
La Comisión Europea busca impulsar al máximo el consumo de la energía eléctrica con una meta última, rebajar las emisiones y avanzar hacia una economía descarbonizada. Eso pasa por darle más peso a la electricidad en la energía final frente a fuentes fósiles como el gas, el petróleo y el carbón. Así, en su nuevo Plan de Acción de Electrificación, Bruselas planteará a los Estados miembros que dupliquen para 2040 la tasa de electrificación desde el 23% actual, según fuentes al corriente de la discusión. El borrador del plan aún confidencial, al que ha tenido acceso EL PAÍS y que todavía se está debatiendo y puede sufrir cambios, no incluye todavía esa cifra, que no es vinculante y que se baraja en los debates internos en un 46%. Esta cifra resulta ligeramente menos ambiciosa que las planteadas en comunicaciones anteriores en las se que hablaba del 50% como objetivo de electrificación del consumo eléctrico.
El plan también toca la energía nuclear y señala que “en pleno respeto de la prerrogativa de los Estados miembros para determinar su propio mix energético”, la extensión de la vida útil de los reactores existentes “debería perseguirse salvo que resulte antieconómica o incompatible con los más altos estándares de seguridad”. El borrador respalda además el desarrollo de pequeños reactores modulares (SMR), y anuncia que la Comisión trabajará con la Alianza Industrial Europea sobre SMR para cerrar una segunda convocatoria de proyectos, con el objetivo de que los primeros entren en funcionamiento en Europa a principios de la década de 2030.
Junto a esta medida, el Ejecutivo comunitario prepara un paquete de propuestas que incluyen rebajar impuestos a la electricidad y la retirada progresiva de las subvenciones a los combustibles fósiles. Además, según el borrador del plan que se prevé presentar este viernes, Bruselas se hace eco de la medida que ya planteó hace semanas para que los gobiernos utilicen tres décimas de la llamada cláusula de escape nacional, el mecanismo que permite desviarse temporalmente de las reglas fiscales comunes de la UE, para financiar medidas de seguridad energética, incluida la electrificación.
“Una electrificación más rápida de la economía europea es el camino hacia mayor competitividad, seguridad de suministro y precios de energía más bajos”, afirma el documento, que enmarca todo el plan como una cuestión de soberanía, no solo de crisis climática. “Una Unión energéticamente independiente, alimentada por energía limpia, abundante, autóctona, cibersegura y asequible, es una cuestión de soberanía”, dice el borrador del texto.
El plan llega en un contexto global especialmente turbulento, con la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán una crisis en Oriente Próximo que ha afectado profundamente al ecosistema energético global. La UE ha gastado unos 50.000 millones de euros más en importaciones de combustibles fósiles durante el conflicto, según cifras de la Comisión.
Bruselas cree que alcanzar su nuevo objetivo de electrificación permitiría sustituir dos tercios de la demanda de gas de la UE y reducir a la mitad el consumo de petróleo hasta 2040, recortando la factura de importaciones fósiles en unos 200.000 millones de euros de forma acumulada. En la UE, explica el documento, la tasa de electrificación apenas ha variado del 23% en la última década, mientras que en países como China, Corea del Sur y Japón ya supera el 30%, según cifras citadas en el documento.
La electricidad cuesta de media casi tres veces más que el gas para las empresas europeas y dos veces y media más para los hogares, según cifras de Eurostat citadas en el documento. Solo en Finlandia y Suecia ese ratio se sitúa por debajo de dos. La Comisión vincula directamente esa diferencia de precios con el estancamiento de la electrificación. Los Estados miembros con el ratio electricidad-gas más bajo registran hasta el triple de ventas de bombas de calor que aquellos donde ese ratio supera el tres, según datos de la Asociación Europea de Bombas de Calor recogidos en el plan.
Para corregirlo, Bruselas adoptará junto al plan una propuesta legislativa sobre fiscalidad de las facturas eléctricas y otra sobre cargos de red, con el fin de que estos incentiven la electrificación en lugar de penalizarla. El documento también prevé una retirada progresiva de las subvenciones a los combustibles fósiles, que según el texto siguen vigentes en varios países.
El objetivo cuantificado, según el propio documento, es reducir el ratio electricidad-gas a un máximo de 2,5 para los hogares y de 2 para la industria antes de 2030.
Las renovables, la energía más barata
El plan explica que la electricidad más barata de Europa se da siempre en los países que más energía limpia producen (eólica, solar, nuclear), y ofrece un dato llamativo: solo en 2025, la eólica y la solar instaladas desde 2021 ahorraron más de 5.000 millones de euros en gas. No obstante, señala que buena parte de esa energía limpia se desperdicia porque las redes eléctricas no dan abasto para transportarla, y porque ningún Estado miembro ha aplicado aún una ley europea que obligaba a los países a facilitar más renovables (la RED3) desde mayo de 2025.
Para corregirlo, Bruselas da un nuevo plazo a los países (verano de 2027), crea un mapa digital para que las fábricas sepan dónde conviene instalarse según la cercanía a energía barata, activa una base de datos con las mejores prácticas para diseñar subastas de renovables y marca un objetivo de 100 gigavatios nuevos de renovables al año hasta 2030. Además, apuesta por la geotermia (el calor de la tierra) como fuente aún poco aprovechada que podría cubrir hasta el 10% de la electricidad y una cuarta parte de la calefacción europea. Por último, anuncia una mesa de trabajo conjunta con gobiernos y empresas para impulsarla.
No es la primera vez que Bruselas se marca una meta de este tipo, y su historial reciente no es alentador. La Comisión ya fijó un objetivo de electrificación del 30% para 2030 en 2020 y lo reafirmó en 2024. En febrero de 2025, el Clean Industrial Deal lo sustituyó por una meta algo más ambiciosa, el 32% para 2030 partiendo de una base del 21,3% en 2022, configurada como indicador de referencia y no como objetivo jurídicamente vinculante. El nuevo Plan de Acción para la Electrificación no descarta esa cifra, que queda como hito intermedio dentro del objetivo mayor de 2040.































