El Banco Central Europeo (BCE) busca evitar que la guerra desatada en Oriente Próximo desemboque en una gran recesión que haga tambalear al sector financiero en Europa, según indican fuentes financieras. El supervisor bancario de la Unión Europea (UE) ha contactado en estas últimas dos semanas con las entidades para pedirles que detallen su exposición al conflicto, tanto de manera directa, por el negocio desplegado en los países afectados, como de forma indirecta, por el crédito concedido a empresas que trabajen con esos países.

La petición del BCE se circunscribe a las inspecciones habituales y se ha canalizado a través de los equipos de supervisión conjunta entre miembros del banco central y de las entidades vigiladas (los conocidos como JST, joint supervisory teams por sus siglas en inglés), según indican estas mismas fuentes. El asunto no ha requerido, por el momento, una revisión del asunto en profundidad, a través de una revisión temática. Este es el siguiente instrumento de supervisión con el que cuenta el BCE, que supone una revisión más en profundidad de los datos y que puede derivar en inspecciones ad hoc. Según la información recopilada en un primer momento, podría activarse próximamente.

La institución que preside Christine Lagarde ha mostrado en estos días su preocupación por el efecto de la guerra en Irán, si bien calcula un impacto limitado sobre el sector. Pedro Machado, miembro del Consejo de Supervisión, aseguró la semana pasada en una entrevista con la agencia Reuters que la exposición del sector europeo a Irán e Israel es del 0,7% del capital CET 1 fully loaded (el capital de máxima calidad, que se usa como medida de solvencia de los bancos), por el lado de los activos, y del 0,6%, por el pasivo. Si se añaden otros países de la región, esta exposición no llega a superar el 1% y solo hay un país en el que las entidades europeas tengan una exposición significativa: Turquía.

Una de las entidades especialmente expuestas a este mercado es el BBVA, que es dueño de Garanti, el segundo mayor banco turco. Este supone un 7% del beneficio total del grupo y un 10% del activo, de acuerdo a las cuentas del ejercicio pasado. La entidad que preside Carlos Torres, así como el Santander, son los dos bancos españoles que tienen una cierta presencia en los países del Golfo, si bien limitada.

Otra cuestión son los llamados efectos de segunda ronda, máxime si el conflicto termina derivando en un alza sostenida del petróleo y una subida de la inflación. Otra miembro del consejo de Supervisión, Sharon Donnery, puso el acento en este punto en una reciente entrevista en Bloomberg.

“La cuestión más relevante es cómo esto podría manifestarse en el sector bancario europeo a través de varios canales. Ya sea a través de canales macroeconómicos, por ejemplo debido a interrupciones en el comercio u otros factores similares, o a través de canales de los mercados financieros, porque hemos visto claramente una reevaluación de los precios del petróleo y el gas, entre otras cosas. Luego está el otro ámbito, que es el de la resiliencia operativa, que ha sido un gran foco desde el punto de vista geopolítico durante varios años, también debido al gran grado de dependencia de los sistemas que tiene ahora el entorno financiero y a la amenaza de, por ejemplo, ciberataques”, explicó.

La cuestión geopolítica está en el centro de las preocupaciones del BCE desde hace tiempo. De hecho, hace unas semanas lanzó unos test de estrés geopolíticos para medir el impacto en los balances de 110 bancos de la zona euro de disrupciones en este sentido. Se trata de lo que se conoce como test de estrés inversos, en los que el regulador —en lugar de dar a los bancos un escenario concreto y pedir a las entidades que calculen el efecto sobre sus balances, como ocurre en los test de estrés habituales que elabora la Agencia Bancaria Europea (EBA)— pide a las entidades que estimen bajo qué circunstancias pueden perder 300 puntos básicos de capital, usando su propia metodología y sus propios modelos, que serán revisado por el banco central y podrá proponer modificaciones en la gestión del riesgo geopolítico de cada entidad.

La petición del BCE sobre Irán coincide plenamente con el trabajo de los bancos en estos test de estrés. Y, de alguna manera, se solapa. El supervisor arrancó el proceso a inicios de año y se encuentra en pleno diálogo con las entidades sobre los datos recopilados en este sentido. El calendario establecido pasa por que las pruebas estén terminadas entre los meses de mayo y junio y que sus resultados se publiquen en verano. El BCE, sin embargo, no divulgará la información banco a banco, sino de modo agregado para todo el sector en Europa.

El supervisor busca con esta medida ver que los bancos se enfocan en su exposición a la geopolítica y en los escenarios que abre. También busca explorar su capacidad de diseñar planes que les permitan recuperarse ante una caída del capital derivada de estas cuestiones, así como los efectos sobre la liquidez o el acceso al mercado. Otra prioridad es vigilar el gobernanza de los riesgos geopolíticos en las entidades.

En principio, ni el resultado de estos test de estrés ni las consultas del BCE sobre la exposición al conflicto en Oriente Próximo supondrán un incremento de los requisitos de capital de los bancos, pero las vulnerabilidades que se muestren sí serán tenidas en cuenta en el ejercicio anual de supervisión bancaria. Y, de manera indirecta, pueden tener impacto en la fijación de los requisitos extra de capital que fija el BCE derivado de su actividad supervisora.

Los resultados de todo ello se conjugarán con los recientes informes que publicó la EBA el año pasado. En ellos, el efecto de la geopolítica ya fue tenido en cuenta para estimar la solidez de los bancos ante una crisis. En aquel momento, los bancos españoles pasaron la prueba con nota. En un hipotético entorno de fuerte contracción económica, repunte del desempleo, caídas en los precios inmobiliarios y elevada volatilidad financiera, los bancos españoles consumirían 180 puntos básicos de capital, una de las mejores cifras en Europa. Y muy por debajo de los 304 puntos básicos de la media de la zona euro.



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