España cerró 2025 con el segundo mayor déficit comercial de bienes de toda la Unión Europea: 60.319 millones de euros, solo por detrás de Francia, según datos publicados esta semana por Eurostat. En otro momento, una cifra así habría encendido todas las alarmas sobre la solidez de la economía nacional. Pero el contexto actual obliga a una lectura bastante menos dramática, según los economistas. El desequilibrio no responde a un desplome industrial ni a una pérdida acelerada de competitividad exterior, sino, en buena medida, al hecho de que España crece más que casi todos sus socios europeos y mantiene un nivel de consumo e inversión que el resto ha ido aminorando.































