Tras la intervención de EE UU en Venezuela de principios de mes y el pulso lanzado por la eventual anexión de Groenlandia, crece la preocupación en el Banco Central Europeo (BCE) por los efectos de un incremento de la tensión geopolítica y su impacto sobre la economía y las finanzas. Por ello, el regulador ha iniciado un test de estrés, cuyos resultados se publicarán en verano, en el que pedirá a 110 entidades de la zona euro que detallen el impacto en sus cuentas de distintos escenarios de recrudecimiento de las tensiones comerciales y cómo gestionarían la situación.

En una entrada del blog de supervisión bancaria de la institución —firmado por Sharon Donnery, miembro del equipo supervisor del BCE, y por Mario Quagliariello, director del equipo supervisor y riesgo—, se expone que, junto al cambio climático, la demografía y las disrupciones tecnológicas incrementan las vulnerabilidades del sector. No obstante, el documento asegura que en anteriores pruebas ha quedado demostrado que los bancos europeos son resistentes a esos shocks. Por tanto, el supervisor bancario ha fijado ahora las tensiones geopolíticas como una de sus prioridades y velará para que los bancos tengan los controles de riesgos y la gobernanza adecuados para abordarlas.

En este marco se encuentran los test de estrés que el BCE ya ha arrancado y elaborará durante el primer semestre. Las entidades se disponen en estas semanas a transmitir los datos al supervisor y este a tener los resultados listos para mayo o junio. Previsiblemente, en verano los hará públicos, si bien a diferencia de los test de estrés habituales (que publican los resultados banco por banco) difundirá los datos de todo el sector de manera agregada.

Se trata de test de estrés inversos. La novedad es que en los test de estrés habituales, que elabora la Autoridad Bancaria Europea (EBA), se basan en escenarios prefijados (de caída del PIB, aumento del desempleo, etc.) y los bancos deben calcular el efecto sobre sus cuentas de cada uno de ellos. Ahora serán los bancos los que deban identificar los riesgos, usando su propia metodología y sus propios modelos, y calcular su impacto. El supervisor revisará el trabajo de las entidades y podrá proponer recomendaciones para modificar su gestión del riesgo geopolítico.

En concreto, las entidades deberán identificar las situaciones geopolíticas que les pudiesen provocar un menoscabo de al menos 300 puntos básicos en su ratio de capital CET 1 (la que mide el de más calidad). También deberán tener en cuenta los efectos sobre la liquidez o el acceso al mercado. De hecho, cómo manejan los riesgos no financieros estará en cabeza de la lista de las cuestiones que vigile el BCE.

El supervisor busca con esta medida ver que los bancos se enfocan en su exposición a la geopolítica y en los escenarios que abre. También busca explorar su capacidad de diseñar planes que les permitan recuperarse ante una caída del capital derivada de estas cuestiones.

En principio, el resultado de estos test de estrés no supondrá un incremento de los requisitos de capital de los bancos, pero las vulnerabilidades que se muestren sí serán tenidas en cuenta en el ejercicio anual de supervisión bancaria. Y, de manera indirecta, pueden tener impacto en la fijación de los requisitos extra de capital que fija el BCE derivado de su actividad supervisora. No obstante, el regulador busca más resolver cuestiones de valoración de riesgos y gobernanza que enfocarse en las necesidades de capital.

También servirán para completar la información publicada el verano pasado en los test de estrés publicados por la Agencia Bancaria Europea (EBA). Si bien esta prueba no tiene un carácter específico sobre geopolítica, el supervisor sí tuvo en cuenta esta cuestión en los exámenes. En aquel momento, los bancos españoles pasaron la prueba con nota. En un hipotético entorno de fuerte contracción económica, repunte del desempleo, caídas en los precios inmobiliarios y elevada volatilidad financiera, los bancos españoles consumirían 180 puntos básicos de capital, una de las mejores cifras en Europa. Y muy por debajo de los 304 puntos básicos de la media de la zona euro. Ahora deberán confirmar su músculo ante las cuestiones geopolíticas y demostrar que la expansión internacional de los dos grandes bancos (Santander y BBVA) no puede ser una vulnerabilidad en este caso.

Inteligencia artificial

El otro elemento prioritario para la supervisión del BCE a los bancos es su resistencia operativa y sus capacidades para evitar problemas en sus actividades o servicios. En concreto, pone especial atención en la ciberseguridad y la gestión de proveedores tecnológicos. En este contexto, vigila la adopción de la nueva normativa europea al respecto, la denominada DORA, así como la supervisión para cubrir las deficiencias en reporte de riesgos, debido a lo que Donnery y Quagliariello consideran que se está produciendo “un progreso lento”.

Un capítulo importante merece la adopción de la inteligencia artificial por los bancos. El documento publicado este jueves indica que el supervisor atenderá al impacto en los perfiles de riesgo de las entidades y en su gobernanza del uso de esta tecnología, a la vez que tratará con las entidades cómo la usan. El plan, a medio plazo, es que todo ello sirva a su actividad supervisora anual (el conocido en la jerga como SREP).



Source link

Artículo anteriorWith a $55 million funding round, Pomelo is committed to bringing its financial infrastructure to more markets in the region •