
Estará por ver si el rotundo ataque militar lanzado por EE UU e Israel sobre Irán este sábado será o no el acontecimiento capaz de quebrar definitivamente la calma y complacencia en que se han instalado los inversores ante las sacudidas geopolíticas emprendidas por Donald Trump. Sí está claro que los últimos acontecimientos en Oriente Próximo van a causar sin duda una sacudida inmediata en los mercados financieros en el inicio de la semana. La magnitud del conflicto, que implica a un área estratégica crucial para el suministro mundial de energía, va a sacar a los inversores de la relativa zona de confort en la que se mueven, con un rally bursátil que avanza aunque sea a menor ritmo y unas economías en crecimiento, confiadas en que la inflación ha quedado atrás y permiten tipos de interés reducidos.
La volatilidad bursátil y el alza disparada del precio del petróleo estarán servidas en el inicio de semana. Son la respuesta previsible a la potente ofensiva lanzada sobre Irán, donde EE UU e Israel pretenden forzar un cambio de gobierno que acabe definitivamente con el régimen de los ayatolás. Los ataques de Estados Unidos e Israel han acabado con la vida del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, pero Irán no renuncia ni mucho menos a las represalias y toda la región está en alerta máxima.
Estados Unidos e Israel aspiran a una operación quirúrgica, tras la que Irán deje ser el enemigo permanente. Pero son muchas las incertidumbres que rodean a un conflicto que, de prolongarse en el tiempo, puede convertirse en una evidente amenaza para el crecimiento, capaz de rescatar los fantasmas de la inflación. El tránsito de petroleros por el estrecho de Ormuz, la vía por la que circula el 20% del crudo que se consume en el mundo, está suspendido y el cierre de aeropuertos de Oriente Próximo —incluido el de Dubái, el más transitado del mundo— está creando un caos en el tráfico aéreo mundial.
Los inversores van a sopesar este lunes la capacidad de respuesta de Irán y su guardia revolucionaria y, ante la duda, la previsible reacción será vender. Con más intención aún en un mercado que se resiste a las correcciones y que está plagado de cotizadas que acumulan subidas de hasta tres dígitos en el último año y con elevadas valoraciones. En momentos de máxima incertidumbre, el movimiento inmediato de los inversores suele ser deshacer posiciones, en especial en los activos de más riesgo, como ya se vio el sábado en el bitcoin. Primero disparar y luego preguntar. Y el alza del petróleo va a ser el detonante claro para esas ventas, a pesar del aumento de producción para abril decidida por la OPEP, de 206.000 barriles diarios.
En la jornada del domingo, el crudo ya registraba una subida del 10%, hasta los 80 dólares el barril brent, en las operaciones bilaterales OTC (over-the counter), y la negociación este lunes en los mercados oficiales podría disparar su precio sobre los 100 dólares. Es el escenario que manejan los analistas en el supuesto de un cierre del estrecho de Ormuz, que este fin de semana ya era una realidad.
Las navieras, con las gigantes Hapag-Lloyd y Maersk a la cabeza, evitan cruzar ese paso estratégico controlado por Irán ante el peligro de ataques y ante el precio disparado que exigen las aseguradoras por cubrir riesgos. Y ese bloqueo supone cerrar el grifo de buena parte del suministro de energía a Asia —con especial impacto en gigantes como India y Japón, además de China— y también en Europa, donde Qatar se ha convertido en un suministrador clave de gas natural. “La situación sigue siendo inestable y es probable que haya repercusiones económicas directas importantes para los países de la región, dependiendo de la magnitud y la duración del conflicto”, señala Goldman Sachs en un informe publicado este domingo. Para los países netamente importadores de petróleo, como China o Turquía, el impacto de un alza del crudo del 10% puede llegar a ser de 0,8 puntos del PIB real, según cálculos del banco estadounidense.
Aunque sea imposible avanzar durante cuánto tiempo, los precios del petróleo y el gas van a subir, creando toda una onda expansiva en el conjunto del mercado. Su ascenso provocará alzas previsibles en la cotización de gasistas y petroleras, la excepción a unas ventas en Bolsa que apuntan a ser generalizadas. “Recomendamos no comprar en una caída inmediata, ya que la relación riesgo-recompensa no parece atractiva. Si las acciones retroceden lo suficiente, digamos más del 10% en el S&P 500, es probable que llegue el momento de comprar. Pero aún no”, señala un informe de Barclays de este fin de semana.
En una primera reacción, las Bolsas de Oriente Próximo cayeron de forma drástica al inicio de sesión de este domingo, con el índice de referencia de Arabia Saudí retrocediendo más de un 4% en la apertura y cerrando con un descenso del 2,2%. Omán finalizó con una caída del 1,4% y Egipto perdió un 2,5%. Kuwait en cambio tomó la inusual medida, reservada normalmente a situaciones muy excepcionales, de suspender la negociación hasta nuevo aviso.
La búsqueda de refugio va a apuntalar el encarecimiento del oro, de nuevo sobre los 5.200 dólares la onza. Sin embargo, los bonos soberanos van a ser un refugio mucho más incierto. Los estadounidenses ya no lo son, ante la debilidad del dólar y las erráticas políticas arancelarias de la Casa Blanca. Pero la amenaza de mayor inflación que puede traer un petróleo más caro resta valor como refugio al conjunto de la deuda soberana. De hecho, de prolongarse el conflicto, los inversores van a cuestionar la hoja de ruta que manejan para el precio del dinero, de dos recortes de tipos en EE UU este año, y de estabilidad sin cambios en la zona euro. Todo va a depender de si Irán, según avanzaba Donald Trump este domingo, se aviene a negociar.






























