El álbum del Mundial de Fútbol de Panini para este verano salió a la venta a finales de abril. Este año es más grande; tiene más páginas y más equipos. También es más caro. Ninguna de estas cosas impide que cientos de personas se reúnan un domingo de mayo en la plaza del Campillo del Mundo Nuevo de Madrid, día de Rastro, para intercambiar cromos.
Coleccionistas, abuelos y padres con hijos se afanan en conseguir a los jugadores de las selecciones de Cabo Verde, Australia, Túnez o Haití. Para muchas familias aficionadas al deporte, los cromos son una tradición y no quieren que pasen de moda.
Alejandro lleva un buen rato tachando números en un papel. Tiene 19 años y una misión: colocar los 65 cromos repetidos que le sobran. Ha venido acompañado por su tío, que espera pacientemente a su lado mientras él canta nombres de países y números de camiseta. “Me encanta venir los fines de semana, es un plan guay”, dice.
Cada sobre tiene siete cartas y cuesta 1,50 euros. El precio del sobre de Panini se ha incrementado en un 50% desde hace cuatro años. La caja estándar, que contiene 50 sobres, ha pasado de costar 50 euros a 75.
La empresa recuerda que los sobres del último Mundial contenían solo cinco cromos; ahora llevan dos más, por lo que, aseguran, el incremento del precio por cromo es ínfimo. Por otro lado, la colección es más larga y hará falta comprar más para completarla. En esta edición del torneo de la FIFA compiten 48 selecciones, más de lo habitual —que son 32 equipos—. Para terminar el cuaderno hacen falta 980 jugadores. “Son muchos, y es más caro, pero no me importa, mejor”, dice Alejandro.
José Antonio Ventanilla, madrileño de 65 años, empezó con las colecciones de La Familia Telerín y El Porqué de las Cosas, de Bimbo. Pasó poco después a los álbumes de fútbol. Los primeros que compró fueron el de LaLiga de la temporada de 1973 y el del Mundial de Alemania del 74. Se llevaba los cromos al colegio, como muchos de sus compañeros de clase. “Era habitual; la mayoría de chavales jugábamos al fútbol y queríamos tener los cromos de nuestros ídolos”, recuerda.
Para José Antonio, coleccionar tiene que ver con la nostalgia. Ha conservado todos esos álbumes antiguos y los mira de vez en cuando. “Como aficionado al fútbol no me gusta que haya más selecciones, y en cuanto a la colección, me molesta que cada vez sea más un negocio que una costumbre romántica”, apunta. Aun así, este año también quiere completarlo: “Voy a comprarlo por mi afición al fútbol, a los cromos, y para tener un recuerdo del Mundial cuando pase el tiempo”.
Justino y Javier atienden a los clientes que pasan por su puesto del Rastro, que está en mitad de la plaza. JFandCards tiene su sitio permanente en el mercadillo desde hace cuarenta años, y Javier lleva “casi desde que nació” ayudando a su padre con el negocio. “Llevamos en esto toda la vida, no nos podemos quejar”, dice. Este año tampoco.
Por el puesto de Javier pasan decenas de personas en cuestión de media hora. Tienen de todo, pero la mayoría persigue las cartas de Panini. “Es una locura, como una fiebre”, asegura. Llenar el álbum cuesta como mínimo 210 euros; eso es si todos los cromos tocan a la primera, algo prácticamente imposible. “Y creo que si no hubieran subido el precio estaríamos viendo un incremento de la compra mucho mayor”, critica Javier.

La demanda, de todas formas, no decae. En la web oficial de Panini todos los productos relacionados con este Mundial están agotados. “El sector de los cromos continúa sano, floreciente y fuerte”, asegura Lluís Torrent, director ejecutivo de Panini en España.
La compañía italiana vende cromos de esta edición del Mundial en 130 países. España ha estado históricamente entre los cinco mejores mercados de la empresa, y ahora se sitúa en el primer puesto del podio en número de ventas, explica el empresario. “Tenemos más de 61.000 puntos de venta. Hace casi treinta años, el canal principal era el quiosco, que por desgracia va desapareciendo. Los puntos de segunda fila —como supermercados o librerías especializadas— han ido ganando peso», dice.
La filial española obtuvo 4,82 millones de euros en beneficios en 2024, y registró algo más de 75 millones de euros en ventas ese mismo año, cifra que probablemente supere este ejercicio gracias a la celebración del Mundial.
Torrent aclara que parte del incremento del precio responde a que un mayor número de participantes conlleva un aumento de los costes de derechos de imagen y edición. “Es cierto que el sobre está a 1,50 euros, pero es que antes venía con cinco cromos y ahora con siete. No es un precio dramático, habiendo transcurrido cuatro años”, alega.
El director español de Panini insiste en que parte de la belleza de coleccionar es la experiencia compartida, algo que, asegura, también es extrapolable al gasto: “Son 210 euros, pero no es una compra de una sola vez ni es un gasto individual. Rellenar un álbum de cromos es un proceso colaborativo, una tradición que pasa de abuelos a padres, a hijos. Cada familiar compra algo, se reparten los cromos, se intercambian. Es un gasto por unidad familiar a lo largo de un par de meses”.
Jorge saca el taco de cromos del bolsillo y busca con la mirada a alguien que se haya quedado sin corrillo para intercambiar en la plaza del Campillo. Tiene que hacerse con 98 jugadores que no encuentra. El joven, de 34 años, solo colecciona los álbumes de los mundiales. “Lo hago desde hace cuatro años, desde que tengo un trabajo y puedo gastar en lo que quiera”, se ríe. Viene todos los domingos. “Me encanta hacer algo físico, me recuerda al colegio y me encanta revivir esa motivación”, cuenta.
José Antonio también lo echa de menos. Sigue coleccionando junto a dos de sus amigos, pero lo que no consiguen juntos lo buscan por internet. “Echo de menos completar el álbum contactando con más gente, pero ahora las redes han arrasado con todo”, lamenta. “Hay mucho mercado secundario online”, añade.
En el puesto de JFandCards, sus responsables explican también que el perfil del comprador ha evolucionado con el paso de los años. “No viene tanto coleccionista puro, muchos son niños con ansias por rellenar el álbum; entre la colección regular y los cromos especiales, hay padres que pueden llegar a dejarse 500 euros en rellenar el álbum del Mundial”, cuenta Javier.
Alejandro está contento. “Hoy ha sido un día bueno”, dice, sonriendo. Ha conseguido intercambiar más de 30 cromos en una mañana. “Ya solo me quedan 20, pero volveré el finde que viene porque quiero terminarlo”. José Antonio también espera poder hacerlo a tiempo: “Coleccionar es memoria del fútbol”.
“Es muy satisfactorio ver que se mantiene viva la llama desde hace tantos años”, expresa Torrent. “Ha habido muchos cambios en el mercado del entretenimiento, y me pone contento ver que el cromo sigue en pole position”.































