firmas de capital riesgo que están invirtiendo en esta industria que recibe subsidios en muchos países. El mercado de la reproducción asistida en el mundo puede mover alrededor de 46.000 millones de dólares y para 2034 se calcula que se duplicará.

↗️ La industria de las citas online

Ojo porque estas empresas han sufrido un revés en los últimos años al acusar la fatiga de los usuarios por un modelo tan frío y despersonalizado de selección. Pero la principal empresa del sector, Match —dueña de 40 app de citas, entre ellas Tinder— está trabajando en un plan para recuperar a los jóvenes. Por lo pronto, en el primer trimestre de 2026 mejoraron sus ventas un 4%, sorprendiendo al mercado, y dispararon su beneficio un 42%.

↗️ La industria del wellness

En este estupendo reportaje de NEGOCIOS, se explica cómo la soledad (en su mayor parte indeseada) está disparando una industria variada alrededor del bienestar y del yo.

La cifra: 31%

Un tercio de los hombres de la Generación Z —los nacidos entre 1997 y 2012— creen que las mujeres tienen que obedecer a los hombres. Este escalofriante dato lo registró Ipsos con encuestas en más de 30 países alrededor del mundo. Como para ponerse a tener hijos con ellos. Solo un 13% de los babyboomers piensan lo mismo. Como reacción, The Economist ha documentado un nuevo fenómeno: los hombres blancos se mudan a países donde consideran que las mujeres son complacientes.

El concepto: trabajo codicioso

La Nobel Claudia Goldin acuñó este término —Greedy Jobs en inglés— para definir un tipo de trabajo muy exigente en el que el salario por hora aumenta en función del número o el tipo de horas trabajadas (tardes, fines de semana, festivos). Estos trabajos son muy frecuentes en la estructura capitalista y son los que penalizan a las mujeres, ya que son incompatibles con la maternidad..

La frase

“El colapso demográfico se ha convertido en el calentamiento global para la nueva derecha”, dijo Malcolm Collins en una entrevista a Politico en 2025.

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