
La industria automotriz mundial atraviesa un cambio de paradigma que pocos habrían previsto hace apenas tres años. Lo que comenzó como una carrera acelerada hacia la electrificación total se ha transformado en un repliegue estratégico. Actualmente, al menos 12 fabricantes de automóviles a nivel mundial están reduciendo sus planes para vehículos eléctricos ante la persistente demanda de motores de combustión y el retroceso de las políticas de apoyo tanto en Estados Unidos como en Europa. Este giro no es solo una cuestión de preferencia del consumidor, sino una respuesta a un entorno económico y político que se ha vuelto hostil para las metas de emisiones anteriormente fijadas.
Uno de los casos más representativos de este cambio es el de Honda. La semana pasada, el fabricante japonés abandonó su plan de dejar de fabricar coches con motor de combustión para 2040. Las consecuencias financieras de este viraje son profundas: la compañía pronosticó pérdidas de 16.000 millones de dólares en los próximos dos años debido a la revisión de su estrategia de vehículos eléctricos.
Este anuncio es especialmente significativo ya que, con la cancelación de varios modelos clave de su futura Serie 0 eléctrica para reorientarse hacia los híbridos, Honda afronta un año fiscal 2026 con pérdidas estimadas en 14.000 millones de euros. Es la primera vez en sus 70 años de historia en la bolsa que la compañía ofrece cifras negativas de este calibre.
Honda no está sola en esta reestructuración. Gigantes del sector como Mercedes-Benz, Ford, Stellantis y Volvo Cars también han reducido sus objetivos de vehículos totalmente eléctricos. Estas empresas han detectado que el mercado masivo no está adoptando la tecnología con la rapidez necesaria para justificar el cese de los motores tradicionales. El ajuste de expectativas se ha extendido incluso a los segmentos de mayor poder adquisitivo. Entre las marcas de lujo, Rolls-Royce, propiedad de BMW, es la última en cambiar de rumbo, anunciando esta semana que seguirá fabricando vehículos con motor de gasolina más allá de 2030.
La situación de Rolls-Royce ilustra cómo las condiciones del mercado han invalidado proyecciones realizadas hace poco tiempo. En 2023, la firma británica lanzó el Spectre, uno de los primeros modelos de ultra-lujo 100% eléctricos, pero la recepción general de la tecnología ha enfriado los ánimos. Según Chris Brownridge, director ejecutivo de Rolls-Royce Motor Cars: “Desde el lanzamiento del Rolls-Royce Spectre, el mundo ha cambiado”. Ante este nuevo escenario, Brownridge recalcó que la compañía seguiría adelante con los lanzamientos de vehículos eléctricos al tiempo que continuaría vendiendo automóviles con el tradicional motor de gasolina V12 de la marca.
Otras firmas de prestigio han seguido pasos similares. Bentley, Lotus, Audi y Porsche ya han reducido sus planes para convertirse en vehículos totalmente eléctricos, o en un 80%, durante la próxima década, y muchos han optado por ampliar la disponibilidad de coches híbridos enchufables en sus gamas.
En el caso de Audi, su CEO, Gernot Döllner, confirmó que la marca alargará la vida de los motores térmicos de manera oficial. “Hemos decidido extender la producción más allá de las fechas de finalización comunicadas en el pasado”, declaró Döllner, subrayando que la transición será mucho más gradual de lo previsto.
Experiencia sensorial
Para marcas donde el rendimiento y la experiencia sensorial son el pilar de su identidad, la resistencia al coche eléctrico es aún más palpable. Lamborghini, propiedad de Volkswagen, abandonó recientemente su plan de lanzar su primer coche totalmente eléctrico, el Lanzador, para 2030. En su lugar, el modelo será un híbrido enchufable. El director ejecutivo de la firma italiana, Stephan Winkelmann, ha sido directo al analizar el sentimiento del mercado. “El índice de rechazo a los coches totalmente eléctricos está aumentando”, declaró Winkelmann. Para el directivo, la pérdida del componente sensorial es un obstáculo insalvable para muchos clientes: “La parte emocional [de un Lamborghini] reside en la vibración del coche, en cómo se maneja, en cómo se frena, y uno de los factores más importantes en el rechazo a los coches totalmente eléctricos era la ausencia del sonido del motor”.
Ferrari, por su parte, ha tomado una postura intermedia. Aunque el año pasado redujo a la mitad su objetivo de producción de vehículos eléctricos para 2030, la marca del “cavallino rampante” sigue adelante con su primer modelo eléctrico, el Luce, para el cual comenzará a aceptar pedidos en mayo. La estrategia de Maranello busca proporcionar la misma “emoción al volante” tanto si el coche es de gasolina, híbrido o eléctrico. El consejero delegado, Benedetto Vigna, ha afirmado repetidamente que Ferrari no obligará a los aficionados a renunciar al rugido característico de sus motores de gasolina, manteniendo una oferta diversificada que respete la tradición de la marca.
Más allá de las sensaciones al volante, los factores geopolíticos han jugado un papel determinante en este retroceso industrial. Desde que Donald Trump llegó al poder, su administración ha eliminado los créditos fiscales federales para quienes compran vehículos eléctricos, ha recortado el gasto en infraestructura de recarga y ha suavizado los objetivos de emisiones vehiculares. En paralelo, la Unión Europea también ha flexibilizado sus objetivos de emisiones, eliminando la presión regulatoria que obligaba a los fabricantes a una transición forzosa.
Este cambio de rumbo tiene un coste económico masivo. Los cálculos de Financial Times sugieren que los cambios en las estrategias de vehículos eléctricos, incluidos los lanzamientos de automóviles cancelados y los planes de inversión, le han costado a la industria automotriz mundial al menos 75.000 millones de dólares en el último año. La industria parece haber aceptado que el futuro inmediato no es exclusivamente eléctrico, sino que pasará por una convivencia prolongada entre los motores de combustión, los híbridos enchufables y la nueva tecnología de baterías.
Mercado español
No obstante, el mercado automovilístico español cerró el año 2025 con un hito histórico al superar por primera vez las 115.000 unidades de turismos 100% eléctricos matriculados, lo que representó un crecimiento del 75,7% respecto al ejercicio anterior. Este impulso permitió que los vehículos con enchufe, sumando eléctricos puros e híbridos enchufables, alcanzaran una cuota de mercado cercana al 20%, consolidando la recuperación de un sector que ya sobrepasa el millón de matriculaciones totales. Tesla se mantuvo a la cabeza con sus modelos estrella, aunque la irrupción de opciones más asequibles de marcas asiáticas.
La clave fundamental de este crecimiento récord reside en el canal de las empresas de alquiler, que se han convertido en el verdadero motor y pulmón del mercado eléctrico en España. La necesidad de renovar las flotas de rent-a-car para cumplir con las normativas de sostenibilidad y satisfacer la demanda de un turismo cada vez más concienciado ha provocado que estas compañías lideren las compras por volumen, sosteniendo las cifras generales de ventas.






























