
Aykut acelera el paso para llegar al autobús, pero está demasiado lejos. El vehículo sale sin él y su familia desde la plaza de Drassanes de Barcelona rumbo a la terminal de cruceros del muelle. No le supone un gran problema: en apenas 15 minutos sale otro que recogerá al grupo que va formándose delante de la parada soportando un calor propio de agosto. Aykut, que vive en Turquía, ha llegado por la mañana a la capital catalana y sale esta misma tarde hacia otro puerto. “Hemos hecho lo que hace un turista: Las Ramblas, la Sagrada Familia, comer… Apenas hemos tenido tiempo para más. Ah, ¡y sangría!”, dice con una sonrisa. Ahora regresan al crucero, que durante siete días les da la oportunidad de ver varias ciudades del Mediterráneo.






























