
El petróleo se ha situado en el centro del debate internacional en el arranque de 2026. El ataque de Estados Unidos a Venezuela, que incluyó la detención de Nicolás Maduro y su traslado a Nueva York para ser juzgado allí por narcotráfico, supone una nueva inyección de volatilidad en el mercado energético a corto plazo. Más aún, cuando el presidente estadounidense, Donald Trump, ha reconocido que el control del sector petrolero venezolano es uno de los objetivos centrales de la operación militar.
Pese al repunte de la inestabilidad geopolítica y los interrogantes que abre el ataque estadounidense en otros países productores de petróleo como Irán, los expertos auguran un escenario de exceso de oferta que dejará un barril Brent por debajo de los 60 dólares. Es más, los estrategas no esperan que los sobresaltos de la geopolítica afecten de forma notable en los precios: consideran que tanto Venezuela como el fin de la guerra de Ucrania tendrán un impacto limitado en el mercado petrolero.
Helima Croft, responsable de Estrategia Global de Materias Primas de RBC, reconoce que “sin duda habrá quien adopte una narrativa de misión cumplida y proyecte un camino de vuelta a una producción de tres millones de barriles diarios. Ciertamente, creemos que un levantamiento total de las sanciones podría liberar varios cientos de miles de barriles diarios de producción en un período de 12 meses en un escenario de transición ordenada». Ahora bien, la analista abre la puerta a la incertidumbre que podría agudizarse ante un cambio de poder como el registrado en Libia o Irak y añade: “También nos preguntamos qué medidas tomará ahora el gobierno iraní para evitar una operación similar liderada por EE UU, dadas las advertencias del presidente Trump sobre una posible acción militar allí”.
En los últimos meses, el mercado ha temido una posible interrupción de la producción petrolera en Venezuela por el repunte de la tensión con Washington. Un análisis realizado por Eric G. Lee, estratega de Energía e Investigación de Materias Primas de Citigroup, consideraba a finales de octubre baja la probabilidad de un recorte de la producción si EE UU optaba por enfocarse en un cambio de régimen, las drogas o la inmigración. El banco de inversión estadounidense no prevé que se registre un aumento de la producción de crudo venezolano en los próximos cinco años dada la caída de los precios globales del petróleo y las fuertes inversiones que se requerirían.
La producción de crudo en Venezuela está lejos de máximos, aunque sus reservas son las mayores del mundo. Si en los años 2000 —ya con Hugo Chávez como presidente— alcanzó los tres millones de barriles diarios, en septiembre de 2025 esta se había limado a los 1,1 millones de barriles al día. Distintos informes calculan que las petroleras deberían invertir unos 10.000 millones de dólares anuales durante los próximos ocho años para fortalecer la industria petrolera venezolana. A ello, añaden en RBC, debería sumarse la salida de las fuerzas armadas venezolanas de la petrolera estatal PDVSA tras años en los que “ha sido operada esencialmente como un cajero automático” para ellos y un equilibrio con los intereses chinos y rusos en ella.
Exceso de oferta
La estimación mayoritaria de las firmas de análisis es que el Brent se mantendrá en torno a los 60 dólares o incluso por debajo. “El mercado se enfrentará a un año 2026 caracterizado por el exceso de oferta y la falta de catalizadores alcistas significativos“, explica Kerstin Hottner, responsable de materias primas de Vontobel AM. Su previsión es un Brent en torno a los 50 dólares por barril, en un mercado “bien abastecido, donde los precios se mantienen contenidos por la abundancia de suministro y la limitada volatilidad de la demanda”.
Salvo tensiones puntuales por la guerra de Gaza y el ataque de Israel a Irán, ningún acontecimiento logró romper en 2025 unas coordenadas de abaratamiento para el petróleo —el Brent encajó un recorte anual del 20%—. La estrategia desplegada por la OPEP desde abril 2025 de ir elevando su producción con el fin de recuperar la cuota de mercado perdida, especialmente en favor de EE UU, ha puesto el contrapunto necesario a las posibles tensiones de precios. Norbert Rücker, director de Investigación Económica y Next Generation de Julius Baer, destaca que “Occidente se ha desvinculado en gran medida de los recursos rusos, por lo que el impacto de cualquier cambio de política es limitado. El panorama general se mantiene sin cambios”.
La crónica falta de inversión de Rusia hará, además que la producción de petróleo y gas natural de este país disminuya de forma estructural. “Sin embargo, es poco probable que esta pérdida tenga importancia, dada la abundancia de oferta en la que se han movido los mercados energéticos”, añade. En Venezuela, a la vista del reducido volumen de crudo que produce —gestionado en parte por la petrolera estadounidense Chevron—, es “poco probable” que las amenazas de EE UU tengan repercusiones significativas.
“La dinámica del petróleo está marcada por un aumento sostenido de la oferta fuera del control de la OPEC+, principalmente de Estados Unidos, Brasil y Canadá. Este crecimiento continuo en la producción implica que los recortes de OPEC+ tengan impacto limitado en el equilibrio global, generando una presión estructural sobre los precios”, argumenta Hottner, de Vontobel AM. La Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha calculado un superávit de petróleo récord para el próximo año, en que la producción superará a la oferta en más de cuatro millones de barriles diarios. Un exceso en el que tendrá que ver el cuantioso bombeo de los países ajenos a la OPEP pero también la contención de la demanda.
Además del bombeo de potencias petroleras como EE UU, la OPEP ha contribuido de forma destacada al exceso de producción petrolera durante este año. El cartel comenzó en abril a elevar la cuantía mensual de producción en una dinámica que ha mantenido hasta el mes de diciembre, aunque a un ritmo más moderado desde octubre, y con la que ha incrementado el suministro hasta el entorno de los 30 millones de barriles al día.
Bank of America cifra el actual excedente de producción del mercado petrolero en dos millones de barriles diarios, sin contar con Rusia. Pero el mercado está ante lo que el banco estadounidense denomina “la última gran ola de suministro”, con precios en torno a 56 euros en 2026. BofA espera que empiecen a subir en 2027 hasta alcanzar en torno a los 80 dólares en 2028. “Esperamos que los precios del petróleo repunten en 2027, a medida que el mercado recupere el equilibrio y se incentive la inversión, teniendo en cuenta la reducción de la vida útil de las reservas de petróleo, la maduración del esquisto estadounidense y el sólido crecimiento de la demanda”, sostiene en esta misma línea Goldman Sachs.
Bank of America también contempla un avance gradual de precios del petróleo a una banda entre los 60 y 70 dólares hasta 2028. La OPEP, después de decidir sucesivos aumentos de producción en 2025, ha optado por hacer una pausa en los incrementos durante el primer trimestre de 2026. Para Bank of America, esa pausa “sugiere un proceso gradual y cauteloso de retorno a los ajustes voluntarios de la producción”, con el regreso a los recortes de suministro hasta bien entrado 2027. Después de todo, la demanda de petróleo ni mucho menos va a desaparecer en el corto plazo, en Bank of America estiman que seguirá creciendo hasta 2040. Aunque más contenida, esa demanda no se va a detener pese a la transición energética y el sostenido proceso de electrificación de las grandes economías mundiales. Y la industria petrolera y las grandes potencias productoras, que basan sus economías en el crudo, no podrán permitirse un precio del petróleo tan barato como para torpedear la rentabilidad de su actividad. Menos aún ante el gran reto a la vista para el futuro más inmediato, el de abordar las inversiones necesarias con las que compensar el declive de los yacimientos petroleros más antiguos.































