Manuel López vive la revolución de la inteligencia artificial (IA) en su propio hogar. Este canario de 55 años cofundó en 2024 una empresa dedicada a la automatización junto a su hijo, un joven de 18 años con el mismo nombre. Tras varios años de tropiezos, entre ellos un despido y varios emprendimientos fallidos, López solo encontró una vía para reincorporarse al mercado laboral: estudiar IA. La idea de iniciar una start-up llegó por insistencia de su hijo, quien le habló de que había probado “una herramienta transformadora”. Terminó convencido al ver “el potencial de estos sistemas”. Ahora, la pequeña compañía se ha convertido en su única fuente de ingresos, admite López orgulloso de haberse subido a la ola de la que todos están hablando.

La IA está sacudiendo el mercado laboral de todas las edades, aunque no afecta a todos por igual. Por un lado, la versátil utilidad de modelos de lenguaje como ChatGPT o Gemini está frenando la contratación de los más jóvenes, pero al mismo tiempo puede añadir años de actividad a quienes creían haber puesto punto final a su trayectoria profesional. Es el caso de Jasmine Sosa (48 años), quien forjó su carrera en el segmento hostelero de Las Palmas hasta que las turbulencias del sector la dejaron sin empleo. Cuando la fiebre de los asistentes conversacionales llegó a sus oídos, Sosa, a quien siempre le interesó la informática, se inscribió en un curso de inteligencia artificial y big data. Esa formación ha sido como presionar el botón adecuado, cuenta orgullosa. En poco tiempo, encontró trabajo en un centro de formación donde ahora es profesora.

“Antes, si cumplías 50 años entrabas lentamente en una fase de invisibilidad en tu empresa, pero ahora este grupo va a tener una oportunidad extra gracias a su experiencia acumulada y su criterio, dos activos muy valiosos en este momento”, señala Tomás Pereda, subdirector de MásHumano, una organización que busca reintegrar al mercado laboral a personas mayores de 50 años. “Son la generación indicada para dirigir a la IA en las organizaciones”, defiende. Cree que esta tecnología podría beneficiar a un colectivo que juega con desventaja a la hora de encontrar trabajo. “La mitad de los currículums de personas mayores de 55 años directamente ni se miran”, afirma Rodrigo Miranda, autor del libro ReinicIAndo (ISDI, 2020), que aborda algunas claves para que los sénior se integren de nuevo en las redes laborales.

When AI offers senior workers a second chance

España es uno de los países peor parados en cuanto a desocupación sénior si se compara con sus vecinos europeos. La tasa de paro de las personas mayores a 55 se sitúa en el 11,2%, más del doble que la de Francia (5,2%) y lejos de Alemania (2,1%) o Italia (4,4%), según un estudio sobre talento sénior del centro de investigación Ageingnomics, integrado en la Fundación Mapfre.

Pereda advierte que el “edadismo” sigue haciendo daño a una generación cuyas condiciones vitales son muy distintas a las del pasado, cuando la esperanza de vida era menor y llegar a los 60 años implicaba con más frecuencia un deterioro físico incompatible con el trabajo. Ese argumento carece hoy de fundamento, sostiene. Pese a todo, el consenso entre organismos internacionales y grandes consultoras es que la IA eliminará inevitablemente empleos de tipo administrativo. También en España: un estudio reciente de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV) revela que dos de cada diez empleos (entre el 18% y el 22% de la ocupación) ya se encuentran expuestos a la IA.

Para Elena Ibáñez, fundadora de Singular Experts, una entidad que divulga sobre las habilidades necesarias para los empleos del mañana, las empresas deben reformular el papel que desempeñan los sénior en un momento de transformación. “No solo basta con que aprendan a usar herramientas, deben entender que su rol va a ser distinto, más enfocado en dirigir personas o en aplicar su experiencia en la toma de decisiones”, defiende, a la vez que advierte que “la mayoría de empresas ya dan por sentado que los trabajadores deben tener nociones básicas de IA”.

Conscientes de esta nueva realidad, tanto López como Sosa no dudaron en formarse. López ha invertido más de 1.500 euros en diferentes cursos. Calcula que han sido unas 750 horas, en las que ha aprendido a a interactuar con la IA y a crear aplicaciones básicas sin necesidad de aprender programación. La empresa que codirige con su hijo ha diseñado asistentes conversacionales para el sector hotelero o una plataforma de videollamadas. La inversión de Sosa ha sido menor, unos 200 euros, pero no menos intensiva. Con una decena de cursos “gratuitos y pagados” completados, se considera una usuaria avanzada de ChatGPT. “Lo siguiente es aprender a entrenar mis propios modelos de lenguaje”, comparte.

Miranda anticipa en su libro que el futuro será similar a estos dos ejemplos. “Se ha roto el esquema de formarse una sola vez y trabajar durante décadas; ahora se impondrán cursos formativos que se desarrollarán durante toda la vida de las personas”, sostiene el experto. De lo contrario, el mercado difícilmente podrá absorber a todos los trabajadores que se irán quedando rezagados.

Volver a las aulas

Berta Romero, barcelonesa de 55 años, atravesó una compleja etapa después de abandonar el despacho donde creció como abogada. Como otros profesionales del derecho, vio en la IA un posible salvavidas laboral y abrió su propio despacho dedicado a la asesoría en inteligencia artificial junto a una compañera que afrontaba una situación similar. Para prepararse, estudió un máster específico. Recuerda que era la persona con más edad de su clase, pero que esto nunca la frenó: “Volver a formarte te otorga una sensación de seguridad”, reflexiona.

“La IA nos ha brindado superpoderes”, comparte Flor Rodríguez, una mujer de 63 años de origen ecuatoriano y residente en Valencia. “Ahora puedo ejecutar tareas complicadas en Excel o enviar correos con una redacción muy pulida”, manifiesta satisfecha. Gracias a una formación breve en prompting —el conjunto de conocimientos para dar instrucciones a la IA— ha elevado la calidad de su trabajo, que consiste en comunicarse con clientes y proveedores de una constructora. Considera que aprender a esta edad tiene una ventaja adicional frente a los jóvenes: “Somos una generación que aún puede mantener la atención en un tema, sin distraerse”.

Las clases de Rafa Aguado, docente en IA y residente en Madrid, son un fiel testimonio de la fiebre por aprender sobre esta tecnología. Casi la mitad de sus alumnos en las sesiones virtuales que imparte entre semana tienen más de 50 años. “¿Por qué estáis aquí?”, es la pregunta con la que siempre abre sus talleres. La respuesta es parecida en la mayoría de los casos: miedo. “No porque la IA vaya a sustituirlos, tienen miedo porque las empresas prefieren contratar talento joven, más familiarizado con estos sistemas y quieren demostrar que ellos también son capaces”, resume.



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