Examen de selectividad en la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Complutense en Madrid, en 2025.

En el IES Val Miñor, en Nigrán (Pontevedra), esta semana se parece poco al final de curso que recuerdan muchos universitarios que hicieron la selectividad a finales del siglo XX. África Álvarez, alumna de segundo de Bachillerato, encadena en pocos días seis exámenes de 90 minutos diseñados para reproducir el formato de la Prueba de Acceso a la Universidad (PAU). “No tengo la sensación de ‘limpiar’ contenido al aprobar. Siempre tengo en la cabeza que volveré a examinarme de lo mismo”, explica. Los simulacros sirven para trabajar algo más que los contenidos: la gestión simultánea de varias materias, el ritmo del examen y la familiaridad con un modelo que lleva meses repitiéndose. “En realidad, todo segundo de Bachillerato está totalmente enfocado a la preparación de las pruebas”, resume.

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