
La publicidad exterior digital se ha convertido en un elemento cotidiano del paisaje urbano. Algo que parecía inherente o exclusivo de Times Square (Nueva York), o Shinjuku (Tokio), en el siglo XXI se impone en las ciudades de medio mundo. Grandes pantallas LED, tótems interactivos y soportes de alto impacto dominan ya plazas, avenidas y medios de transporte en muchas capitales europeas. Su proliferación ha permitido multiplicar el alcance de las marcas y transformar la forma en la que estas se relacionan con los ciudadanos. Nunca antes habían ido tan de la mano tecnología y comunicación. Sin embargo, este crecimiento ha traído consigo un debate cada vez más relevante: el consumo energético asociado a este tipo de formatos, activos durante muchas horas todos los días.






























