
La fama de activo seguro por antonomasia no ha servido para librar al oro de una de las máximas del saber popular que más frecuentemente se aplica al mundo inversor: lo que fácil viene, fácil se va. Tras haber encadenado máximo histórico tras máximo histórico, y haber doblado su precio en apenas un año dejando espectaculares revalorizaciones por el camino, el sueño dorado ha tenido este viernes un abrupto despertar. Al igual que lo ha tenido también el sueño plateado.
En el momento más bajista de la sesión de este 30 de enero, la onza de oro ha llegado a desplomarse un 12,75%, lo que la convertía en la peor jornada para el metal dorado desde el año 1980. Al cierre de Wall Street, la caída se moderaba al entorno del 9,7%, con la onza luchando por defender los 4.850 dólares. Con ese hundimiento, el oro iba camino de vivir su día más bajista desde el 12,1% que se dejó el 28 de febrero de 1983.
Por su parte, la plata, otra gran beneficiada de la búsqueda de refugio y de la especulación que se ha instalado en los mercados de metales, ha llegado a perder un 36,07%, su peor sesión desde que hay registros, según Bloomberg. El golpe también se ha moderado, en su caso, a un 28% de descenso con la onza en 83 dólares.
La excusa para las virulentas caídas —y el término excusa no es casual— ha sido el nombramiento por parte de Donald Trump de Kevin Warsh como hombre propuesto para presidir la Reserva Federal. En medio de la campaña de acoso y derribo que sometió Trump al saliente Jerome Powell y de las dudas sobre la independencia del banco central más importante del planeta, el nombre de Warsh ha calmado los peores temores del mercado y desatado la tormenta en el oro y la plata.
“Este desplome del oro da la razón al cauteloso argumento de que todo lo que sube rápido, también baja rápido”, opina en declaraciones recogidas por Bloomberg el estratega de inversión internacional para Banking Corp Christopher Wong. El experto hace hincapié en que, a pesar de que la designación de Warsh ha sido el detonante, las continuas y pronunciadas alzas han hecho las veces de barril de pólvora. “Una corrección era cuestión de tiempo”, describe.
En esta misma línea apuntan también los analistas de Commerzbank. “La magnitud de la corrección sugiere que los participantes del mercado estaban simplemente esperando a una oportunidad de tomar beneficios después del rápido auge de los precios”. Incluso después del desplome de este viernes, el oro sigue subiendo un 10% en enero y la plata, un 14%.
Con todo, la volatilidad es extrema este viernes y tanto oro como plata agravan o suavizan las caídas notablemente en cuestión de minutos. “Tenemos que prepararnos para que la montaña rusa prosiga”, apunta a Bloomberg Dominik Sperzel, responsable de trading en Heraeus Precious Metals, resumiendo el sentimiento que hay entre los grandes inversores y adelantando que todavía pueden quedar curvas por delante, tanto en una dirección, como en la otra.






























