
El 15% era en tiempos el límite máximo que podían subir o bajar los valores cotizados en la Bolsa española; un umbral al que salvo catástrofe (e incluso en jornadas realmente negras) solamente llegaban un puñado de valores, siempre los mismos. Eran los llamados chicharros, palabra un tanto en desuso que agrupaba a valores de pequeña capitalización y volatilidad muy elevada gracias a la actividad de inversores minoritarios que en la inestabilidad no veían riesgo, sino opciones de ganar dinero moviéndose más rápido que otros. Ese 15% de caída lo superó este lunes la empresa coreana SK Hynix, una de las mayores empresas de todo el planeta, con una capitalización de más de un billón de dólares. Esta valoración es fruto de su papel clave en el suministro de chips de memoria, un componente básico, y escaso, de los centros de datos. Aun después de la caída de ayer, sube el 180% solo en 2026.
La fiebre de la inteligencia artificial no se puede explicar sin el papel de los pequeños inversores, por más que los profesionales sean los primeros en plantear que se trata de una tecnología que marcará un antes y un después, de la que ningún inversor puede permitirse quedar al margen. Millones de pequeños inversores se han querido subir a la ola con nuevas y más herramientas. La fisionomía de los propios mercados no es la misma que antes: esta legión de inversores no diversifica, sino que fía su dinero a replicar unos índices cada vez más concentrados en unas pocas empresas. Al calor de esta nueva Bolsa han crecido multitud de vías para dar a estos inversores más rentabilidad y más riesgo.
La Bolsa coreana es el mejor ejemplo de estos excesos: en algunas jornadas el 84% de la operativa está dominada por dos empresas (Samsung y Hynix) y los fondos cotizados. Algunos de ellos operan apalancados, multiplicando el impacto de las entradas y salidas de dinero.
Que el dinero especulativo se obsesione con una tecnología transformadora no es extraño; lo raro sería lo contrario. La IA no será más o menos relevante porque los coreanos jueguen a la Bolsa como si fuera un rasca y gana; eso está por ver, y dependerá de otros factores. Pero a medida que crece la fiebre inversora por la tecnología aumenta la probabilidad, y la eventual magnitud, de que la realidad económica no se corresponda con las expectativas generadas. SK Hynix es un ejemplo de lo rápido que pueden cambiar las tornas en unos mercados sobrecalentados, sobre todo cuando al mando están pequeños inversores con operaciones apalancadas.































