Todas las previsiones económicas se han convertido en un ejercicio de alto riesgo en tan solo un mes. El claro responsable es la guerra en Irán, que ha abierto una ventana de incertidumbre tan grande —con un enorme potencial disruptor— que nadie se atreve a dar estadísticas cerradas sobre lo que pueda pasar en lo que queda de 2026. El Banco de España alerta de que, en el peor escenario —una contienda que se alarga y dispara los precios energéticos—, la inflación podría llegar al 5,9% este año y mantenerse en el 3,2% el siguiente. El mordisco a la actividad sería más moderado: el PIB avanzaría un 1,9% este curso, y un 1,1% el próximo. De contenerse los efectos del conflicto, lo que todavía es el escenario central del supervisor, la economía mantendría su vigor y crecería un 2,3% este 2026, una décima más con respecto a las proyecciones que el organismo publicó en diciembre. Pero con un importante matiz: sin las medidas anticrisis recién aprobadas por el Gobierno, el pronóstico se habría quedado en el 2%.

La preocupación es palpable y la incertidumbre extrema. El golpe económico asociado a la guerra en Oriente Próximo “tiene una gran magnitud, que va más allá del componente energético”, ha enfatizado este viernes David López Salido, director general de Economía del Banco de España, en la presentación de las proyecciones macroeconómicas de la institución. El bloqueo del tráfico comercial por el estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del crudo y del gas licuado que se venden a escala global, también impacta en otros productos como los fertilizantes o los semiconductores. Un cóctel que está prendiendo otra vez la mecha de la inflación y recuerda inevitablemente a la crisis que desató la invasión rusa de Ucrania.

Al igual que entonces, también se han disparado la volatilidad y la incertidumbre, complicando aún más la elaboración de cualquier pronóstico, por lo que el organismo ha dibujado tres escenarios distintos, en función de cuánto se alargue el conflicto y eleven los precios de gas y petróleo. “Es en este ámbito en el que tenemos que realizar nuestras previsiones”, ha justificado el economista del Banco de España.

Ni se sabe cuánto durará la guerra, que empezó el pasado 28 de febrero tras la ofensiva conjunta contra Irán de Estados Unidos e Israel, ni hasta qué punto podrá recrudecerse. De momento, el recorte en la oferta energética en el golfo Pérsico ha disparado los precios del gas y del petróleo. El crudo brent, de referencia en Europa, ha roto la barrera de los 100 dólares por barril, un nivel que no se registraba desde mediados de 2022 y que ya ha impactado de lleno en los precios de los carburantes.

El revés, además, llega antes de que la inflación estuviese domada del todo en España. Los precios se estaban moviendo por encima de lo previsto en los últimos meses, sobre todo en el sector servicios y en los alimentos. Estos registros llevaron al Banco de España a calcular que la inflación crecería en 2026 a un ritmo seis décimas mayor de lo que preveía en diciembre, pero entonces llegó la sorpresa de la guerra.

El repentino encarecimiento de los productos energéticos finalmente supondrá un repunte mayor, que alejará aún más la inflación de la referencia del 2% a la que aspira el Banco Central Europeo (BCE): el escenario central que dibuja el Banco de España estima que el índice de precios al consumo (IPC) —que según el dato adelantado de marzo ya ha escalado hasta el 3,3%— se instale en una media del 3% este año, frente al 2,7% de 2025. También en este caso, el incremento hubiera sido mayor sin el paquete de ayudas, que absorberá cinco décimas de subidas al centrar buena parte del paquete en rebajar los precios de los combustibles y la luz. En 2027, la inflación aflojará algo y su ritmo de crecimiento bajará al 2,5%, aun así por encima del objetivo. El ritmo de creación de empleo, por otra parte, se desacelerará al 2,2% (frente al 2,7% de este año), mientras que la tasa de paro reduciría su ritmo de mejora: bajaría seis décimas en 2026 y de tres décimas en 2027, hasta alcanzar el 9,9% y el 9,6%, respectivamente.

Escenarios

López Salido ha explicado que el Banco de España tuvo que reorientar sus trabajos tras el estallido de la guerra e incorporar nuevos datos para ajustar el tiro de sus pronósticos. Hasta finales de febrero, consideraba que la economía española podría crecer un 2,4% este año gracias a la solidez mostrada en el mercado laboral y el gasto con tarjetas. El dato quedó en papel mojado tras el ataque a Irán. El supervisor revisó cuatro décimas a la baja sus estimaciones —aun así superiores a la media de la zona euro—, pero tuvo que volver a reelaborarlas tras el anuncio del paquete anticrisis por parte del Gobierno, que incluye rebajas a la fiscalidad energética y ayudas directas por un total de unos 5.000 millones.

“Las medidas de apoyo suponen un alivio”, ha reconocido López Salido, aunque supondrán un leve empeoramiento en el déficit público, que este año alcanzará el 2,3% del PIB, dos décimas más comparado con las anteriores previsiones. En cambio, una vez incluido el impacto del plan anticrisis en la ecuación, se recuperarían tres décimas de crecimiento, de ahí que la previsión definitiva para el año se quede en un avance del PIB del 2,3% y una inflación del 3% en el escenario central, que contempla que el precio del petróleo ronde los 80 dólares el barril.

Si el crudo se disparara hasta los 119 dólares en la segunda mitad del año y el gas llegara a los 87 euros por megavatio-hora (MWh) —es decir, si el conflicto y sus consecuencias se alargaran más de lo deseado, un escenario bautizado como “adverso” por el organismo—, el crecimiento económico se revisaría a la baja, hasta el 2,2%, y la inflación al alza, hasta el 3,9%. En 2027, el PIB avanzaría un 1,5% y los precios un 2%.

El peor escenario que dibuja el organismo, y que denomina “severo”, asume unos precios del petróleo en un máximo de 145 dólares y los del gas natural en 106 euros por MWh. En este caso, el PIB crecería un 1,9% este año y un 1,1% el próximo, mientras que el impacto sobre la inflación general sería más elevado y duradero: los precios se dispararían un 5,9% en 2026 y un 3,2% en 2027.

El mercado de predicciones tampoco se pone de acuerdo sobre cómo evolucionará la guerra. Hasta el 24 de marzo, el 50% de las apuestas apuntaban a una resolución del conflicto antes de mayo, un 28% a que zanjaría antes de fin de año y un 22% a que se extendería más allá de 2026. “La dispersión de las opiniones refleja la gran volatilidad e incertidumbre” de la actual situación, ha concluido López Salido.



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