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Baviera inicia una nueva etapa de marca con una identidad visual y verbal renovada. Un cambio que va más allá de una actualización estética, sino que supone una evolución estratégica que redefine el significado de una compañía líder que ya no necesita explicarse desde lo funcional, sino desde el diseño, el tono y la experiencia. Y esto es lo que ha hecho Baviera: transformarse para contar lo que ya era, pero de una forma más coherente, más humana y preparada para crecer.
Según palabras de Eduardo Baviera, CEO de la compañía; «La nueva identidad representa quiénes somos y hacia dónde vamos. Mantiene nuestra esencia con una imagen más actual que conecta mejor con nuestros pacientes y con los retos del futuro».
El nuevo sistema de marca, desarrollado por Summa Branding – consultora referente en la creación, gestión y transformación de marcas –, parte de un insight claro: cuando la experiencia médica ya es diferencial, el siguiente paso es construir una marca que lo exprese con consistencia. «En Summa Branding sabemos que las marcas que perduran no son las que gritan más fuerte, sino las que saben expresar mejor lo que son en cada momento. Este es el caso de Baviera, una marca que no necesitaba reinventarse, solo hablar más claro, afirma», afirma Isabel Gil, Growth Manager y Client Director de Summa Branding.
El primer paso de esta transformación es el naming: Clínica Baviera pasa a ser, simplemente, Baviera. Dejar atrás el apellido ‘Clínica’ responde a una lógica clara: mientras ‘Clínica’ describe e informa, ‘Baviera’ construye marca. Cuando una empresa cuenta con un amplio reconocimiento y un ecosistema sólido, ya no necesita definirse por el nombre, sino que lo hace a través de otros aspectos como el lenguaje y el sistema visual.
Una marca que habla (y ve) más claro
Bajo una misma idea de fondo, oftalmología de vanguardia con alma humana, el rediseño ha trabajado tres capas fundamentales: una arquitectura de marca más limpia y escalable, que permite a la marca crecer sin perder su esencia; un universo visual más flexible, profesional y reconocible; y un tono de voz propio que combina rigor médico con empatía, claridad y humanidad.
A nivel visual, el símbolo evoluciona hacia una solución más simple y emocional, construida a partir de dos arcos que recuerdan al ojo, centro del negocio, y que funcionan como un gesto gráfico de cuidado, acompañamiento y protección. El logotipo, por su parte, mantiene una tipografía alineada con el sector sanitario – precisa, clara y funcional -, reforzada por el uso de caja alta, que aporta solidez y estabilidad. Además, los vértices suavemente redondeados introducen un matiz humano que equilibra la técnica con una lectura más cercana, en línea con los objetivos de la compañía.
El color azul, históricamente asociado a la marca, se mantiene y se ajusta, ampliando la paleta para ganar profundidad y conseguir una mayor legibilidad en entornos digitales. En conjunto, el sistema es más coherente y ordenado en todos los puntos de contacto, desde la web hasta las redes sociales.
El resultado es una identidad pensada para acompañar y reforzar la experiencia de marca. Porque cuando estrategia, diseño y tono avanzan en la misma dirección, la marca se vuelve inevitable.































