Está la sombra del impacto, por el momento impredecible, de modelos de inteligencia artificial como el estadounidense Mythos. También el miedo a la vulnerabilidad por una dependencia excesiva de potencias como China para el aprovisionamiento básico de las industrias punteras. O la alta probabilidad de que un pirateo informático colapse un sector clave de la economía. Más que amenazas, son realidades que están obligando a Europa a avanzar, a pasos forzados, hacia una soberanía tecnológica que la haga menos susceptible a los bandazos geopolíticos y económicos globales. No será fácil: tal como advierte el informe Draghi para relanzar la economía europea, la UE sigue dependiendo estructuralmente de proveedores no comunitarios para más del 80% de sus productos digitales, servicios, infraestructuras y propiedad intelectual.

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